Archive for the ‘Rockwell Blake’ Category

Flórez, Spagnoli/ Blake, Nucci/ Wunderlich, Prey/ Alva, Gobbi/ Alva, Prey/ Domingo, Domingo/ Landi, Franci/ Monti, Panerai: ‘All’idea di quel metallo’…

Jueves, Abril 29th, 2010

30 de abril, a las 7:15

  • Nicola Monti y Rolando Panerai. RAI, 1954
  • (Gracias, Mefisto)

    30 de abril, a las 3:26

  • Luigi Alva y Hermann Prey. 1972
  • Plácido Domigo (Fígaro y Conde de Almaviva): final del dúo. ‘Homenaje a Sevilla’. 1981
  • Bruno Landi y Benvenuto Franci. 1930
  • (Gracias, Juan)

    30 de abril, a las 12:25

  • Luigi Alva, Tito Gobbi. 1957
  • (Gracias, Victoria)

    * *
    -.-

  • Dúo de Fígaro y el Conde de Almaviva (All’idea di quel metallo…) del Primer Acto de El barbero de Sevilla, Rossini. Por:
  • Juan Diego Flórez y Pietro Spagnoli. Teatro Real, 2005
  • Rockwell Blake y Leo Nucci. Met, 1989
  • Fritz Wunderlich y Hermann Prey. Programa TV. 1959
  • (Gracias, Pablo)

    http://www.metro.co.uk/metrolife/43947-pl-cido-domingo-hommage-a-sevilla

    Rockwell Blake, el tenor rossiniano por excelencia de los últimos años

    Martes, Marzo 23rd, 2010

    Mar de historias

    Rescatamos un comentario del fondo del mar. La semblanza que de Rockwell Blake elaboraba hace unos días Paco Roa (gracias mil).

    007Por Paco Roa

    «(…) Lo que sí quería es, aprovechando que de refilón salió a colación el tenor rossiniano por excelencia de los últimos años y uno de los cantantes que meritoriamente más contribuyó al renacimiento de la obra de Rossini en nuestros días, hacer una mínima semblanza de Rockwell Blake que, así lo creo, bien se lo tiene merecido.

    Como pueden ver, al final siempre cada loco con su tema. Tenemos que reconocer además que el norteamericano, no obstante su exitosa y premiada carrera en repertorio tan exigente, apenas sí gozó de predicamento alguno entre los “foristas” y eso es algo que me propongo reparar. Vamos, pues, con ello.

    Blake contó de partida, mal asunto, con dos no pequeños hándicaps, de esos que, diría yo, sistemáticamente hacen que el grueso de la afición —mucho más entregada y rendida (¿sin condiciones?) a las voces grandes, opulentas, con brillo y bien timbradas que poseen otros tipos de bizarros tenores más “agraciados”— postergue a un segundo término, casi a la marginalidad, a quienes “adolecen” de los mismos: un instrumento vocal pequeño y, para más inri, a decir de muchos acidulado y falto de belleza.

    Si a esto añadimos la elección de un repertorio altamente especializado que no está al alcance ni en el interés del gran público, irremediablemente la carrera del norteamericano estaba predestinada a una minoría, la que gusta salirse de los caminos más trillados y que aprecia en los cantantes otras cualidades además de una robusta voz más o menos bonita.

    Rockwell BlakeTras formarse musicalmente en su localidad natal de Plattsburgh, muy cerca de Nueva York, y perfeccionar la técnica canora con la que ha sido su única maestra, Renata Carisio Booth, consiguiendo al cabo su proverbial fiato y una perfecta emisión en la “máscara” que le es característica, en 1977 Blake debuta profesionalmente en el Kennedy Center de Nueva York, siendo el Lindoro de La Italiana en Argel.

    [Pour mon âme]

    Desde un primer momento me interesa subrayar un aspecto fundamental de la particular forma en la que ha entendido la profesión este fantástico tenor, toda vez que el mismo será el santo y seña de tan grande artista desde sus comienzos: jamás Rockwell Blake, y eso que, dada la enorme facilidad para el virtuosismo que posee y una agilidad vocal sin parangón hubiera sido lo más cómodo, sucumbió a la tentación de hacer de éstos un fin en sí mismos, un permanente alarde sin más de sus soberbias facultades canoras, antes al contrario, tan privilegiada capacidad para la más compleja coloratura quedó siempre al servicio de las exigencias teatrales.

    Y así ha conseguido, antes que nada, sabiendo velar cualquier signo exterior de semejante superioridad que pudiera interpretarse como un lucimiento personal al margen de la dramática, y, en última instancia, vía introspección y concienzudo estudio de los rasgos esenciales y del modo de ser de cada personaje por él abordado, memorables caracterizaciones dentro de su repertorio que hoy están consideras como no superadas (véase, p.ej., su más que lograda composición del Conde Almaviva que ha paseado por todo el mundo).

    Y fíjense que este, cómo diríamos, complicarse la vida sin necesidad para, en definitiva, hacer buen teatro, podría servirnos de percha en la recuperación de aquel otro estimulante debate de hace algunos meses sobre la voz versus la interpretación en ópera.

    Rockwell Blake__Seguimos. Un dato acaso no demasiado conocido del currículo de este cantante, es su proclamación como ganador de la primera edición del prestigioso Concurso de Canto Richard Tucker, allá por el año 1978, lloviéndole a partir de ese triunfal momento no pocos contratos hasta llegar su debut, tres años más tarde, en el más importante coliseo norteamericano, el Metropolitan.

    Bajo la tutela del célebre bajo-barítono ya retirado George London, cuyo interés había despertado el debutante, Houston, Filadelfia, Chicago y, entre otras renombradas plazas de su país, San Francisco serán testigo en estos primeros años de carrera de sonados éxitos personales que irán afianzado al joven intérprete en la que habrá de ser su especialidad belcantista por la que, sin tardar, le llegará el reconocimiento mundial, Rossini.

    [Ecco, ridente in cielo]

    Del maestro de Pésaro, Rockwell Blake ha cantado con igual buena fortuna hasta un total de dieciocho títulos, convirtiéndose así en el mayor experto de esta obra de su cuerda y, así lo creo, el más destacado epígono contemporáneo del legendario Giovanni David, el primer contraltino rossiniano de la historia; Blake, explicitando la perfecta comunión que mantiene con su operista de cabecera, llegó a afirmar que “Rossini está hecho para mí y yo estoy hecho para Rossini”.

    (más…)

    Nuestros cantantes favoritos: ¿la objetividad existe o más bien la ‘fabricamos’ ad hoc?

    Lunes, Septiembre 17th, 2007

    Rescatamos un comentario del fondo del mar, firmado por Salvador, que podría generar un interesante debate.

    Quedan ustedes expresamente invitados a participar en él.

    Tendemos a hacer Leyes Universales de nuestros gustos y pecamos [a veces] faltando a los que no los comparten.

    En algunos casos existen más valores objetivos a la hora de valorar una voz o una interpretación de los que pensamos, pero generalmente despreciamos/obviamos esos valores para mantener nuestras posiciones, y en ocasiones vemos/oímos cosas que no existen.

    Qué valoramos más en una voz, la personalidad del cantante (su plante, nación, etc.), qué nos emociona más, qué nos conmueve más: su timbre, su tesitura, su musicalidad, su color, su luz, su cuerpo, su volumen, su fuerza, su potencia, su bravura, su lirismo, sus agudos, sus medios tonos, su fraseo, su versatilidad, su fiato…, su técnica (colocación, fonación, emisión, proyección, acústica, longevidad…)…

    El tenor que simplemente se aproxime a la combinación de estos valores que más nos gustan será nuestro tenor favorito.

    Soy un enamorado de la voz de tenor, y me gustan, en mayor o menor medida, prácticamente todos, Kraus, Pavarotti, Carreras, J. Aragall, Domingo, M. Fleta, Fernando de la Mora, Fabio Armiliato, Mauro Ermanno, Di Stefano, Gigli, N. Gedda, M. Lanza, etc., etc.

    Todos tienen mejores y peores interpretaciones, algunas son realmente maravillosas, otras mediocres. No existe nadie que cante todo mejor que los otros, hay temas que los hacen mejor unos y otros (…).

    Flórez ha mejorado muchísimo a lo largo de estos años. El repertorio rossiniano, bien interpretado, requiere unas agilidades que muy pocos pueden realizarlas (algunos hacen unas pocas y además desafinan).

    No voy a entrar a la calidad de musicólogo, que es reconocida hasta por los que le aborrecen (que desgraciadamente son muchos), sino al tenor: vocalmente Blake tiene varias épocas: la de los años 70 (finales) y primeros de los 80, la de mediados de los 80 principios de los 90, mediados a finales de los 90, y 2000.

    La diferencia tímbrica y de coloratura de Blake en esos períodos es substancial, pasando de lo único y excepcional, para llegar ahora a la decadencia; eso lo podemos comprobar en las versiones colgadas en You Tube.

    A veces existe alguna versión que demuestra la capacidad de un tenor, por favor, comprobad esta maravilla. Coged cualquier versión de este aria “Sì, ritrovarla io giuro”, por ejemplo:

  • Juan Diego Flórez: aria de Ramiro del Segundo Acto, Escena II, de La Cenerentola, Rossini
  • ¿Cómo se puede decir que este aria está mal cantada/interpretada? (…).

    Sin embargo, escucho la siguiente versión y aún no me creo que se pueda hacer esto (en su primera época, naturalmente):

  • Por Rockwell Blake
  • Sin ánimo de nada, no he visto estas facultades a nadie.

    Reitero, en ocasiones sí existen valores objetivos.

    Gracias, Salvador

    ¿Qué opinan ustedes?

    1. ¿Solemos ser objetivos cuando valoramos la voz o la actuación de un cantante determinado?

    2. ¿Mostramos tendencia a sustentar, consciente o inconscientemente, un juicio previo ya formado?

    3. ¿La objetividad absoluta existe o en cierto modo la ‘fabricamos’ a nuestra medida?

    (Ilustraciones: 1 y 2).