Alguien preguntó una vez en este blog; en sus inicios, si no recuerdo mal: “¿Hay que ser siempre tan serio?”.
Pues no. Y de hecho creo que no lo somos. Para hablar de ópera no hay que ponerse necesariamente de tiros largos.
La semana ha terminado y vamos a despedirla con una sonrisa. Ya que anduvimos durante casi siete días venga ir y tornar a Surriento, ya que nos volvimos locos con la napolitana perdida y hallada en el Olimpo, escuchemos a aquel que, allá donde esté, debe de andar muy enojado con nosotros (perdón, conmigo) por haberle tomado por otro.
Hace tiempo que me llamó la atención un artículo del gran pianista Miguel Zanetti, fallecido el pasado 19 de febrero, que tituló (o así se lo titularon quizás) El pianista acompañante.
Reivindica Zanetti en su escrito (desconozco la fecha exacta de redacción, pero él mismo dice que se encontraba ya en la etapa final de su carrera) una verdad de la que con frecuencia solemos olvidarnos:
“El pianista que se sienta al piano junto a un cantante, es un músico que hace auténtica música de cámara, y no acompaña”.
“Insisto una vez más —subraya Zanetti— en que al pianista que se sienta a interpretar un lied o una sonata (ya no lo llamo acompañante) hay que considerarle de una vez para siempre un pianista de cámara y olvidar esa santa palabra de acompañante”.
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El pianista acompañante
Por Miguel Zanetti
Hace varios años una buena amiga y música, una de las mejores profesoras de Solfeo que ha habido en España, Remedios de la Peña, y yo, nos pasamos varios meses buscando una palabra que sustituyera a la peyorativa “zarzuelero”, por otra que valiera para los que nos gusta muchísimo la zarzuela, sin que se nos tachase de tener mal gusto. Por fin encontramos la palabra “zarzuelístico”. La verdad es que ahora llevamos años enteros intentando buscar una que sustituya a la de “pianista acompañante”, y aún no la hemos encontrado.
En casi todas las lenguas se llama de una forma parecida. “Accompanist” en Inglés, “Begleiter” en alemán”, “Pianista accompagnatore” en Italiano, y “Accompagnateur” en francés. En Alemania se denomina a las canciones de concierto con el género específico de “lied”, o también el de “gesänge” a las de menos transcendencia; en Francia “melodies”, en España “canciones de concierto”.
Sin embargo, es curioso que sea precisamente en Italia donde las Canciones de los operistas, que son de todas en las que menos importancia tiene el piano, sean conocidas como “composizione di camera”. Pero en el fondo lo que tenemos que hacer no es encontrar una nueva palabra, sino reivindicar que al pianista colaborador de cantantes o instrumentistas se le dé otro rango distinto del que se le viene dando hasta ahora. Como yo ya estoy al final de mi carrera, espero que nadie crea que lo hago para echar harina a mi costal, sino solamente pensando en la profesión y en los que vienen detrás.
Y no podemos quejarnos; yo recuerdo unos viejos discos de 78 rpm, con nada menos que las dificilísimas canciones “Playeras” de Oscar Esplá (sobre todo para el pianista), en los que no recuerdo el nombre de la cantante, pero en la carátula del disco, ni siquiera figuraba el nombre del pianista.
—Victoria y usted han estado siempre muy unidas, muy cerca. ¿Cómo ha influido en su carrera artística?
—[...] Victoria influyó muchísimo porque [...] yo nunca pensaba que iba a ser una cantante. Yo estaba estudiando, hice mis ocho años de piano, estudiaba música de cámara [...], empecé a estudiar violoncello, estudiaba composición, estudiaba… de todo [...], y pensaba ser, pues no sé, una pianista a lo mejor. Pero parece ser que toda la gente me decía: “Y con esa voz que tienes…”.
[...] Victoria era mayor que yo, no sé cuántos años, pero lo suficiente como para que cuando yo estaba estudiando, Victoria estaba ya cantando, estaba saliendo. Y en aquellas radios que había de después de la guerra, pues mi padre me decía: “Fíjate, esta chica catalana cómo canta”. Y me decía: “¡Es un ángel!”.
Exultate, jubilate
o vos animæ beatæ,
dulcia cantica,
cantica canendo cantui
vestro respondendo
psallant æthera cum me.
Fulget amica dies,
jam fugere et nubila
et procellæ,
exortus est justis
in exspectata quies.
Undique obscura regnabat nox,
surgite tandem læti,
qui timuistis ad huc,
et jucundi auroræ fortunatæ
frondes dextera plena et lilia
date.
(Andante y allegro)
Tu virginum corona, tu nobis
pacem dona, tu consolare
affectus, unde suspirat cor. Alleluja, alleluja.
El sello Columna Música recuperará y actualizará la discografía de Victoria de los Ángeles, editará grabaciones inéditas suyas y también incorporará la discografía descatalogada de la artista catalana en colaboración con la Fundación que lleva su nombre. Todo esto se hará a razón de tres o cuatro títulos por año.