
La presentación de Maria Callas en el Gran Liceo de Barcelona, hace ya casi medio siglo, generó por aquel entonces una gran expectación.
Callas ofreció un único concierto (”concierto extraordinario”, rezan las carteleras) a las 10 de la noche del martes 5 de mayo de 1959, y en el que la famosa diva interpretó arias de Verdi, Boito, Rossini, Puccini, y Bellini.
¿Cabría decir que obtuvo un éxito rotundo? ¿Aplaudieron a la cantante o aplaudieron a la diva?
Al día siguiente del evento, pudo leerse en el diario La Vanguardia (’La Vanguardia Española’, por aquellos años) la crítica correspondiente. Era el 6 de mayo de 1959 y el artículo está firmado por U. F. ZANNI.
Rescatado de la hemeroteca para todos ustedes, lo reproducimos textualmente (palabra por palabra, punto por punto), y dice así:

“Liceo. Concierto por Maria Meneghini Callas”

«El nuevo empresario del Liceo, don Juan Antonio Pamias, se ha salido con la suya. Aunque sólo para un concierto, ha logrado que Maria Meneghini Callas, la diva famosa por su arte y por sus genialidades, haya venido al Gran Teatro.
Un verdadero acontecimiento que despertó en la ciudad tal interés, que apenas abiertas las taquillas de nuestro primer coliseo se entablaron ante ellas enconadas batallas para adquirir las localidades, y eso que los precios, en relación con los astronómicos, según se dice, emolumentos de la artista, no se hallaban ciertamente al alcance de todas las fortunas.
Pero fuera como fuera, había que satisfacer, más que nada, una curiosidad hasta cierto punto morbosa y se ha pagado cuanto se pedía, no sólo oficialmente, sino también en el “mercado negro”, puesto en marcha por los aprovechados, que nunca faltan en estos casos.
Maria Calogeropulos Dimitriadu, o sea Maria Meneghini Callas, nació en Nueva York, hija de padres griegos, el año 1925. Allí comenzó sus estudios musicales, y luego, en 1937, se trasladó a Europa, estudiando en Atenas el canto con Maria Trivella y poco más tarde con la ilustre soprano española, que ahora la acompaña en su viaje por nuestro país, Elvira de Hidalgo, la inolvidable e insuperable Rosina de “El barbero de Sevilla”. En Atenas debutó el año 1938, con el papel de Santuzza de “Cavalleria rusticana”, de Mascagni.

Maria Meneghini Callas tiene su filosofía particular, que acaba de exponer en Londres. La célebre cantante, hablando de sus impresiones después de una representación, dice que, con frecuencia, mientras el público da muestras de gran entusiasmo, ella apenas se siente satisfecha, y otras veces, por el contrario, cuando cree haber dado el máximo rendimiento artístico, la reacción de los espectadores no es la misma.

Maria Meneghini Callas afirma que el epíteto de “tigresa” no la hace justicia. “Soy, dice, una mujer perfectamente normal, sana y felizmente esposada. Si quisiera, podría hacer creer que soy la persona más dulce del mundo: para ello me bastaría tener un buen agente de publicidad. Pero esto sería falso. Yo soy una artista, no un ángel. La cosa que más exijo es el respeto: quiero ser respetada como mujer y como artista”.
Y ahora dejando estas digresiones, por las que perdimos perdón al caro lector, volvamos a lo nuestro, que es informar del concierto de anoche. Un público, imponente por el número y la calidad, aguardaba con la natural expectación la presencia de Maria Meneghini Callas en el escenario del Liceo, mientras fuera del teatro un enorme gentío llenaba las Ramblas para ver la entrada de los concurrentes y obtener, si era posible, alguna referencia de lo sucedido.
¿Respondió la cantante al inusitado interés con que se la esperaba?
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