Archive for the ‘Fausto, Gounod’ Category

José Mojica, Fray José de Guadalupe (II)

Wednesday, August 11th, 2010

  • Mojica: Adiós, amor (Ernesto Lecuona)
  • Vamos con el primero de los tres testimonios sobre José Mojica (el segundo, mañana). Fue publicado en la revista Mundo gráfico, Madrid, el 10 de octubre de 1930.

    Los vídeos son cortesía de Nicolás Camilo (gracias, Nicolás). El de ‘Amores y amoríos’, de Joe Mero: gracias).

    Mundo gráfico, 10 de diciembre de 1930

    Mundo gráfico, 10 dic 1930Artistas de Méjico

    Unas horas con José Mojica

    “Marchar bajo el cielo del Sur de California, azul, claro, transparente casi de continuo, es un placer tan grande siempre!… Vamos en automóvil, desde Hollywood hasta las bellas cercanías de Santa Mónica, un joven mejicano, correcto y amable, secretario de José Mojica, que guía el coche; el artista compatriota nuestro Francisco Moré de la Torre y yo.

    Avanzamos por caminos a trechos sombreados por eucaliptos, palmeras y pimenteros, alineados e inmóviles. Pasamos frente a casitas rodeadas de jardines, junto a huertas de naranjos y manzanares pomposos, ante abullonadas colinas de tierra parduzca, medio vestidas de matojos de verdor obscuro, sobre los cuales alzan aquí y allí su copa maciza y redonda encinas de tronco retorcido y rotundo.

    El automóvil, por caminos que serpean caprichosamente entre campos verdegueantes y descampados arenosos, trepa a una cuesta empinada o se lanza en rápido descenso al fondo de un vallecito entapizado de hierba jugosa, sobre cuya felpa de esmeralda se han abierto hoy multitud de flores diminutas, doradas, azules, de un malva suave, de un rojo sanguinolento o de una blancura inmaculada.

    Allá a lo lejos, en el fondo azul del horizonte ilimitado, centellea el mar, que nos saluda azotando nuestro rostro y revolviéndonos los cabellos con su brisa fresca y salina, que respiramos deliciosamente. Desde esta altura distinguimos ya el tejado, y en parte los muros de la casa de José Mojica, el tenor mejicano, tan querido del público de este país, en donde su dueño nos espera.

    Esta casa, en que el artista lleva una vida retirada, sencilla y laboriosa, situada en pleno campo y no lejos del mar, es —nos acaba de decir su secretario—reproducción casi exacta del rancho de San Gabriel, o Cerrito Colorado, donde nació y pasó los primeros años de su existencia el aplaudido tenor, allá en su país, en el estado de Jalisco, y cerca del volcán Colima.

    José Mojica

    A la puerta de su casa, con gesto fino y acogedor, salea a recibirnos José Mojica. Y momentos después nos hallamos en una morada que en todo revela el bienestar, la sencillez, el buen gusto en el mobiliario, en los libros y los objetos de arte que tenemos ante la vista. Y se respira en ella un ambiente de paz sedante y de familiaridad encantadora que rara vez, si alguna, pudiéramos encontrar en las casas de los artistas de Hollywood más favorecidos por la diosa Fortuna.

    Charlamos un buen rato en la biblioteca de Mojica, junto a la chimenea llameante, éste, Moré de la Torre y yo. Y mientras hablamos, y luego, al pasear por el jardín, a medio plantar todavía, pienso, con el caprichoso desorden de la imaginación, que gusta volar a su antojo sin preocuparse de la sucesión precisa de tiempos y lugares, en hechos de la vida de nuestro amigo, que fui conociendo poco a poco, y en los cuales pongo ahora algún orden para satisfacer las curiosidades del público lector.

    José MojicaComo ya indiqué cantes, José Mojica nació en Jalisco (Méjico) y en el rancho de Cerrito Colorado o de San Gabriel, hacienda azucarera y de café. Cuando contaba el futuro artista seis años murió su padre. Pasaron su madre y él a Guadalajara y a la ciudad de Méjico. Se educó en el Colegio Católico Francés del Sagrado Corazón y en las Escuelas Nacionales.

    En Méjico se percibía a la sazón por todas partes, más intensa en unos lugares que en otros, pero viva por dondequiera, una sed, una verdadera fiebre impulsiva de cultura. Mojica, el adolescente de espíritu curioso y entusiasta, vacila entre distintos rumbos. Ingresa en la Escuela de Agricultura, a fin de continuar la labor paterna, ensanchándola y aumentando su rendimiento, mientras comienza entonces a sentir la poderosa atracción del arte.

    José MojicaDesde aquella época es un inteligente aficionado de la pintura, y ya por entonces se iba iniciando en los estudios musicales. Comienza a cantar en coros, por pasar el tiempo, como una distracción ligera e inocente en un principio. Pero muy pronto decide consagrar al canto su vida entera. Y ya no habrá de apartarse jamás de esa ruta, en la que le aguardaban, como a la mayoría de los grandes artistas, luchas, pruebas y sacrificios numerosos y duros antes del triunfo definitivo.

    Una de las revoluciones mejicanas privó a los Mojica de la hacienda de San Gabriel. En medio de las dificultades mayores y más descorazonadoras por que quizá hayan atravesado nunca el tenor de la Chicago Civic Opera y su madre, la bondadosa y simpática señora a quien acabamos de conocer, toda devoción y espíritu de sacrificio para su hijo (una madre muy de nuestra raza), se toma la decisión de no perdonar medio —¡y se dispone de tan pocos!— para que Mojica, si ha de consagrar su vida al arte, llegue a ser un gran artista.

    Y la dama ejemplar, que me parece estar reviviendo al escribir estas líneas, da a su hijo casi todo el dinero con que cuenta: los últimos quinientos dólares puede decirse, resto del naufragio de una buena fortuna, amasada por el talento, la honradez y la laboriosidad, y destruida por los golpes del azar y de las pasiones y los fanatismos desbordados.

    Mojica se dirige entonces a Nueva York, decidido a luchar sin tregua ni respiro hasta conquistar el triunfo y la fortuna. Pero la época de su llegada es la menos propicia que pudiera haber para la realización de los planes del joven entusiasta e inexperto.

    Los Estados Unidos acababan de entrar en la guerra europea, y no le era posible encontrar ocupación como cantante en ningún sitio. La bohemia artística, trabajosa, amarga en todo lugar, ha de ser terrible en una ciudad monstruosa y dura como Nueva York, sobre todo al estar, como entonces, en plena agitación guerrera.

    José Mojica, el exquisito artista de hoy, tuvo que decidirse a trabajar entonces en una oficina, recibiendo como retribución de sus tareas enojosas doce dólares por semana, de los cuales enviaba una parte a Méjico, a la buena madre, que allí —desposeída de todo— esperaba y soñaba con el triunfo del hijo.

    Después de ocho meses regresa a Méjico para cantar como segundo tenor en una compañía organizada por Sigaldi, y de la que formaba parte Polacco, como director de orquesta; Rosa Raisa, Lázaro, Edith Mason, entre otros.

    Vuelve con esos artistas a los Estados Unidos para cantar en Chicago como segundo tenor igualmente. Al día siguiente de su primera aparición firmó un contrato por cinco años. Empezó a cantar como primer tenor en las óperas de Le Pardon de Ploërme y Thais, con Amelita Galli-Curci y Mary Garden, a quienes recuerda siempre con simpatía y gratitud.

    Retrato al óleo de José Mojica (barcena1901-100)

    Retrato al óleo de José Mojica, 1929 (Macena Barton, 1901-1986).

    Mojica, no sólo en las temporadas de ópera de Chicago, sino en sus tournées de conciertos por todo el país, ha obtenido grandes éxitos. También los principales estudios de Hollywood se han disputado a José Mojica ofreciéndole enviables contratos. Después de algunas vacilaciones por parte del artista, aceptó las proposiciones de Fox, en cuyos estudios ya ha representado la figura principal en dos películas, cantadas en inglés y en español: One Mad Kiss (El precio de un beso) y The Love Gambler, de la cual desconozco aún el título castellano. Ya ha triunfado también José Mojica en este nuevo aspecto de su actividad, en el cual le aguardan, sin duda, numerosos triunfos.
    José Mojica, Fray José de Guadalupe

  • Amores y amoríos
  • Pero no puede uno menos de preguntarse, un tanto indeciso, si será el cinematógrafo la verdadera, la definitiva ruta para un artista de tanto talento como Mojica.

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    Grace Moore, Georges Thill y André Pernet, en ‘Louise’

    Tuesday, June 1st, 2010

    Grace Moore

    Nos invitaba José Carmelo hace unos días a escuchar a dos cantantes que aún no teníamos en casa:  la soprano estadounidense Grace Moore y el bajo-barítono francés André Pernet.

    Gracias, José Carmelo.

  • Grace Moore: Depuis le jour, aria de Louise del Tercer Acto de  Louise, Gustave Charpentier. 1937.
  • Depuis le jour
    où je me suis donnée,
    toute fleurie semble ma destinée.
    Je crois rêver sous
    un ciel de féerie,
    l’âme encore grisée
    de ton premier baiser!

  • Con Georges Thill, en el film ‘Louise’ (1938).
  • Con André Pernet, en la misma película
  • nota

  • Más audiciones de Moore
  • Actualización (21/04/2014)

  • André Pernet: la ronde du veau d’or
  • Adiós a Giuseppe Di Stefano (1921-2008)

    Monday, March 3rd, 2008

    Una furtiva lágrima, todas las lágrimas. Hasta siempre, Pippo.

  • Corriere della Sera
  • Mi par d’udir ancora…

    Actualización (04/03/08)

  • El País
  • El Diario Montañés
  • ABC
  • Página 12
  • Giuseppe Di Stefano: Salut!, demeure chaste et pure, aria del Tercer Acto de Fausto, Gounod. 1950.
  • (Gracias, Silvio Iván Bendaña)

  • Habla el tenor sobre los orígenes de su carrera artística.
  • (Foto)

    ‘Le veau d’or’, por Feodor Chaliapin

    Tuesday, May 15th, 2007

  • El legendario Chaliapin: Le veau d’or (El becerro de oro), aria de Mefistófeles del Segundo Acto del Fausto de Gounod. Wagner: Michael Cozette.