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Debut de Montserrat Caballé en España (Liceo, 1962): “Al final del último acto, los aplausos redoblaron hasta convertirse en una encendida ovación”

Sunday, May 17th, 2009

Montserrat Caballé

La primera vez que Montserrat Caballé canta en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona fue en 1962, el domingo 7 de enero. Debut en su tierra y debut en su país, con Arabella, de Richard Strauss, estreno en España.

Cosechó Caballé un  éxito “muy grande”, aplausos “cariñosísimos” y “grandes ramos de flores”. Ya se complacía en los pianos y se movía en escena “con aplomo, sobriedad y calma”.

Fueron en total tres representaciones: 7, 9 y 13 de enero. El elenco al completo: Montserrat Caballé (Arabella), Erik Winkelmann (Waldner), Elfriede Wild (Adelaide) Erna Maria Duske (Zdenka), Rudolf Knoll (Mandryka), Kurt Wehofschitz (Matteo), Joan Lloveras (Elemer), Rafael Corominas (Dominik), Eduard Soto (Lamoral), Helga Baller (Fiakermili), Maya Mayska (Endevinadora), Frances Sant (Welko), Frances Paulet (Cambrer). A la batuta, Meinhard von Zallinger. [Anuari del Gran Teatre del Liceu 1947-1997]

La crónica de prensa correspondiente a la primera representación fue publicada en el diario La Vanguardia el martes 9 de enero (los lunes no había periódico). Su autor,  el compositor y crítico musical catalán Xavier Montsalvatge. Y  dice así:

La Vanguardia, 9 de enero de 1962

“Dos novedades absolutas para Barcelona, Arabella, de Richard Strauss, y la voz de Montserrat Caballé”.

Montserrat Caballé (Arabella, 1962)[…] Con Arabella hizo su presentación en España la soprano Montserrat Caballé, que en importantes escenarios extranjeros, especialmente de Italia, Alemania y Suiza, ha conquistado un prestigio comparable al de las más cotizadas cantantes actuales.

Es admirable que Montserrat Caballé, formada artísticamente en el Conservatorio del Liceo, haya escogido para su primera manifestación ante nuestro público una obra tan tremendamente difícil, que le obligó a emplear a fondo sus mejores facultades, sin contar con la compensación de los aplausos que podían haberle procurado una Bohème, una Tosca o cualquier ópera italiana con la que ha encandilado repetidamente el entusiasmo de muchos públicos.

Lo ha hecho seguramente porque para la ópera alemana Montserrat Caballé posee unas dotes excepcionales. Su voz es clara, limpia de un timbre que, sin ser penetrante, puede traspasar sin dificultad esta especie de “barrera del sonido” que es la orquesta de Strauss, que se interpone entre los cantantes y el auditorio. Cartel de Arabella, 1962

Debe [de] ser por la confianza que tiene la artista en el volumen de su voz que a veces la emplea con circunspección, complaciéndose en los pianos, en sutilizar el fraseo, cosa que si bien le permite conseguir inflexiones expresivas de una belleza extraordinaria, la aproxima demasiado a los timbres orquestales, con los que llega a confundirse (cómo quizá hubiese deseado Strauss).

Montserrat Caballé es una gran intérprete, no solamente por la clase de su voz, sino también por haber superado todo cuanto necesita dominar una cantante de ópera. Su dicción es de una musicalidad exquisita. Se mueve en la escena con aplomo, sobriedad y calma, pero jamás inexpresivamente.

El espectador tiene la sensación de que ve y escucha una artista formada en la mejor escuela de canto, poseedora de una experiencia de las tablas considerable. !Qué agradable comprobar que esto lo ha conseguido una artista nuestra, en plena juventud!

El éxito de Montserrat Caballé como protagonista de Arabella fue, el domingo, muy grande. Al final de los primero y segundo actos, cuando ella salió al proscenio, los aplausos fueron cariñosísimos, y al final del último acto redoblaron hasta convertirse en una interminable y encendida ovación, cuando saludó sola y recibió el obsequio de grandes ramos de flores.

Los demás interpretes fueron también aplaudidos con más o menos entusiasmo. Cargamos en la cuenta de la obra, de difícil asimilación, y al error de haber traducido al español unos cuantos “bocadillos” del texto, algunos siseos que se mezclaron con las muestras de aprobación del público, sobre todo del público de butacas y palcos, que se manifestó muy favorable al carácter de la representación y calidad de los intérpretes.

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  • Montserrat Caballé y Olivera Miljakovic: Aber der Richtige, dúo de Arabella y Zdenka del Primer Acto de Arabella, Strauss. Roma, 1973.
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