Archive for the ‘Olga Borodina’ Category

‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’, por Olga Borodina

Monday, May 25th, 2009

Rosal de Gio;-)

  • Olga Borodina: Mon coeur s’ ouvre à ta voix, aria de Dalila con Sansón (del Segundo Acto de Sansón y Dalila, Saint-Saëns).
  • Dedicado a Paco Roa, de todo corazón y de todo operasiempre.es

    Porque queremos seguir escuchando su voz y porque, como bien dice Nicolás Camilo (12:25), “los únicos que no renuncian ni se jubilan son los amantes de la lírica”.

    [Foto: Gio]

    ‘Viva la ópera’ (IV): “La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad”

    Thursday, April 26th, 2007

    Cuarta crónica (o crítica, como prefieran) de ‘Viva la ópera’: el debut de Olga Borodina en el Teatro Real, el pasado 15 de abril. Allí acudió, emocionado, Paco Roa. Para todos ustedes, en exclusiva:

    “La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad”

  • Paco Roa
  • Ya conocen ustedes sobradamente mi particular debilidad por la vocalidad grave femenina en toda su no pequeña gradación, desde la mezzo ligera hasta la contralto dramática, pasando por las especialistas rossinianas de la “cordada”. Pero si tuviera que quedarme con una sola representante de tan suculenta familia canora —al menos para quien esto escribe, desde luego que bien sabrosa—, ésta sería muy probablemente la mezzo dramática (tesitura que, como es bien sabido, a más de escasear casi tanto como el mirlo blanco, toda una rareza —fíjense si no, de las que un servidor ha conocido, además de la que hoy nos ocupa, afortunadamente en plenitud vocal, la Bumbry, retirada; la Obraztsova, virtualmente retirada también; y la Zajick, comenzando a declinar—, dispone sobre el papel de un exuberante rango vocal sólo punto menos grave que la contralto, pero que a mi juicio compensa con una mayor capacidad, variedad y matización expresiva).

    Pues bien, este año ya iba necesitando yo una ración de mezzo en vena y con tal mono asistí, el pasado día 15 de abril de 2007, al debut en el coliseo de la Plaza de Oriente —ya era hora de verla por los madriles— de la mezzosoprano dramática del momento Olga Borodina.

    Me van a permitir que en esta ocasión, empero ser la noticia la presentación en dicho teatro de la Borodina, comience por lo que en un concierto vocal suele ser una mínima referencia al final: la orquesta y la dirección. Y es que hacía mucho tiempo que, en mi opinión, los músicos titulares del Real no se producían con la virtuosidad y eficacia con la que lo hicieron acompañando a la cantante rusa, bajo las órdenes de la magnífica directora Keri-Lynn Wilson (habrá que hacerla un seguimiento).

    Desde “La gran pascua rusa”, tocada con inusitada precisión y comprensión de la infrecuente página, hasta la “Bacanal” de “Samson et Dalila”, aquí con mención especial para la madera y la percusión, pasando por una vibrante lectura de la conocidísima “Danza de las horas”, larga y merecidamente ovacionada, profesores y directora, en perfecta comunión, dieron lo mejor de sí tanto en las referenciadas piezas sinfónicas elegidas para la ocasión como en los demás momentos compartidos, igualmente en un no menor acoplamiento, con la gran voz de la Borodina. Qué bien, como (casi) siempre, el concertino de esta formación musical, Rafael Khismatulin.

    Y ahora ya sí, vamos a enjuiciar el estreno —confiemos en que no sea la única vez que la vemos por estos pagos— de la mezzosoprano de Leningrado en el Teatro Real de Madrid. Lo primero que pude confirmar en el escenario fue, además de su apabullante presencia escénica, que ya presumía, la perfecta correlación de sus cualidades vocales en vivo con las que ya conocía de ella por medio del disco (cosa que, por desgracia, no siempre es predicable para todos los cantantes, produciéndose en algunas ocasiones un no pequeño “gap” entre su voz grabada y su voz en directo); ¿cómo es, pues, el instrumento de la Borodina? Opulento, ancho, voluminoso, redondo y flexible a la vez —capacitado para el matiz llegado el caso—: dicho de una vez, una mezzo —valga el pleonasmo— verdaderamente grave * (como a un servidor le gusta, vaya).
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