Pedro Spagnoli (Fígaro), Joyce DiDonato (Rosina), Antonio Pappano (director), Alejandro Corbelli (Don Basilio) y Juan Diego Flórez (Conde de Almaviva). Royal Opera House de Londres, 7 de julio de 2009.
Su cara lo dice todo. DiDonato, Rosina, con muleta, durante la primera función de 'El barbero de Sevilla' en el Covent Garden de Londres, el pasado día 4.
Flórez, que asumió con gran éxito el rol de Conde de Almaviva, y DiDonato, tras el accidentado 'Barbero'.
DiDonato tropezó poco después de cantar Una voce poco fa, en el primer acto. Se anunció que se había torcido el tobillo, y ella siguió cantando, apoyada en una muleta, a la que ató una flor.
DiDonato, con Alessandro Corbelli (Doctor Bartolo) y Ferruccio Furlanetto (Don Basilio).
Finalizada la función, el diagnóstico del doctor, que la esperaba en el camerino, no dejó dudas: definitivamente, peroné fracturado, pierna enyesada.
Que a nadie se le ocurra decirme “que te rompas una pierna”, comentaba la propia mezzosoprano en su blog.
Una pierna rota no es nada… DiDonato interpretará esta noche en el Covent Garden una Rosina que pasará a la historia. ¿Saben de alguna cantante que haya interpretado este personaje en silla de ruedas?
¿Beaumarchais pensó alguna vez en una Rosina con la pierna quebrada? ¿Y por qué no?
“I’ve been to Seville and have seen those cobblestone streets!!” (“¡¡Yo he estado en Sevilla y he visto las calles adoquinadas!!), reflexiona DiDonato, pizpireta. Por las que tropezó Rosina…
“Rossini, Mozart y Händel han sido las armas idóneas para que Joyce Didonato (Kansas, 1969) rindiera en pocos años las grandes plazas operísticas mundiales, blandiendo su impresionante coloratura de mezzo soprano ligera. En su última visita a Madrid, nos comentó los preparativos del recital que le ha encargado el Festival de Pésaro para homenajear a la gran María Malibrán en el segundo centenario de su nacimiento”.
—¿Cómo recuerda su primera vez en el Festival de Pésaro, la meca de los cantantes rossinianos?
—Fue muy sorprendente y emocionante, especialmente para mí que no soy europea. Cuando decidí dedicarme a la ópera ya estaba en la universidad. Empecé con Rossini, y todos los intérpretes de sus discos que yo compraba entonces (Raúl Giménez, Alessandro Corbelli, Enzo Dara…) cantaron en Pésaro. Todo el mundo quiere volver allí porque, por un lado, te lo puedes tomar como unas vacaciones —se celebra siempre durante agosto—, pero también es un sitio ideal para crecer como artista, porque la gente que acude sabe de Rossini y está pendiente de todo el mundo. Aquella primera vez interpreté a Adina, un personaje que poca gente conocía, luego no podía haber muchas comparaciones. La siguiente, hice de Rosina —de El barbero de Sevilla, la ópera más conocida del autor—, así que todo fue muy diferente.
—Al público europeo le pueden más las comparaciones que al de su país, ¿no es así?
—Estoy de acuerdo, aunque hay excepciones. En cada gran teatro de EE UU hay gente que sabe mucho. También En Europa hay muchos que van a buscar entretenimiento a la ópera, pero claro, aquí hay un mayor conocimiento de la tradición. Para que te aplaudan los europeos al cantar Rosina debes tener un nivel mucho mayor. Pero, por otro lado, a veces te sientes en competición con los fantasmas.