Jaume Aragall: “Me ha pasado una cosa que nunca me había ocurrido y que ha sido enamorarme de una de las canciones que interpreto. Esa canción es Damunt de tu, només les flors, que cada vez que la canto me llega verdaderamente al corazón”.
Damunt de tu només les flors.
Eren com una ofrena blanca:
la llum que daven al teu cós
mal més seria de la branca.
Tota una vida de perfum
amb el seu bes t’era donada.
Tu resplendies de la llum
per l’esguard clós atresorada.
¡Si hagués pogut ésser sospir de flor!
Donar me com un llir a tu,
perqué la meva vida s’anés marcint,
s’anés marcint sobre’l teu pit.
I no saber mai més la nit
que al teu costat fora esvaida.
“La mezzosoprano valenciana Silvia Tro Santafé adquirirá desde el próximo martes en el Teatro Campoamor la forma y el fondo de Rosina, el personaje de la obra de Rossini, El barbero de Sevilla.
Comenzó el año travistiéndose de Medoro, en el Orlando, de Händel, y finaliza el curso con la ópera bufa por excelencia. Ella dice que no es tan difícil esa versatilidad. Y ríe con aire limpio y contagioso”.
Alberto Piquero
—Rossini compuso El Barbero de Sevilla en menos de dos semanas. ¿Una demostración de genio o las circunstancias de la época?
—En ese tiempo, a los compositores se les comisionaba para una obra y había que ponerla en pie en el tiempo señalado. Aunque también es verdad que Rossini dejaba en ocasiones todo para el último momento. No era un gran planificador, cambiaba muchas cosas sobre la marcha, lo que da muestra de su flexibilidad. Incluso hubo circunstancias en las que sustituyó a un músico, un contrabajo, que no pudo acudir al concierto. Y, claro, era un genio.
—¿Qué tipo de comicidad dentro de la ópera bufa representa El Barbero de Sevilla?
—Es la Comedia del Arte, que acaba bien, deja una moraleja y habla de un amor irrefrenable.
—Aunque Stendhal aseguraba que Rossini no sabía escribir sobre el amor….
—Sí, es curioso que no haya ni un solo dueto de amor. Puede que en ese sentido, no quisiera ser demasiado formal. Hay un elemento de ironía en todas sus obras, que siendo serias, poseen una gran vertiente de humor. Aquí pudo interesarse más por la comedia de enredo que por los sentimientos.
—Algunas cantantes admiten que Rossini las deja exhaustas. ¿Le ocurre algo semejante?
—Sí, en principio parece que es fácil su ligereza, pero no lo es en absoluto. El bel canto exige una precisión germana, por así decir.
—¿Hay alguna definición precisa de lo que es el bel canto?
—Está en la expresión misma, canto bello, de frase larga, donde no sólo se cantan notas y texto, sino que existe una intención estética que se aleja de lo artificioso.
—Durante varias décadas, Rosina ha estado interpretada por sopranos. Ahora parece recuperada para mezzos. ¿Cuál es la solución ideal?
—Rossini la escribió para una mezzo. Pero pueden hacerse variaciones. Aunque la verdad es que en pasajes como el dueto con Fígaro, la voz de la soprano tal vez resulte excesivamente grave.
—A principios de año encarnaba a Medoro, en Orlando, de Händel. ¿Hay alguna tangencialidad con Rosina o debe mudarse de piel por completo?
—No veo razones para oponer a Händel y Rossini. Sería diferente en el caso de Puccini. O pasar de Verdi a Händel.