Archive for the ‘Julián Gayarre’ Category

¿Aparecen las grabaciones de Gayarre?

Viernes, enero 14th, 2011

Los cilindros de cera que grabó Julián Gayarre, cuya existencia los expertos en ópera siempre pusieron en entredicho, han salido a la luz. Se sospecha —no está aún verificado— que el baúl pertenecía al tenor. Un baúl de viaje de mediados del siglo XIX que ha sobrevivido milagrosamente al paso del tiempo.

Aseguran los peritos en criptografía que sobre la tapa del baúl aún puede verse, con lupa, dos iniciales grabadas con clavos tímidamente dorados: J.G. La intrépida reportera que esto suscribe confirma, sin lupa, que, efectivamente, así es; si bien, en su humilde opinión, la G bien pudiera ser una C.

El baúl apareció el pasado 25 de diciembre (sin el fun) en una chamarilería de la plaza de Cascorro, en la castiza calle de Ribera de Curtidores, más conocida por El Rastro. Dos turistas japoneses inspeccionaban el baúl, con intención de comprarlo. El dueño de la tienda les apremió:

—¿Lo quieren o no? —¿O se lo van a llevar puesto?…

(más…)

El misterio del testamento de Gayarre (II)

Viernes, junio 12th, 2009
Julián Gayarre como Vasco de Gama en 'La Africana'.

Gayarre, como Vasco de Gama, en 'La Africana'.

La segunda parte del misterio;-) Aquí, la primera.

Julián Gayarre redacta su testamento, de su puño y letra,  el 23 de agosto de 1883. Si nos atenemos a esta fecha, podemos deducir que la niña María Mantilla, hija natural del tenor, tenía en enero de 1890, cuando muere Gayarre, al menos siete años de edad.

Si nos fijamos en la fecha en que fallece el padre de Gayarre, 27 de agosto de 1882, observamos una coincidencia que llama la atención: el tenor roncalés redacta su testamento justo un año y cuatro días después de la muerte de don Mariano Gayarre Mainz.

En el verano de de 1883, Julián Gayarre tenía 39 años. Recordemos que sus dos  hermanos, Ramón y Victoriano, no llegaron a cumplir los treinta y cinco. El presentimiento de que, al igual que sus hermanos, también él fallecería joven debió de influir poderosamente en la decisión de redactar su testamento. Es probable que también fuera decisivo el hecho de que, al morir su padre, a los 80 años de edad, él era el único que aún vivía del núcleo familiar primero: sus padres, sus hermanos.

El testamento fue abierto el 11 de enero de 1890, nueve días después del fallecimiento del tenor. ¿Qué trascendió a la prensa sobre su contenido?

La Vanguardia, 13 de enero de 1890

Servicio Telegráfico

Telegramas de la Prensa Asociada

Bilbao 11, a las 9’15 noche.—Hoy se ha abierto el testamento de Gayarre en presencia del juez, de los testigos y del notario. Dicho testamento está otorgado en 23 de agosto de 1883 y escrito de la letra de Gayarre.

Al otorgar su última voluntad, dispuso que se le enterrara en el Roncal [sic], y que sus funerales fuesen modestos, dejando algunos legados a todos sus primos carnales.

La Vanguaridia, 13 de enero de 1890.

En el testamento hay una cláusula reservada que se cree se refiere a su hija.

Se instituyen herederos a don Valentín y a doña Fermina Gayarre, sus hijos , y a su hermano don Ramón, y nombra albaceas testamentarios a los señores Enciso y Garjón.

Detectamos un par de incorrecciones  (cosa de los telegramas y las prisas, probablemente) en la reseña anterior. Valentín y Fermina Gayarre Arregui eran  hijos de su hermano  Ramón y, por tanto, sobrinos suyos (tal como está redactado, parece que fueran hijos del propio tenor).  Su hermano Ramón, en 1890,  había ya fallecido (muere en 1871).

Al día siguiente, el mismo diario, en la edición de la tarde, ofrece más detallada información sobre el legado de Julián Gayarre:

La Vanguardia, 14 de enero de 1890

El testamento de Gayarre

Como ya han dicho nuestros telegramas es ya conocido en casi todas sus partes.

A las once de la mañana del sábado último, con las formalidades de la ley y ante el juez, notario, testigos y parientes, se abrió el testamento.

Aparece otorgado el 23 de agosto de 1883  y está escrito de puño y letra de Gayarre. Dispónese en él, como así se ha verificado, que se le hagan funerales modestísimos y se le entierre en el Roncal [sic].

A todos sus primos carnales deja diferentes legados.

Contiene también una cláusula reservada y de carácter particular que se cree debe referirse a la hija que tiene reconocida.

Instituye herederos a Valentín y Fermina Gayarre, hijos de su difunto hermano Ramón, y nombra albaceas testamentarios con facultades a don Julio Enciso y a don Gregorio Garjón.

Legados en metálico:

A su primo Gregorio Garjón, 16.000 duros; a Pedro María Garjón, 8.000; a Eugenio Garjón, 8.000; a los hermanos Cristina, María, Vicenta y Víctor (ignórase apellido), 5.000 duros a cada uno; a la niña María Mantilla, 25.000 y a su cuñada Gabriela Arregui, 8.700.

Será administrador de todos estos bienes don Gregorio Garjón, con el sueldo de 1.000 duros anuales.

Su sobrino Mariano entregará 6.000 duros en metálico a Filomena, en compensación de la casa solariega de Roncal a él legada.

Destina también otras mandas para el cura de Roncal y familias pobres.

La Vanguardia, 14 de enero de 1890 (I).La Vanguardia, 14 de enero de 1890 (2).

Por último, dispone el testamento que se considere nulo y no se satisfaga al heredero o legatario que se oponga a alguna cláusula del testamento o trate de formalizar oposición o de recurrir a los tribunales.

También aquí se colaron, no sabemos si por su cuenta y riesgo, algunas  imprecisiones.

Hasta donde se sabe, no es cierto que Julián Gayarre hubiera reconocido legalmente a la niña María Mantilla como su hija.

A quien Gayarre transmitió en herencia la casa solariega de Roncal fue a su sobrino Valentín  (Mariano era el nombre del padre del tenor). Y a quien Valentín debió entregar 6.000 duros en compensación  fue a su hermana Fermina (salvo que ambos nombres empiezan por “F”, nada tiene que ver el nombre de Filomena con el de Fermina).

Julián Gayarre  en el rol de Fernando, 'La favorita'.

Julián Gayarre en el rol más emblemático de su carrera, el Fernando de 'La favorita'.

En realidad, quien residía en 1890 en la casa familiar del barrio de Arana de Roncal, que el tenor mandó construir en 1879 sobre el mismo solar de su casa natal, era Gabriela Arregui, hermana política del tenor y madre de sus sobrinos Fermina y Valentín.

Ambos tenían, cuando fallece Gayarre, 21 y 20 años, respectivamente; es de suponer que aún pasaban al menos largas temporadas con su madre.

Más tarde, cuando Fermina contrae matrimonio,  Gabriela se traslada a vivir con ella a Madrid, donde fallece en 1923 con más de 80 años.

Observamos, pues, que de los legados en metálico, la niña María Mantilla es quien mayor suma percibe: 25.000 duros. La consignación de su nombre en el testamento de Gayarre constituye, hasta la fecha,  la única prueba documental de la que se dedujo  en su momento que  María era hija natural del tenor.

¿Era una cantidad considerable, en 1890, hace casi 120 años, los 25.000 duros que el tenor legó a su hija?

Marta Herrero Subirana, bisnieta de Ramón Gayarre, el hermano mayor del tenor, se remite a la biografía de Máximo de Arredondo cuando escribe en su libro sobre Gayarre (la edición que consultamos es de mayo de 2003):

“Según este autor, en el testamento ordena que su cuerpo sea enterrado en Roncal, nombra herederos a sus dos sobrinos, mi abuela Fermina y su hermano Valentín; y deja numerosos legados, entre ellos 25.000 duros a la niña María Mantilla, es decir, unos setenta millones de pesetas actuales (421.000 €)”.

Como veníamos diciendo: obras son amores.

Julián Gayarre en Milán, cuando ya era considerado como el mejor tenor del mundo.

Gayarre en Milán, en la época en que triunfa en la Scala, donde debuta el 2 de enero de 1876. Le faltaban por entonces siete días para cumplir los 32 años. Justo catorce años después, el 2 de enero de 1890, fallece en Madrid, a los 46 años.

El testamento fue redactado en Bilbao, en la casa de su amigo y albacea testamentario Julio Enciso, y registrado en la notaría de don Blas de Onzoño de esa misma ciudad, según desveló el propio Enciso en las Memorias de Julián Gayarre.

¿Se sabe hoy en día con certeza si  la misteriosa cláusula reservada del testamento de Gayarre guardaba, efectivamente, algún tipo de relación con la niña María Mantilla?

¿Se detallaba además en el testamento a cuánto ascendía  el patrimonio de Gayarre el 23 de agosto de 1883?

Al misterio de la famosa cláusula  se suma el misterio del no menos famoso testamento, documento notarial que desapareció como por ensalmo hace, probablemente, casi 120 años:  “Hasta la fecha el testamento no ha aparecido ni consta en los archivos notariales de Bilbao”, asegura Oscar Muñoz en su libro, quien se pregunta:

¿Es probable que Gayarre pidiese además a su amigo que se deshiciera del testamento y así proteger su vida más íntima y la de personas queridas como por ejemplo su hija o la madre de ésta? ¿Fue el propio Enciso quien falseó la fecha y la notaría en que fue entregado el documento?

Es probable.  La fidelidad a toda prueba que demostró Enciso hacia Gayarre y su empeño en salvaguardar de toda mirada indiscreta la vida privada del tenor avalan sólidamente esta teoría mientras no se demuestre documentalmente lo contrario… ¿Aparecerá algún día el testamento de Julián Gayarre? Probablemente, no. Pero quién sabe.

Gayarre

“La fortuna de Gayarre  se calculó en unos doce millones de reales”, asegura Muñoz, que coincide en esta apreciación con Arredondo, quien precisa que “el tenor ha dejado una herencia cuantiosísima, que algunos hacen ascender a doce millones de reales”. “Es decir, el equivalente a mil setecientos millones de pesetas (unos 10 millones de €)”, explica Marta Herrero Subirana, quien añade:

Un simple cálculo matemático nos permite ver que “esta cuantiosísima fortuna” equivaldría a sus honorarios de tres o cuatro años. Habida cuenta que Julián llevó durante toda su carrera una vida austera, sin despilfarros, y que su primo Gregorio fue un muy buen gestor de su patrimonio, podemos deducir algo que él siempre quiso tener oculto: su faceta de mecenas, de hombre generoso, generosidad que se concretó no solamente en el frontón o en las escuelas de Roncal. Generosidad que supo continuar su sobrino Valentín, que sin duda cumplió con las instrucciones recibidas de su tío.

¿Qué se puede añadir? Que  obras son amores también.  ¡Bravo, Gayarre!

El misterio del testamento de Gayarre (I)

El misterio del testamento de Gayarre (I)

Martes, junio 9th, 2009

Julián Gayarre

Indagando en la hemeroteca de La Vanguardia, se encuentran cosas tan curiosas como lo que dijo la prensa en 1890 sobre el testamento de Julián Gayarre.

Gayarre falleció en Madrid, el 2 de enero de 1890. Casi seis años y medio antes, el 23 de agosto de 1883, ya había dejado por escrito el célebre tenor navarro a quiénes nombraba sus herederos universales y a quiénes y en qué cuantía legaba parte de  fortuna.

Entre los legados en metálico que donó el tenor figura el nombre de una niña quien, con diferencia, resultó ser la mayor beneficiada. Ni siquiera en su testamento quiso confirmar Gayarre el parentesco que le unía a ella, y se limita, sin más, a consignar su nombre: “La niña María Mantilla”.

No obstante, existía en el testamento una cláusula reservada, que lógicamente no se hizo pública. La prensa de aquel entonces dedujo –concedamos que con más datos e información de los que contamos hoy en día– que aquella cláusula privada estaba relacionada con su hija.

Por lo que se sabe –muy poco, a ciencia cierta–, María Montilla era hija de la soprano del mismo nombre y del tenor Julián Gayarre. Gayarre no le dio su apellido, pero, obras son amores; es evidente que velaba por ella.

María Mantilla

La soprano María Mantilla caracterizada, probablemente, de Anna Bolena.

Pero ¿quién fue la soprano María Mantilla? No existe mucha información sobre su trayectoria artística (nada vemos en la Red), pero sí se sabe, por ejemplo, que cantó en el Teatro Real en la temporada 1872-1873.

Debutó con Anna Bolena el 10 de octubre de 1872, y continúo con Gemma di Vergy, ambas obras de Donizetti y ambas estreno en el Real. Intervino después en Los Hugonotes, Il trovatore y Don Giovanni, junto a Roberto Stagno.

En 1873 canta el Moisés de Rossini y la Norma de Bellini. Su última intervención en el coliseo madrileño fue en un concierto sacro: el oratorio de La Creación de Haydn en marzo de ese mismo año.

Gayarre debutaría en el Teatro Real casi cinco años después que Mantilla, el 4 de octubre de 1877, con La favorita.

¿Cantó María Mantilla en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona? Parece ser que sí, a juzgar por lo que en la hemeroteca hemos  hallado:

“La empresa del Gran teatro del Liceo ha contratado, en sustitución de la señora Pierson, a la distinguida prima donna María Mantilla”, publican en La Vanguardia el 29 de abril de 1885.

(La Pierson no fue muy bien recibida en el Liceo y sólo cantó  una sola vez el Don Giovanni, precisaron en el Diario de Barcelona).

En la edición del día siguiente, 30 de abril, se anuncia que “La señorita Mantilla, deseando contribuir al mayor brillo de la función ha accedido a debutar con la ópera Amleto y encargarse de la parte de ‘Reina’ en obsequio del beneficiado”. El beneficiado era nada más y nada menos que Victor Maurel.

Y el 8 de mayo de ese mismo año, 1885, se comunica que asumirá el rol de Leonora en Trovador:

Con la ópera ‘II trovatore’ debutará mañana domingo en el Gran teatro el tenor don Andrés Antón, que viene precedido de gran fama por los ruidosos éxitos que ha obtenido recientemente en el teatro Real de Madrid. También debutará en dicha ópera el barítono señor Rubirato, habiéndose encargado de la parte de Azucena la distinguida artista señora Pasqua y de la de Leonor la señorita Mantilla.

Por aquellos años, los cronistas y/o críticos de prensa del teatro lírico, y en general de cualquier otro espectáculo, las más de las veces se limitaban a anunciar qué se cantará, dónde se cantará y quiénes cantarán, y generalmente sólo hacían referencia a las figuras principales. Pero todo apunta a que la soprano María Mantilla cantó en  el Liceo en la primavera de 1885 (lo verificaremos con más tiempo otro día).

¿Qué más se sabe sobre esta soprano?

María Mantilla

La tiple María Mantilla.

El investigador de Gayarre Oscar Muñoz en su libro Julián Gayarre. Como el de casa ninguno escribe sobre María Mantilla lo siguiente:

“Gayarre no se resistió a los caprichos de Cupido y en más de una ocasión se dejó caer en los brazos del amor. Quizás la historia de amor que más huella le dejó fue la que mantuvo con la tiple María Mantilla. Fruto de esta relación nació una niña a la que dieron el nombre de María y el apellido materno llamándose entonces como su madre.

Poco o casi nada se sabe de esta niña.

Aunque se conoce muy poco del testamento de Gayarre, por lo que se publicó en la prensa de la época se sabe que el tenor otorgó “a la niña María Mantilla 25.000 duros”. Toda una fortuna para la época. Años más tarde la hija del tenor adoptó el apellido paterno, pasándose a llamar María Gayarre”. 1

1.- Testimonio de Dña. Alicia López de Garretxena, a quien se lo contó un matrimonio que conoció a la hija de Gayarre.

Cuando en 1882, Julián Gayarre da su palabra al empresario don Luciano de Urizar de que se presentará en Bilbao, organiza el tenor una compañía de cantantes españoles, con el objetivo de cantar en la capital vizcaína y quizás en alguna otra ciudad española. Entre el elenco de aquella compañía, se encontraba la soprano María Mantilla.

Con estas palabras lo cuenta Florentino Hernández Girbal en su libro Julián Gayarre. El tenor de la voz de ángel:

En seguida Julián empezó a disponer la temporada que un mes más tarde [hasta últimos de marzo de 1882, Gayarre se encuentra en Roma] habría de iniciar en Bilbao. Organizador y empresario de la compañía lo era el maestro José Lago, un gallego tan diligente como astuto y tan capaz como emprendedor. […] En poco tiempo le unió al tenor una gran amistad y fueron muchos los negocios teatrales que hicieron juntos.

Tales gestiones y la presencia de una agente americano que deseaba contratar a Gayarre hicieron que por el ambiente teatral corriese el rumor de que el roncalés formaba compañía con cantantes españoles para emprender una jira [sic] artística por los países americanos.

Julián hubo de desmentirlo, aunque la oferta, con respecto a él, era cierta, lo mismo que la formación de la compañía, pero ésta no tenía otros propósitos que actuar en la capital de Vizcaya y, si acaso, en alguna otra provincia española. Tratándose de una empresa en la que él tenía parte, según había acordado con don Luciano de Urizar, Julián procuró rodearse de buenos amigos, que fueran a la vez artistas excelentes.

Así aseguróse la participación de la soprano María Mantilla, a la que acompañaba por entonces con muy expresiva asiduidad; de José Kaschmann, una de las más bellas voces de baritono que han existido, compañero suyo en muchas noches de triunfo; del bajo Pedro Meroles [muy probablemente se refiere al bajo Pablo Meroles], muy apreciado por todos los públicos, y del barítono Eugenio Labán, que llegó a ser uno de sus mejores amigos”.

Se da por cierto, pues, que la soprano María Mantilla era la madre de la hija natural de Julián Gayarre. Sin embargo, Marta Herrero Subirana, descendiente del tenor, y Francisco Moreno Bardají,  su esposo, autores del libro Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal, editado por la Fundación Gayarre,  ponen en duda ciertos aspectos de la vida privada del tenor roncalés, y así lo adelantan  en la Presentación:

En algunos puntos de la vida de Gayarre nos hemos apartado del tratamiento que les han dado en esas biografías [se refieren a las escritas por Máximo de Arredondo, Anselmo González, Hernández Girbal, Oscar Muñoz, citados expresamente]; preferimos ofrecer en este libro la versión que de estos acontecimientos se ha mantenido  en el seno de nuestra familia; incluso en algún tema importante como la identidad de la madre de María, la hija natural de Gayarre.

Y así, en el capítulo III.III ‘Las mujeres y los amigos’, Marta Herrero Subirana, nieta de Fermina Gayarre e hija esta última de Ramón, uno de los dos hermanos del tenor, especifica:

María Mantilla

María Mantilla.

Lógicamente la discreción que Gayarre exigió a su entorno en estos temas la llevó al máximo cuando las relaciones amorosas dieron su fruto lógico.

De estas relaciones la más conocida es la que mantuvo con María Mantilla, importante soprano española con la que compartió tardes de triunfo en Madrid y que actúo con él en Bilbao en 1882, y “a la que acompañaba con muy expresiva asiduidad”.

La existencia de la hija de ambos, María, fue admitida por Julián al legarla en su testamento la cantidad de 125.000 pesetas.

Esta niña, a la que Julián no reconoció legalmente, cambió posteriormente su apellido materno por el paterno de Gayarre, aunque no lo transmitió por morir sin descendencia de su matrimonio.

Todos los biógrafos aceptan que la madre de la niña era la soprano María Mantilla; pero en casa, las pocas veces que oí comentar el tema, el nombre que se citaba era el de Teresa; quizá la niña se llamaba Teresa en lugar de María; o quizá la madre era Teresa, una hermana de María que daba conciertos de arpa.

Parece que la niña María o Teresa no fue el único fruto de la relaciones amorosas que mantuvo Julián. Aunque también es lógico que quisieran atribuirle paternidades diversas. En la investigación que Oscar Muñoz, su más reciente historiador, está realizando sobre la correspondencia inédita de Julián aparecen cartas firmadas por una Lola, que trata a Julián con mucho cariño… y le dice que su hijo le llama “papá”.

¿Se llamaba, pues, la niña María? ¿Se llamaba Teresa? Es extraño que el propio tenor confundiera el nombre de su hija en su testamento. ¿Era hija de la soprano María Mantilla o de su hermana Teresa? ¿Se llamó quizás María Teresa y fue conocida por ambos nombres?  Recordemos que María era también el primer nombre de la madre de Gayarre, la devoción que siempre sintió por ella el tenor  y la tradición secular de imponer, generación tras generación,  los nombres de los familiares más próximos, especialmente el  de los abuelos.

¿Podría haber adoptado  la niña María Mantilla el apellido Gayarre, o cambiar el apellido Mantilla por el de Gayarre, sin que su padre, que ya no vivía, la hubiera reconocido legalmente como su hija?  ¿Podría haber transmitido su apellido si éste no le pertenecía legalmente? ¿Es posible que en aquella cláusula privada del testamento, Gayarre reconociera postúmamente su paternidad y que ésta fuera la razón de que años más tarde María Mantilla pasara a llamarse María Gayarre?

Julio Enciso, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

Julio Enciso, amigo, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

Demasiadas incógnitas después de casi 120 años de la muerte de Gayarre. Y en realidad no importan. Lo que sí parece evidente es que Gayarre se preocupó por que no se supiera públicamente  y  con absoluta certeza que la niña María Mantilla era hija suya.

Sus familiares respetaron a rajatabla sus deseos, incluso después del fallecimiento del tenor. También, y especialmente, Julio Enciso, su mejor amigo, casi un hermano, y autor de las Memorias de Gayarre:

Las tachaduras que Gayarre realizó en las Memorias son flagrantes; por ejemplo, al relatar Enciso las aventuras amorosas que Julián tuvo en San Petersburgo, escribe: “en cambio, abundaron las grandes aventuras, y allá va una”;  punto y aparte. “Desde aquella época solía recibir siempre Gayarre en determinado día del año una flor dentro de un sobre…”. Al buen Enciso se le olvidó corregir la redacción después de que el original hubiera sido mutilado por el protagonista de la aventura”. [Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal]

Quizás al buen Enciso no se le olvidó. Quizás fue su forma de dejar constancia, sin dejar de ser leal, de que le hubiera gustado contar más cosas de la vida privada del tenor (es obvio: de no ser así, Gayarre no hubiera tachado párrafos enteros del manuscrito original), pero que no le dejaron. Que el propio Gayarre no se lo permitió.

Por si quedara alguna duda de la férrea intención del tenor  de desvelar lo menos posible sobre sus historias de amor o íntima amistad con el género femenino, recordemos que Gayarre encargó a Enciso que cuando él falleciera “destruyese todas las cartas con firma de mujer existentes en la casa de Roncal, encargo que Enciso llevó a cabo con la destrucción de más de trescientas cartas”. [Julián Gayarre. Como el de casa ninguno]

De nada sirve lamentarse del gran valor histórico y documental que sin duda se perdió para siempre entre  aquellas cartas.  Así lo decidió el tenor. Y así lo asumió Enciso. Tempus fugit…

Sebastián Julián Gayarre Garjón nace en Roncal el 9 de enero de 1844. Era hijo de Mariano Gayarre Mainz y de María Ramona Garjón Jandúa. Sus dos hermanos, Ramón y Victoriano, tenían 5 y 3 años, respectivamente, cuando nace el benjamín de la familia, Sebastián Julián. Recibe el primer nombre  por la devoción que María Ramona sentía por este santo; y el segundo, por el santo del día en que nació,  9 de enero, San Julián. Sus padres tenían 43 y 41 años, respectivamente, cuando nace el tenor.

Gayarre recibe la noticia del fallecimiento de su madre en Varese, el 20 de septiembre de 1869, justo en los días en que por primera vez canta en Italia (debutó con I vespri siciliani, de Verdi). De todos es conocido cómo recibió la triste noticia el tenor y cómo el sentimiento y el dolor con que cantó Una furtiva lacrima le catapultó a la fama.

Su hermano Ramón estaba casado con Gabriela Arregui. Del matrimonio nacieron dos hijos,  Fermina, en 1869;  y Valentín, en 1870. Ramón fallece en el verano de 1871, a los 32 años, víctima de la tisis. Por aquellos días firma Gayarre su primer contrato, con Baldini, el empresario que le dio su primera oportunidad en Varese.

Su hermano Victoriano también fallece joven,   a los 34 años, el 18 de octubre de 1875. Estaba soltero y también murió a causa de la tuberculosis.   A Gayarre le contratan por esas fechas para cantar por primera vez en la Scala.

Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María.egorio y Pedro María.

Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María Garjón.

El tenor roncalés asociaba la coincidencia entre la pérdida  de sus seres  queridos y algunos de los éxitos  clave en su carrera con la idea de que sus mejores triunfos artísticos se los estaba cobrando la vida con la muerte de aquellos a quienes más quería.  Este presentimiento, sumado a su  carácter,  de natural melancólico,   se acentúa  aún más cuando fallece su padre, don Mariano, el 27 de agosto de 1882, en Roncal.

¿Ves estas tierras? Pues ahí venía yo de niño a trabajar con mi padre y mis hermanos. Mi madre nos traía un puchero de habas y un trozo de pan que constituía nuestra comida. Entonces era pobre… hoy en cambio soy rico, millonario, pero ¿dónde están mis seres queridos? Cambiaría todo ahora mismo: mi dinero, mi fama, todo por verme de nuevo con ellos como entonces… como un humilde campesino. [Memorias de Julián Gayarre (1844-1890)]

El misterio del testamento de Gayarre (II)

CCartel original de la película 'Gayarre', protagonizada por Alfredo Kraus.

Una vergine, un’ angel di Dio, por Alfredo Kraus. Del film ‘Gayarre’, 1958.

Julián Gayarre, el tenor de la voz de ángel (II)

Jueves, mayo 28th, 2009

GayarreGayarre Continuamos con la segunda parte del artículo publicado con motivo del Centenario de la presentación de Gayarre en Bilbao (aquí, la primera). Gracias, Tonio.

  • Antón Fontán
  • “Y vayamos al último de los tres testimonios que enunciamos, Caruso, el insigne Caruso, cuya vida y muerte presenta tantas semejanzas con las de Gayarre. En una entrevista aparecida en un rotativo de Nueva York, se expresaba así el partenopeo:

    “Yo por aquel entonces (1888) tenía pocos años (15, exactamente) y poquísimas liras…, pero cuantas noches podía trepaba al paraíso del San Carlos (de Nápoles) para escuchar embelesado a los grandes cantantes de entonces. De Stagno tengo todavía en el oído y en los ojos el ‘desafío’ de Los Hugonotes y el último ‘largo’ de El barbero de Sevilla; de Masini, el dúo con Gilda del Rigoletto y su famosísimo cuarto acto de Los Hugonotes; de Gayarre, el grito angustioso ‘Ah, madre mía! de Lucrezia Borgia y el ‘ataque’ de su aparición en La Africana: ‘O Paradiso!… Per Bacco!’. ¡Aquello era un paraíso de veras. ¡Qué grandes artistas Qué portentosos artistas!”.

    A estas descripciones se podrían añadir obras de críticos, compositores, etc. , sin embargo, creemos que con los testimonios anteriores es suficiente.

    Teniendo, pues, en cuenta los testimonios de sus contemporáneos y compañeros y su repertorio, podemos deducir que el estilo de Gayarre fue eminentemente melódico, tanto en su fase de blando lirismo como en lo dramático. Su voz era homogénea en todos los registros, alcanzando en el agudo hasta el re bemol, y con un timbre dulce y flexible que le permitía ‘filar’ con la máxima perfección.

    Gayarre

    Habrá habido cantantes de voz más extensa que la de Gayarre, incluso algunos cuyo órgano vocal fuera más robusto y sonoro, sin embargo, lo que no habrá habido en la historia de la música lírica es una voz tan bella, tan armoniosa, con tantos matices de suavidad, en una palabra, tan angelical o angélica. Estos son los calificativos que utilizaban con más frecuencia los contemporáneos cuando hablan de su voz. Una voz única, o el Tenor de La Voz de Ángel.

    Finalmente, y como la ABAO trata con este homenaje a Gayarre de conmemorar el centenario de su debut en Bilbao, vamos a destacar tres aspectos del tenor que nos demuestran su vasquismo de ley y su amor a Bilbao.

    La primera de estas manifestaciones es la que hace del tenor Gayarre y del Euskera su compatriota Isidoro Fagoaga en el libro Retablo Vasco.

    GayarreGayarre“A pesar de su vida andariega, o acaso por esto mismo, Julián Gayarre conservó siempre un encendido recuerdo por las cosas del terruño y en modo especial por su lengua y sus canciones. Era notoria su predilección por las composiciones de Iparraguirre y, entre estas, por el ‘Guernikako arbola’.

    Puede asegurarse que cuantas veces se celebraba una función en su honor, encontraba medio para incluir, en un intervalo o al final de la velada, el himno del bardo vasco. He aquí, referida por el cronista del diario madrileño “Iberia”, la síntesis de una función en el Teatro Real, en marzo de 1886:

    “Gayarre se despidió del público de la Corte con la ópera Lucia di Lammermoor. Al final y a petición de sus entusiastas admiradores, el artista cantó, acompañado al piano por el maestro Oller el ‘Guernikako arbola’. Los aplausos que el público le prodigó, le obligaron a repetir el inspirado himno vasco, que dicho por Gayarre, con la expresión admirable del artista y del éuscaro, produjo en el auditorio entusiasmo indescriptible”. Gayarre

    Estas singulares despedidas que el gran cantor organizaba en los teatros peninsulares, llegó a repetirlas incluso en el extranjero: en París y también en Roma, sobre todo en esta última capital, donde, al término de sus compromisos artísticos, recibía en el hotel a todo el cuerpo de críticos, y, después del ágape, cantaba espontáneamente diferentes arias de su repertorio; al final, previa explicación de lo que la letra significaba, entonaba el ‘Guernikako arbola’.

    GayarreCon todo lo que a este respecto llevamos referido, yo no hallaba la prueba concluyente de cuanto afirmara su sobrino don Valentín de que su tío “hablaba bastante bien el vascuence y lo entendía perfectamente”. Esta prueba me la proporcionó la visita que, como queda explicado, efectué a Roncal en el verano de 1950.

    Allí previa autorización, buceé despaciosamente en la biblioteca familiar, ojeé todas las partituras musicales y, con la tiranía que sólo la nobleza del fin excusa, hice que los bonísimos de sus descendientes revolvieran hasta el último rincón de sus arcas y archivos. Y el tesoro, como lo presentía, se ofreció a mis ojos: más de sesenta cartas autógrafas, escritas a lo largo del tiempo y de las más diversas latitudes y, dulcis in fundo, otra carta —la perla negra entre las blancas— redactada toda ella, desde el encabezamiento a la despedida, en vascuence.

    Hela aquí en su texto integral:

    Barcelona, 19 de diciembre, 1884.

    Ene tía Juana maitia.

    Eugenia sin da [etorri da] arro ongui.

    Quemen gaude anisco ongui guciac eta orií [berori] nola dago?

    Nain din [nai du] sin [xin, jin, etorri] cona, [onera] ichasoaren ecustra?Anisco andia da, tia Juana.

    Nai badu nic dud anisco deiru orentaco vidagearen pagateco quemengo ostatiaren pagataco. Ezdi eguiten quemen ozic batrere, chatendegu quemen anisco ongui eta guero artan [artean, bertan] dugu iror nescache postretaco eta gazte eta polit.

    ¡Ha! ¡cer vizia! ¡tia Juana maitia, amar urte chiquiago bagunu…!

    Gorainzi guzientaco eta piyco bat nescachi pollit erroncari guziat.

    Julián

    […]

    GayarreGayarreEsta carta, aparte su donosa ternura, confirma la observación de don Valentín que antes reprodujimos. En efecto, es evidente que no hablaba bien el vascuence y, por obvia deducción, lo escribía probablemente peor, pero —y esto es lo que cuenta— se esforzaba, como vemos, por hacerlo, en lugar de pretender que fuera su tía, que apenas hablaba el castellano, la que hiciera el esfuerzo contrario”. [Fagoaga, Retablo Vasco]

    Otra anécdota de su amor a Bilbao es la que narra su amigo Julio Enciso, bilbaíno amigo y biógrafo, con motivo del concurso de orfeones celebrado en 1888, en una carta que le dirigió Gayarre y que vale la pena reproducirla:

    “Como te dije en el despacho que te he puesto hace una hora, no me he quedado a conocer la adjudicación de los otros premios para ponerte el parte para que fueras el primero en saber el triunfo que ha obtenido el Orfeón de Bilbao.

    Ayer comenzó el certamen, y los chapelgorris estuvieron muy por encima de los demás, y el público los premió con una frenética salva de aplausos: la partida estaba ganada. Luego tocó el turno al de  Limoges, que cantó bastante bien; pero había la diferencia de las bonitas voces, el brío y la gracia en favor de Bilbao. Gayarre

    Hoy correspondía el certamen de lectura, y la lucha también ha sido entre Bilbao y Limoges. Los de Bilbao cogieron papeles, y a la señal del Jurado empezaron; y, chico, parecía que lo sabían de memoria, cantando con sin igual soltura; y aunque estaba prohibido el aplaudir, el público no se ha podido contener y les ha hecho una fiesta.

    Luego el de Limoges entró y cantó la lección bastante bien, pero parecía un coro de falsete, todo tristón.

    Concluido el certamen, el Jurado se retiró a deliberar, como en La Africana, faltando únicamente aquello de ‘il consiglio, o  signori…’. Pasó un rato, el ansia era grande; al fin apareció el Jurado, y cuando el secretario dijo: “Por ocho votos contra uno se adjudica el primer premio al Orfeón de Bilbao”, un ¡hurrah! general hizo temblar la sala. Los bilbaínos se abrazaban y abrazaban a Zabala. Todos gritaban (y yo el que más) ¡Viva Bilbao!

    Echo a correr al telégrafo, y todavía ignoro la adjudicación de los otros premios, pues en mi vida he sentido emociones como la de hoy. Un señor, cuando bajaba la escalera corriendo, me detuvo para preguntarme qué es lo que tenía, y yo le mandé a paseo y seguí corriendo. Ya te enviaré los periódicos”.

    Finalmente nos referimos al debut en Bilbao de Gayarre y su comportamiento con esta ciudad, para lo que acudimos al libro de Enciso en sus Memorias de Gayarre:

    Gayarre“Al fin, en el otoño de 1881, un empresario bilbaíno, don Luciano de Urizar, hizo cuestión de amor el presentar a Gayarre en Bilbao. “Sabiendo mi amistad con él —dice Enciso—, se empeñó en que le acompañara a Barcelona —en cuyo teatro del Liceo actuaba— y donde, a nuestra llegada, no sólo le visitamos, sino que cenamos también en su compañía.

    Nadie se habló de teatros durante la cena; pero a los postres, don Luciano se dirigió a Gayarre diciéndole:

    “Don Julián: he empeñado mi palabra de que Ud. cantará en Bilbao y estoy dispuesto a todo en conseguirlo. No sé si le convendrá a Ud. mi proposición; pero por de pronto me atrevo a  ofrecerle veinte funciones, a mil duros cada una. Y como la mejor escritura es pagar, ahí tiene Ud. en letras sobre esta plaza veinte mil duros adelantados”.

    Y sacando una cartera la colocó frente a Gayarre. Éste, sorprendido, se quedo mirándome. Entonces le expliqué quién era don Luciano de Urizar.

    GayarreDon Luciano —contestó Gayarre—, ya veo que no es Ud. un especulador, y esto me obliga sobre todo. Esta obligación, mi amistad con don Julio y el cariño que profeso a Bilbao, a donde voy casi todos los veranos, me deciden. Iré, pues, pero… no puedo aceptar esas condiciones; sería abusar de Ud., y yo en mi vida he abusado de nadie. No puedo,pues,  cobrar a Ud. mil duros, porque no se los cobro a los demás. Iré a Bilbao, yo me encargaré de todo, y, si, como espero, las cosas van bien, ya nos arreglaremos. Entretanto, hágame Ud. el favor de guardar esa cartera y ese dinero, que esto es lo último que debe hablarse entre nosotros”.

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