Archive for the ‘Ramón Vinay’ Category

‘Esultate!’, por Francesco Tamagno, Lauritz Melchior, Ramón Vinay, Mario del Monaco…

Domingo, Febrero 24th, 2013

Francesco Tamagno

Atendemos las peticiones. Disculpas mil por el retraso.

Para empezar, el creador del personaje de Otello, Francesco Tamagno, que lo cantó por primera vez en La Scala, el 5 de febrero de 1887. Hace 126 años, ni más ni menos. Aunque ya teníamos su ‘Esultate!’ de 1903 en casa. En aquel primer Otello, Desdémona fue Romilda Pantaleoni. Yago, Victor Maurel.

Estoy de acuerdo con Antonio Lagatta y Juan Dzazópulos en que los Otellos de Mario del Monaco y Ramón Vinay son de referencia. De la misma opinión es Óscar Valdivieso, con respecto a Del Monaco. Incluimos también a Melchior, que recomienda Paco Roa. ¡Gracias!

De Renato Zanelli, contamos con alguna grabación de Otello en el blog. También de Ramón Vinay. De las grabaciones de los otros tenores mencionados en este hilo, realizaremos una selección en otra entrada, por no alargarnos demasiado.

Ahí vamos:

  • ‘Esultate!’, del Primer Acto de Otello, Verdi.
  • Esultate! L’orgoglio musulmano
    sepolto è in mar;
    nostra e del ciel è gloria!
    Dopo l’armi

    lo vinse l’uragano.

    Por los tenores:

  • Francesco Tamagno. 1903.
  • Lauritz Melchior. 1960.
  • Ramón Vinay. ¿1947?
  • Ante la duda sobre el año, incluimos también esta versión:

  • Vinay: ‘Dio, mi potevi scagliar’. Orquesta Sinfónica de la NBC. Dirige: Arturo Toscanini. 1947.
  • Mario del Monaco. Orquesta y Coro del Teatro Regio de Parma. Dirige: Alberto Erede. Montreal, 1966.
  • (Gracias, Antonio Lagatta, Paco Roa, Óscar Valdivieso, Juan Dzazópulos)

    Dragica Martinis (1922-2010)

    Sábado, Agosto 14th, 2010
    Dragica (Carla) Martinis como Aida.  Fotografía: cortesía de Ópera Nostalgia

    Dragica (Carla) Martinis como Aida. 1953.

    [Fotografía: cortesía de Ópera Nostalgia]

    Agosto 2010 (versión actualizada)

  • Juan Dzazópulos Elgueta
  • El pasado lunes, 9 de agosto de 2010, a los 88 años de edad, falleció en Viena, la soprano croata Dragica (Carla) Martinis.

    Había nacido en Danculovice (Yugoslavia) el 19 de enero de 1922, y tomó el apellido Martinis de su profesor de canto en el Conservatorio de Zagreb, con quien contrajo matrimonio.

    Debutó en Zagreb, en 1942, como Mimì en La bohéme. En 1949 ganó el primer premio en el Concurso Internacional de Canto de Ginebra. Después de cantar en Zagreb y Praga, fue contratada para la New York City Center, debutando en el rol titular de Turandot, en 1950. Permaneció con esta compañía durante dos temporadas.

  • Dragica Martinis y Ramón Vinay: Già nella notte densa Dirige: Wilhelm Furtwangler. Festival de Salzburgo, 7 de agosto de 1951
  • Debutó en la Ópera Estatal de Viena el 14 de diciembre de 1950, en Turandot, junto a la soprano Irmgard Seefried (Liu) y el tenor Helge Roswänge (Calaf). El 18 de diciembre fue Tosca, nuevamente con Roswänge y el barítono Alfred Jerger. La crítica la celebró como sigue:

    “Para este exigente rol, la señorita Martinis tiene una voz opulenta y extensa, que es aún más rica en el registro agudo, un sonido de inmenso brillo que sin embargo agrada al oírlo” (Wiener Zeitung- Turandot)

    “La voz, brillante y cálida, asciende sin esfuerzo al registro agudo, con un ataque ligero y libre. El fraseo, apoyo y cambio de registro son impecables. El registro medio, pleno y rico. Tiene una maravillosa presencia escénica, que contribuyó a conquistar rápidamente a la audiencia” (Neues Oesterreich- Tosca).

    (más…)

    Ramón Vinay (1982): “Del Monaco cantaba ‘Carmen’ divinamente bien, con esa voz que yo nunca tuve. Pero no era actor”

    Miércoles, Febrero 11th, 2009

    Vinay, Otello

    ¿Nunca segundas partes fueron buenas? Nos saltamos a la torera el dicho popular porque si hay una segunda entrega se debe, sencillamente, a que la entrevista era muy extensa.

    Como introducción, y porque viene muy a cuento, añadimos una breve reseña de Mario del Monaco sobre Ramón Vinay:

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    “Era un hombre imponente, cabello rizado y negro, facciones regulares. Era un señor del palco escénico y de la vida. Se preocupaba de sus trajes de forma minuciosa. Era intelegentísimo y ductil. Recuerdo que en Dallas y Niza interpretó la parte de Iago, como barítono, mientras yo hacía el Otello. Se consideraba un un estudioso de la ópera y fue uno de los pocos extranjeros capaces de cimentarse, en alemán, en Bayreuth, donde cantó Tristán e Isolda en lengua original”. [Mario del Monaco, en su libro autobiográfico La mia vita e i miei successi]

    Y vamos con la segunda parte de la entrevista. Ojo, que si no han leído la primera,  se perderán gran parte del contexto,  se preguntarán quizás quién era Cossutta y, con seguridad,  por qué aparece mencionado en el  el tercer párrafo.

    ♣ ♣ ♣

    Entrevista a Ramón Vinay (segunda entrega) realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde, noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires. En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

    (Gracias, Juan:-)

    Ramón Vinay, 73º aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Vinay, Callas—Yo fui siempre tanto actor como cantante. Creo que la Callas y yo, separadamente, sin habernos concertado, fuimos un elemento que trajo la actuación a la ópera. Tal vez exagero, pero creo que antes de esa época bastaba que un señor tuviera una linda voz y con la barriga por delante y brazo arriba así o asá… bastaba.

    Canté muy pocas veces Aida, pues es el tenor más tonto que pueda existir. A propósito, recuerdo una Aida en el Metropolitan. Yo no estaba bien de voz y en el ‘Celeste Aida’ agarré la frase ‘un trono vicino al sol’ a piano. Al día siguiente un crítico dijo: “¡Por fin lo oímos como está escrito…!”. ¡Y yo no podría haber cantado forte tampoco!

    Después de oír a Cossuta aquí en Otello yo, así se lo dije a los periodistas, le habría copiado cuatro o cinco cosas. Pero también le habría enseñado una docena. El copiar no es tan fácil. Cada gesto debe tener su razón. Si no,  son solamente gestos…

    Al principio de mi carrera en que yo cantaba Otello, por allá en los años en que Jesucristo llevaba pantalones cortos, yo, como todos los jóvenes, hacía demasiados gestos. Poco a poco estos se van eliminando. Tres gestos se vuelven solamente uno y hasta ese gesto se puede eliminar.

    Wieland WagnerTuve la suerte (ya te he dicho que yo he sido un hombre de una suerte enorme) de trabajar muchos años en Bayreuth, donde canté como tenor (me parece) por seis temporadas, después dejé de cantar durante dos temporadas  y regresé como barítono. Porque yo he cantado como bajo, barítono y tenor, lo cual te prueba que nunca supe cuál era verdaderamente mi voz.

    Al decir tres cuerdas, el contrabajo, el cello y el violín, la más natural para mí es el cello. Yo sufrí mucho como tenor, cada vez que veía un do para mí era fuego…

    Te decía que tuve la suerte de trabajar con Wieland Wagner, el nieto de Richard Wagner, en Bayreuth. Él tenía ideas muy profundas y arraigadas de lo que había escrito su abuelo, pero al mismo tiempo era un hombre moderno. Él eliminaba gestos.

    Vinay, Otello¡Cuánto más se transmite sin gestos! Yo pienso más en un paso y en un gesto con la intención de eliminarlos, o al menos pensaba, pues ya no cantó aunque sigo activo. Si el Padre Eterno me diera tres notas más arriba del fa diesis, que lo puedo cantar perfectamente sin pedir excusas, yo cantaría Otello… ¡Pero no lo puedo hacer! Haría un Otello que yo quisiera estar en el público para auto-admirarme. Esto suena como una estupidez, pero no lo es. ¡Es que yo quisiera recibir una lección de mí mismo!

    Qué pasa en la vida diaria, en una oficina o en un bar, que es donde suceden estas cosas, entre dos personas que discuten. Gritan, la cosa sube de tono, y parece que va a haber golpes. Pero uno de ellos se controla. El que está haciendo teatro es el que grita y se mueve, pero el que llama la atención es el que se está controlando. Lo mismo es en el teatro.

    Y dispénsame que estamos haciendo una entrevista al revés, qué suerte que viniste hoy, pues ayer no tenía un átimo de voz. Yo no me enfermo nunca. He andado por las calles sin abrigo, pero no siento frío. Tengo una salud de hierro, pero en alguna forma debo [de] haberme pescado un catarro, pero ya estoy mejor… y voy a permitirme fumar ¿Fumas?… (ante mi respuesta negativa…)… Se fuma en los tiempos modernos más bien por nerviosismo, por tener algo entre los dedos…

    —¿Y un cantante necesita del cigarrillo? Lo he visto sobre todo en los tenores, de Caruso adelante…
    —Yo lo hacía en el camerino, antes de la función. Tú sabes lo que es eso…

    —Ramón…  ¿Cantaste con el capital o con los intereses?
    —¡Muchachito! Con las dos cosas. El otro día, en la primera función de Otello. Como esa función, a mí también me pasó muchas veces… Un pequeño accidente que le puede pasar a cualquiera.

    Aquí (en el Municipal) hemos visto a Plácido Domingo con un pequeño problema (En Andrea Chénier no pudo dar el si bemol en ‘Un di all’ azurro’. N. del A.) Las voces que son brillantes son las más expuestas a  accidentes. En Caruso eran famosos sus accidentes, pues la suya era una voz absolutamente cristalina.

    —Ramón, en una carrera los éxitos son muchos y siempre se recuerdan. ¿Pero recuerdas tú algún accidente que se pueda considerar un fracaso? Algo así como lo que le sucedió a Cossutta…
    —¡No! ¡Mucho peor! Fue nada menos que en el Maggio Fiorentino, donde cantaba yo por vez primera el Otello con la Tebaldi. Canté el primer acto y lo acabé murmurando, pues sentía que se me acababa la voz. ¡Me sentía terrible! Y dije, si es posible, que lo termine otro tenor. Y de casualidad estaba allí Mario del Monaco, y él terminó la función…

    También me pasó en los Festivales de Amsterdam, siempre con Otello, donde después del primer acto ya no tenía voz, y ese fue casi mi último Otello, allá por los años sesenta. Y no creas que quiero poner énfasis en una especie de modestia, al decir que hablo con tanto entusiasmo de mis fracasos como de mis éxitos. Pues si tuviera que hablar de mis éxitos,  te puedo pedir la habitación de al lado y estamos hablando hasta mañana por la mañana…

    Entonces empecé a pensar en Iago, pues has de saber que el Otello es tan bueno como fuerte es el actor, el cantante, que hace el Iago. Si no, parece un drama un poco infantil. Que un coloso militar, un coloso de disciplina, no hablo del tamaño sino de voluntad férrea… En la primera escena del drama de Shakespeare, Iago ya enseña su espíritu maligno. No. No es un espíritu maligno. Es un espíritu que cree que el ser humano no es más que una… (no lo puedo decir en el cassette, pero nosotros decimos: ¡Viva Chile, m…!).

    Con Gré BrouwenstijnBueno, él consideraba a la humanidad entera y a él mismo en esa forma. Pero sí reconocía que la única persona capaz de salvar a la República de Venecia del desastre que habían tenido con los turcos cerca de la isla de Chipre era Otello. Un hombre que arriesgaba todo. Era el Rommel de esa época.

    Por consiguiente, Otello es lo militar, lo correcto. Inexorable con todos, pero primero condigo mismo. Ese hombre, por un pañuelo, por un chisme, se va a derrumbar. Si no hay un Iago que lo haga saber al público, éste no entiende nada.

    Yo supongo que el 50% del público que va a la ópera sabe vagamente lo que va a ver. Si es más, mejor aún, y, si se ha leído el libreto de la ópera, se necesita tener una afición tremenda, como la tienes tú. Pero en general el público no entiende nada. Te contaré algo.

    El Metropolitan decidió, allá por los años cincuenta, que la función del día viernes se cantara en inglés. Así que el americano normal no compraba el libreto, pero igual no entendía nada…

    Hollywood Bowl

    —¿Cantaste tú en inglés?
    —¡Sí! Hice la Carmen en inglés, con Stokowsky, en el Hollywood Bwol

    —Yo recuerdo habértela escuchado en italiano en el Municipal, en 1956, con un reparto que los norteamericanos llamarían “provincial”, de segundo orden. Sin embargo, el bis del ‘aria de la flor’, lo hiciste en francés…
    —Pues, mira, si tú me lo dices te lo creo, pues yo no recuerdo todos los incidentes de mi carrera. Pero eso me pasó también en Nápoles, donde yo hice que el Teatro San Carlos contratara una cantante norteamericana para Carmen, que en francés era la Carmen nacida.

    Una americana que no tenía ni idea de lo que era italiano, pero tenía todo el fuego de Carmen. La fui a esperar a la estación, pues ella llegó en tren desde Roma. Lo primero que me dice: “Ramón, I don’t know it in Italian” (“Ramón, no me la sé en italiano”)… ¡Oh Dios!

    Lo primero que hice fue irlo a decir a la dirección del teatro, sin tomarme la responsabilidad [de] que la rehusaran, pues el contrato establecía que la ópera debía cantarse en italiano. Pero la aceptaron. Entonces ella cantó en francés y todos los demás, solistas, coro, etc., en italiano. Y yo tenía que esforzarme para no pasarme al otro idioma. Llega el ‘aria de la flor’. La canto en italiano… bis, bis, bis.

    Tú sabes que en los tres grandes teatros del mundo, el Covent Garden, La Scala y el Metropolitan (no sé el Colón), no se repite jamás nada. La única que lo hizo, y quizás lo provocó, fue la tremenda Maria Callas, que en paz descanse. Tenía una gran voz cuando era gruesa como un piano y cuando se hizo un paquete de huesos, encantadora, pero un paquete de huesos, no tenía la voz. Pero esa mujer tenía la publicidad a su lado…
    Vinay, Don José

    Bueno, volviendo al San Carlos, al repetirla la canté en francés. Otra vez un aplauso tremendo, tremendo, como yo lo hubiera querido provocar. Seguía y seguía. Entonces yo me dije —no la voy a cantar por tercera vez— y me dirigí al público diciéndoles: “Vi ringrazio che volete che cante l’aria del fiore petalo per petalo…”.

    Y uno de la galería me respondió: “¡No! Fino a che l’impari! (“¡No! Hasta que te la aprendas”.) Vino el último acto y ella me dijo: “C’est toi?” y yo le constesto  sin darme cuenta; “C’est moi” y seguí así en francés hasta que de la galería me volvieron a gritar: “¡En italiano!”.

    (más…)

    Ramón Vinay, “el Otelo inigualable y de referencia”

    Jueves, Febrero 5th, 2009

    Vinay, Otello

    Biografía resumida de Ramón Vinay publicada en liricahispana.com

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • (Gracias, Juan:-)

    ♣ ♣ ♣
    “Nació en Chillán, Ñuble, el 31 de Agosto de 1911.

    Ramón Mario Francisco Vinay Sepúlveda era hijo de Jean Vinay Robert y Rosa Elvira Sepúlveda Lara siendo el tercero de los cuatro hijos de este matrimonio.

    Sus ancestros provienen de la localidad de Larche, en Francia, ubicada a cinco kilómetros de la frontera italiana y a 120 kilómetros de Niza. Su padre emigró muy joven a América, primero a México, luego a Perú y finalmente a Chile, país donde llegó en 1898.

    Se estableció en Chillán, ciudad ubicada a 409 kilómetros al sur de Santiago. Al poco tiempo se había formado una buena posición como comerciante en monturas y arneses para caballos.

    En Chillán conoció y se casó en segundas nupcias con Rosa Elvira, una joven y modesta costurera. Su anterior matrimonio había sido en 1900 y su primera esposa falleció en 1903 después de haberle dado su primer hijo, Antonio).

    En 1914 regresó a Francia para comprar maquinaria para su fábrica. Allí lo atrapó la Primera Guerra Mundial viéndose obligado a prestar servicio en el ejército francés. Cuando pudo obtener una licencia, en 1917, desertó y volvió a Chile, donde se encontró con que su esposa había fallecido hacía poco.

    En 1920 el Gobierno de Francia otorgó amnistía para casos como el de Jean Vinay y este vendió todas sus pertenencias, regresando con sus cinco hijos a Francia. Se estableció en Digne y allí Ramón terminó sus estudios secundarios.

    Su padre quería para su hijo la carrera de arquitectura, pero el muchacho tenía aspiraciones de convertirse en un buen violinista. En 1928, a los 17 años de edad, y siguiendo el mismo destino de su padre, Ramón se embarcó rumbo a México.

    Vinay

    En la capital mexicana consiguió un modesto empleo con la familia Robert, descendientes de su abuela paterna. Poco a poco fue escalando mejores posiciones hasta poder independizarse y formar, junto a su hermano Otto, su propia fábrica de envases de cartón para la industria farmacéutica.

    Alrededor de 1930 comenzó sus estudios de canto con José Pierson.
    Este era un maestro con muy buena reputación y que contribuyó al desarrollo de toda una generación de cantantes mexicanos, entre ellos, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Pedro Vargas y Jorge Negrete.

    Aunque durante este período de formación cantó ocasionalmente como bajo (obtenía un notable éxito cantando “Vecchia Zimarra”), su debut profesional fue en la cuerda de barítono, el 16 de septiembre de 1931, en el rol de ‘Alfonso IX’ en La favorita en el Teatro de las Bellas Artes, de la Ciudad de México antes de su inauguración oficial, que fue el 29 de septiembre de 1934.

    Fueron los compañeros de su “alternativa” Josefina Alonso (Leonor), Joaquín Alvarez (Fernando), Francisco Alonso (Baltasar), Leonor Hernández (Inés) y Miguel Campos (Gaspar). El director fue Ignacio del Castillo.

    Durante varios años cantó en las radioemisoras de México, donde era presentado como “el gran barítono mexicano”. Volvió al Bellas Artes la temporada 1938/1939 para cantar, en 1938, como ‘Amonasro’ en Aida y en 1939 como ‘Barnaba’ en La Gioconda.

    En la temporada siguiente, 1939/40, repitió como ‘Amonasro’ en Aida y cantó como el ‘Conde de Luna’ en El trovador y ‘Scarpia’ en Tosca. Se casó en 1940 con la joven mexicana María de los Angeles Padilla Brondo. De este matrimonio nacieron dos hijos, Rosita Elvira y Ramón.

    fr

    En 1943 fue contratado para actuar y cantar en una película, Fantasía ranchera, junto a otros artistas líricos mexicanos como Josefina Aguilar, Paco Zárate y Pedro Vargas, y un actor muy joven, Ricardo Montalbán, que luego triunfaría en Hollywood.

    Con Herva Nelly
    Hasta 1944 continuó cantando como barítono en México, añadiendo a los roles ya conocidos, el titular en Rigoletto, ‘Tonio’ en Payasos y ‘Germont’ en La traviata.

    Cinco meses después de su última función como barítono en La favorita el 23 de Enero de 1944 hizo su debut como tenor, el 19 de Junio de 1944, como el protagonista de Otelo junto a Stella Roman (Desdémona) y, compartiendo el rol de ‘Yago’, los barítonos Frank Valentino y el chileno Carlo Morelli.

    Al año siguiente agregó en México los roles de ‘Sansón’, ‘Cavaradossi’, ‘Don José’ y ‘Des Grieux’ (Manon Lescaut) y obtuvo su primer contrato fuera de México. El 30 de septiembre de 1945 debutó en Nueva York como ‘José’ en Carmen, un rol que cantó varias veces durante los meses de octubre y noviembre. Su debut en el Metropolitan de Nueva York tuvo lugar el 22 de Febrero de 1946, en Carmen.

    Vinay, Don José
    El rol de ‘José’ se convirtió en su “caballito de batalla” en esta etapa de su carrera. Lo cantó en las más importantes ciudades de los Estados Unidos, incluyendo una función cantada en inglés en Hollywood dirigida por Leopoldo Stokowsky.

    Durante los meses de julio y agosto estuvo en México cantando en el Bellas Artes, Aida, Carmen y Otelo. También tuvo tiempo para participar en su segunda película, Sinfonía de una vida, en la que también actuaban el tenor Luis G. Roldán y el compositor Miguel Lerdo de Tejada.

    VinayVina, Otello

    Después de algunas funciones en el Metropolitan (Aida, Carmen y Otelo) viajó a Italia, debutando el 3 de septiembre de 1947 en el Teatro de la Pérgola, de Florencia, con Otelo junto a Onelia Fineschi y Tito Gobbi.

    Esta ópera y también Payasos las cantó además en Génova, Turín y Bolonia. A su regreso a los Estados Unidos, lo llamó Arturo Toscanini para cantar Otelo en las transmisiones radiofónicas que se hacían desde el estudio 8 de la N.B.C. en Nueva York. Los primeros dos actos se transmitieron el 6 de diciembre y los dos siguientes el 13 de diciembre.

    Cincuenta y ocho años han pasado y aún se le considera el ‘Otelo’ inigualable y de referencia.

    Desde Nueva York volvió a Milán, esta vez para inaugurar la temporada lírica en La Scala, el 26 de diciembre de 1947, siempre como ‘Otelo’ acompañado por Maria Caniglia y Gino Bechi y dirigido por Victor de Sabata.

    El año 1948 encontró a Vinay de regreso en América para cantar varios conciertos en Colorado y luego funciones de Payasos y Aida en el Metropolitan. También agregó a su repertorio el rol de ‘Julián’ en Louise de Charpentier, que cantó en Boston.

    Poco después, otro gran éxito en la Arena de Verona donde cantó Otelo con Renata Tebaldi y Carmen con Elena Nicolai. Regresó a su patria, para presentarse por vez primera como cantante, en septiembre de 1948. En el Teatro Municipal de Santiago se le escuchó en Otelo y en Aida con María Caniglia, y en Carmen con Fedora Barbieri.

    El 29 de Noviembre de 1948 le correspondió el honor de inaugurar la temporada del Metropolitan con Otelo. Esta función fue transmitida por televisión para Nueva York, siendo la primera vez que una ópera se emitía directamente desde el escenario del teatro.

    En 1949 siguió cantando su repertorio acostumbrado en Nueva York, Nápoles (San Carlo), Milán (Scala) y realizó una extensa gira estadounidense, “de costa a costa”, con el elenco del Metropolitan. A fines de ese año incluyó en su repertorio Sansón y Dalila (que ya había cantado en los comienzos de su carrera como tenor, en 1945 en México y en 1947 en Cincinnati), obra que cantó en el Metropolitan, en La Scala y en las Termas de Caracalla, en Roma.

    En 1950 hizo su debut en el Covent Garden de Londres, cantando Otelo con Tebaldi y Bechi, en la gira que la compañía de La Scala realizó a Inglaterra.

    Con Birgit Nilsson

    En octubre del mismo año cantó su primer rol wagneriano, ‘Tristán’ en San Francisco con la renombrada Kirsten Flagstad, como ‘Isolda’. En 1951 cantó en La Scala el rol de ‘Griscka’ en la versión en italiano de La leyenda de la ciudad invisible de Kitesch, de Rimsky Korsakov.

    El resto de ese año cantó sus habituales caballos de batalla (Otelo, Carmen y Payasos) en diversas ciudades de Estados Unidos y también en Salzburgo, Santiago y Lima.

    Malaniuk, Wieland Wagner, Möld, Vinay

    En 1952 cantó por vez primera en Bayreuth, Tristán e Isolda dirigido por Karajan. Durante seis temporadas cantó allí y en 1956 Wieland Wagner lo nombró Caballero de la Orden Wagneriana.

    También en 1952 cantó por primera vez el rol protagonista de Lohengrin, en Indianápolis. Hasta donde hemos podido averiguar este papel sólo lo cantó en un par de oportunidades. La otra fue en Pittsburgh en 1954 y luego lo abandonó para siempre. En 1952 cantó nuevamente Otelo en Salzburgo y volvió a Chile donde se le escuchó como ‘José’, ‘Otelo’ y ‘Sansón’.

    Vinay, 1954

    En 1953 cantó por primera vez en el Teatro de la Ópera de Roma, luego en Palermo, Lisboa, Amsterdam, Bayreuth (Parsifal, Las valkirias y Tristán), Río de Janeiro y Londres (Las valkirias).

    (más…)

    ‘Niun mi tema’, por Renato Zanelli, Ramón Vinay

    Miércoles, Febrero 4th, 2009

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    Renato ZanelliTu? Indietro! fuggi!… Ora e per sempre addio (recitativo y aria de Otello del Segundo Acto, Escena V)/ y Niun mi tema, escena final de Otello, Verdi. 1929.


    Escena final (Niun mi tema, muerte de Otello): Ramón Vinay. 1951.

    Tant’osi?…
    Niun mi tema
    s’anco armato mi vede.
    Ecco la fine del mio cammin…
    Oh! Gloria! Otello fu

    E tu.. come sei pallida!
    e stanca, e muta, e bella,
    pia creatura nata sotto maligna stella.
    Fredda come la casta tua vita…
    e in cielo assorta.
    Desdemona! Desdemona!…
    Ah… morta! morta! morta!…

    Ho un’arma ancor!

    Pria d’ucciderti… sposa… ti baciai.
    Or morendo… nell’ombra….
    in cui mi giacio…
    Un bacio… un bacio ancora…
    ah!… un altro bacio

    ♣ ♣ ♣

    Rescatamos del fondo del mar un comentario de Nicolás Camilo:
    Renato ZanelliRenato Zanelli nace en el puerto de Valparaíso, Chile; su maestro de canto, luego de cantar en Chile y Uruguay y Brasil, lo lleva a Estados Unidos. En NY le presenta al bajo Andrés de Segurola, quien le organiza una gira en la que recorre diversos escenarios cantando en la cuerda de barítono, rápidamente triunfa y consigue contrato en el Met y en la RCA.

    En el Met, Zanelli triunfa en roles protagónicos en un teatro que en su elenco tiene figuras de la talla de “De Luca”, su voz es admirada por su timbre, elegancia y versatilidad. Todo esto ocurre a comienzos de los años veinte. Varias temporadas en el Met con gran éxito y vienen las desavenencias.

    Zanelli emigra a Italia donde aparece como tenor. El éxito lo acompaña de inmediato y luego de una gira que lo lleva al Covent Garden, los contratos se multiplican al triunfar en el rol de Otello de Verdi.

    Canta en los principales teatros europeos y regresa a Italia, para cuando canta en la Scala en 1928, ya era llamado el sucesor de Tamagno. Participa en el estreno de algunas óperas y graba algunas piezas.

    De Otello pasa a Wagner y el éxito lo acompaña siempre, está en la cúspide. Retorna a Santiago a la temporada lírica del Municipal de 1933. En Santiago canta su último Otello, viene del Colón, entre Chile y Argentina canta cerca de diez títulos… pero ya está enfermo, son sus riñones.

    Viaja a cumplir contratos a Estados Unidos; cumple muy pocos, ya que le es diagnosticado cáncer renal y su salud se agrava. Regresa a Chile y luego de una operación, fallece en Santiago en enero de 1935 en la plenitud de su carrera a la edad de 42 años, a una semana de cumplir los 43.

    Ramón Vinay vino a remplazar el mito de Renato Zanelli con un mito muy similar y una carrera muy parecida. Ambos son los más grandes Otellos del siglo XX.

    Zanelli, al igual que Vinay y Morelli, cantó en los mejores teatros de su tiempo y con los mejores cantantes y directores de la época. Una trilogía de leyenda”.

    (Gracias, Nicolás Camilo)

    Ramón Vinay (1982): “Yo no lo sabía entonces, pero Toscanini era el Papa”

    Jueves, Enero 29th, 2009

    Ramón Vinay: Dio, mi potevi scagliar…, monólogo de Otello (con Iago) del Tercer Acto, Escena III, de Otello, Verdi).
    Metropolitan Opera Orchestra. Dirige: Fausto Cleva. 1951.

    (Gracias, Chema)
    notaDio, mi potevi
    ♣ ♣ ♣

    Ramón Vinay

    Entrevista a Ramón Vinay realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde,  noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires.  En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

    (Gracias, Juan:-)
    ♣ ♣ ♣

    Ramón Vinay, 73º aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • El 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, cumplió 73 años de edad el más famoso de los cantantes líricos chilenos de los últimos 40 años y, sin duda alguna, uno de los más grandes intérpretes de ‘Otello’ de todos los tiempos: Ramón Vinay.

    Hace un par de años Vinay estuvo por última vez en Chile, como invitado de honor para presenciar la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago. El título escogido para la ocasión (12 de julio de 1982) era uno de los más apreciados por el público chileno y por Vinay, el Otello de Verdi.

    El reparto incluía a Gilda Cruz-Romo (Desdémona) y Kari Nurmela (Iago), la experta batuta de Michelangelo Veltri y la presentación en Chile, en el rol protagónico, del tenor argentino Carlos Cossutta, reputado como uno de los buenos intérpretes mundiales del difícil rol verdiano.

    Desgraciadamente, Cosutta, sea por nerviosismo o por enfermedad, falló y en la frase della gloria d’Otello è questo il fin, un tremendo gallo marcó el ‘fin’ del tenor. El resto de la ópera fue alternativamente susurrado o gritado, ante la consternación del público, que sufrió esta verdadera ‘vía crucis’ vocal.

    Cossutta regresó a Buenos Aires sin poder cumplir sus otras presentaciones y para reemplazarlo se trajo de urgencia al italiano Angelo Marenzi y al francés Gilbert Py (dos funciones cada uno), con resultados francamente mediocres.

    Ramón Vinay

    Es que cantar Otello en la patria de Zanelli y Vinay es realmente empresa arriesgada. Pasada la accidentada primera función, quise tener una breve conversación con Ramón Vinay, para saber su opinión de lo sucedido, etc. El sábado 17 de julio de 1982 me invitó a desayunar con él a las 8:30 de la mañana en su suite del Hotel El Conquistador. Lo que siguió fueron más de dos horas, no de entrevista, sino de un largo, intenso y amenísimo monólogo, salpicado de recuerdos y anécdotas, análisis serios y risueños acerca de la ópera, los cantantes y los directores… Durante este ‘show’ privado no sólo se habló de ópera. Las comidas, los vinos y las mujeres (eterna pasión del cantante) tuvieron en Vinay acertados e irónicos comentarios.

    Ramón VinayNo se le escapó la política, ni nacional ni internacional. El problema limítrofe chileno-argentino, la guerra de las Malvinas y otros, que por razones obvias no corresponde incluir  en esta publicación.

    Sin embargo, lo más importante para mí fue ver la vitalidad de este ‘joven’ de 71 años, que me actuó y cantó, primero a media voz y luego a todo pulmón, frases de Carmen, Otello y Parsifal…, y sus movimientos, sus ojos, sus gestos. Toda una clase magistral que, desgraciadamente, no puedo transcribir al papel.

    Vinay: Yo he sido un hombre de suerte…,  de una suerte escandalosa. Permítame recordar que Napoleón Bonaparte decía “Yo quiero generales con suerte…” y, bueno, permítame recordar su nombre, como yo soy Ramón…

    Dzazópulos: Juan…
    —¡Juan! Y nos tuteamos, por favor. Mi padre era francés. Nació a 5 km de la frontera italiana, a 120 km al norte de Niza, de una familia campesina. De allí, hace 200 años,  todos los mayores de la familia emigran a México, donde la industria textil está en manos de  gente del lugar. Mi padre fue allá de joven y luego pasó a Chile… Tenía una fábrica de espuelas en Chillán, donde yo nací, un 31 de agosto de 1911. A mi madre casi no la conocí, murió muy joven y está enterrada aquí en Santiago.

    Mi padre regresó a Francia en marzo o abril de 1914 para comprar maquinaria para su fábrica y allá lo pescó el 2 de agosto la declaración de la guerra (Primera Guerra Mundial)… y soldado. No pudo regresar hasta 1917, que le dieron un permiso más largo, un mes de descanso. Se fue a su tierra y allí desertó… y se volvió a Chile.

    En 1920 vino una amnistía y mi padre nos llevó a mí y a mis hermanos a Francia. A los tres meses estaba hablando francés. Estudié en Francia pero no llegué a estudiar el bachillerato, porque en septiembre de 1926, o sea, a los 15 años, me enviaron a México para trabajar en uno de esos grandes negocios que eran de mi misma familia… Allí se empezaba desde abajo y a los 10 ó 15 años eras jefe. Ése era el destino que teníamos…

    ¿Tenías más hermanos?
    —Tenía un hermano, Otto, que murió hace poco en México, y una hermana que murió en 1934 a los seis meses de casada… En fin, yo tenía una fábrica de cajas de cartón. A los 22 años ya contaba con 30 operarios que trabajaban para mí… Siempre tuve afición a la música. Tocaba el violín desde los cinco años (desgraciadamente el piano no). Descubrí que tenía un poco de voz, y me dije “a lo mejor la voz se puede educar”.

    Bellas Artes

    En México mi maestro de canto fue un señor de ascendencia francesa, José Pierson, que tenía un estudio en el número 39, primer piso, de la calle Independencia, prolongación de 16 de Septiembre (Pierson fue el maestro de la generación de cantantes mexicanos: Ortiz Tirado, Arvizu, Pedro Vargas y Jorge Negrete, entre otros). A él le encantó inmediatamente mi voz, pero no sabía dónde ubicarme. Primero canté como bajo Vecchia zimarra. Luego debuté el 16 de septiembre de 1931 como Alfonso en La Favorita, en el Bellas Artes de México, donde las puertas de los palcos aún tenían maderas y tuvimos que poner unas telas… Así que esa fue como una preinauguración del teatro…, un teatro bellísimo.

    El conjunto parece que no pasó a mayores. La contralto Josefina Alonso, el tenor Joaquín Álvarez…
    —¡No! Si eran todos estudiantes de este maestro…Hay una parte de mi vida privada de la cual hablo lo menos posible… Me casé con una mexicana que era terriblemente celosa. Bueno, y yo no puedo estar distante de las faldas. Me casé, pues, muy joven, cuando aún hacía cajas de cartón y empezaba mi carrera. Empecé cantando en radio y lugares así, donde ganaba 10, 15 ó 20 dólares. Pero esos dólares no tenía que sacarlos de mis ganancias de la fábrica, las que eran para comprar más maquinaria.

    Por entonces, el maestro Guido Picco, un italiano que dirigía en México, contrató a Lázaro, que estaba en Cuba retirado, para que viniera al Arbeu a cantar Cavalleria, Pagliacci, Aida, etc. (Fue en 1942. Carlos Díaz Du-Pond, en 50 años de Ópera en México, recuerda que Vinay fue un “excelso” Rigoletto y un impecable Scarpia, para el Duque y el Cavaradossi de Lázaro).

    Lázaro vino y cantó Aida y le salió todo un gallinero en un trono vicino al sol, tanto así que los gallos salieron quemados por el sol…, y, bueno, abandonó todo. Pero como la temporada estaba pagada, se me ocurrió llevar la compañía a Monterrey. El tenor mexicano que iba a hacer de Turiddu estaba muerto de miedo. Yo era barítono (Alfio) pero le dije: “si te canto la ‘Siciliana’, ¿sales a cantar?”. Él accedió y yo le dije al maestro: “Baje el tono…”. Jamás vi tantos agudos juntos: O Lola bianca come fior di spino…; nunca la había cantado antes, pero lo hice y salió bien. Cuando volví a México, estaban preparando la ópera para el año siguiente y me dijeron: “Tú vas a debutar como tenor”. Y así fue.

    Lushanya MobleyMi primera Desdémona fue Stella Roman y mi primer Iago Franck Valentino (1944, luego fue Carlo Morelli). También canté dos óperas que no eran para mí: Manon Lescaut, con Dorothy Kirsten y Carlo Morelli; y Tosca (ambas en 1945) con una joven cantante americana, muy linda, que pudo haber hecho una carrera de primera, pero en segunda liga: Lushanya Mobley… Te decía que yo no puedo estar distante de unas faldas… Lushanya se convirtió en mi segunda mujer… (Vinay queda pensativo. Respeto su silencio y cambiamos el tema).

    Ramón Vinay

    ¿Copiaste de alguno de tus antecesores algo en el rol de Otello?
    —No vi a nadie cantar el Otello. Yo canté mi primer Otello en el Metropolitan reemplazando a un sueco o a danés, no sé cómo se llamaba…

    —¿Torsten Ralf?
    —¡Torsten Ralf! ¡Exacto! Pero yo no estaba contratado para cantar Otello. Yo debuté allí el 22 de febrero, el día de George Washington, con la Carmen… Y a los pocos días me llaman a las seis de la tarde. ¡Torsten Ralf no podía cantar esa noche! Corrí al teatro para un pequeño ensayo al piano, pero como yo venía de las manos de Toscanini no tuve ningún problema. Recuerdo que un crítico dijo: “A pesar de haber sido llamado a último momento y de cantar por primera vez Otello en nueva York, se sintió a sus anchas en ese inmenso escenario…”.

    —¿Cómo conociste a Toscanini?
    —¡Ja! Una historia absolutamente verídica… Toscanini en el verano de 1947 estaba en París y con algunos amigos discutía que él quería hacer el Otello en forma de concierto, pues era una obra que no había aún grabado, pero no encontraba un Otello que le satisficiera. Le dijeron: “Acaba de debutar en el Metropolitan un joven, chileno parece que es y no lo hace del todo mal, tomando en cuenta que son sus primeras actuaciones”.

    Toscanini pidió una audición. Yo estaba en Río de Janeiro cuando me llamó y pude conseguir 4 días para volar a Nueva York. La audición se hizo a las diez de la mañana en el Estudio Número 8 del Rockefeller Center, donde él tocaba con la Sinfónica. Yo estaba con mi agente y mi pianista esperando abajo. Viene una limusina y se baja un hombre chiquito, todo vestido de oscuro. Era el maestro. Entró. Nosotros esperamos 5 minutos y entramos también. Yo iba pálido. “Así deben [de] ir los que van a la guillotina”, me dije. Nos recibió el hijo del maestro y dijo: “Ahí viene papá”. Entró el maestro y me presentaron. Le hablo en italiano. Él contesta: “Ben…, sentiamo…”. —“Maestro, dove vuole che incommincie?” —”Caro mio, dove vuoi”. —”Bene… Página 21 della edizione Ricordi, Esultate”…

    Menos mal que salió bien… Pasamos al duetto Gia nella notte densa. Comienzo a cantar y de pronto me doy cuenta, Toscanini se había sentado al piano. Mi pianista había desaparecido y el maestro me cantaba la Desdémona con esa voz rasposa que tenía y no siempre entonada. Me interrumpe y me dice: “Ma qui non c’è passione, non c’è desiderio, non c’è erotismo. Ma tu che fai con una donna…?”.

    (más…)

    Ramón Vinay y Martha Mödl, en ‘Tristán e Isolda’, 1958

    Jueves, Enero 4th, 2007

    Martha Mödl y Ramón Vinay: duó del Segundo Acto de Tristán e Isolda, Wagner. New York Philharmonic. Dirige: Leonard Bernstein. 1958.