Archive for the ‘La favorita’ Category

Stracciari, “que cautiva por su magnífica voz, su impecable dicción y su refinado estilo de canto”

Sunday, January 9th, 2011

  • Stracciari: Piangi, fanciulla (dúo de Gilda y Rigoletto del Acto II, Escena VI).
  • Con Mercedes Capsir. 1928.
  • ('Caras y caretas, Buenos Aires,

    ('Caras y caretas', Buenos Aires,11 de agosto de 1906).

    “Poseyó una voz poderosa y homogénea, que le permitió abordar con comodidad el vasto dominio del repertorio italiano, desde fragmentos belcantistas hasta declamaciones veristas”, reseña Patrón Marchand sobre Riccardo Stracciari (1875-1955) en su libro Cien grandes cantantes del pasado.

    Se sentía realmente identificado con los personajes que interpretaba. “La voz que nos dejan oír las viejas grabaciones Fonotipia y Columbia luce pareja y suntuosa en la mayoría de los casos y lo coloca, sin ninguna duda, entre los primeros barítonos de su generación como De Luca, Scotti, Galeffi, Ruffo, Denise y Amato“.

  • Vien Leonora, a piedi tuoi…, aria de Alfonso del Segundo Acto, Escena II, de La favorita, Donizetti. 1925.
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    La Escuela de Canto Alfredo Kraus

    Monday, September 20th, 2010

    Alfredo Kraus

    Una buena noticia, publicada en el once aniversario del fallecimiento de Kraus, y que no parece haber originado en los medios gran repercusión: “La Escuela Superior de Canto Alfredo Kraus inicia su andadura“. Con sede en Las Palmas de Gran Canaria, donde se trasladará la Fundación que lleva el nombre del tenor, estará dirigida por su hija, Patricia Kraus Ley, “heredera directa de la técnica de su padre”.

    “Nacerá con el propósito de dotar a la ciudad de un centro de alta formación profesional dirigido a los jóvenes cantantes de talento, tanto de las islas como del resto de la península y también de la comunidad internacional. (…)

    La escuela acogerá a estudiantes de todas las nacionalidades y contará con un excelente cuadro de profesores de reconocido prestigio nacional e internacional bajo la dirección de la cantante española Patricia Kraus, hija de Alfredo, que cuenta en su bagaje profesional con una amplia carrera como pedagoga, además de ser heredera directa de la técnica de su padre el gran tenor”.

  • Más, en laprovincia.es
  • Una audición sobre la técnica de canto del gran Kraus que Werther nos recomendó en su momento (gracias mil, Werther).

  • Alfredo Kraus: Spir’to gentil, La favorita, Donizetti. ¿1971? Análisis y comentarios: Ricardo de Cala
  • La mezzo, contralto, Gabriella Besanzoni

    Wednesday, May 19th, 2010

    Gabriella Besanzoni

    [Besanzoni: S’ apre per te il mio cor… (Mon coeur s’ ouvre a ta voix). 1920]

    “La Besanzoni, romana, era una contralto con agudos fáciles como los de una soprano.

    Extraordinario personaje también en la vida, era de tipo clásico en ciertas óperas y extremadamente agresiva en otras. Veinte años después, si por acaso abría la radio para escuchar alguna muestra de la resplandeciente juventud vocal de la Stignani o de la Pederzini, resonaban sonrisas irónicas. Nada al confrontarlas con la Besanzoni.

    ¿Cómo podía ignorar que cuando la Besanzoni entraba en el escenario, en la Carmen, atravesaba el escenario corriendo vertiginosamente, como un velocista, y que en el duetto final, antes de dejarse matar, luchaba de verdad con José y salía a veces maltratada y arañada?”. [Rodolfo Celleti, en Memorie d’un ascoltare]

    Quien más sabía sobre  la mezzosoprano, contralto, Gabriella Besanzoni era  Roberto Di Nóbile Terré, investigador de ópera nacido en Rosario (Argentina) que vivió en España durante muchos años. Di Nóbile la trató de cerca: fue su maestra de canto en Roma entre mayo de 1958 y junio de 1960. Durante aquellos dos años, Roberto, que se aburría en las clases porque eran demasiados alumnos y había que esperar turno para recibir atención personalizada (a menudo, insuficiente), aliviaba la espera armado de bolígrafo y papel, anotando cuanto transcurría en las clases y cuanto contaba doña Gabriella.

    Di Nóbile tomó notas, muchas notas. Cuando regresa a su casa, las pasa a limpio y les da forma. Con ellas fue elaborando un relato en forma de diario: el origen de la biografía de la Besanzoni (Gabriela Besanzoni), publicada en 1996. Doña Gabriella se percató enseguida de sus intenciones, cómo no, y entre divertida y halagada, colaboraba revelando detalles, sumando anécdotas.

    Con estas palabras lo cuenta Di Nóbile en su libro:

    —Hace algún tiempo que te veo tomar notas. ¿Puedo preguntar para qué lo haces? —me interrogó con un dejo de picardía—, y  yo que estoy casi seguro de que se lo imaginaba, le contestó muy serio y sin titubear:

    —Estoy tomando notas para escribir su biografía.

    (…) a renglón seguido suelta su ya acostumbrada, amplia y brillante carcajada, para agregar a continuación:

    —Pues si es así, te voy a contar…

    Y me relató en pocos minutos varias anécdotas, chistes, en fin, recuerdos de vivencias pasadas.

    María Ros, Gabriella Besanzoni y Giacomo Lauri-Volpi.

    María Ros, Gabriella Besanzoni y Giacomo Lauri-Volpi.

    Los detalles que sobre su vida personal o sobre su carrera artística va revelando a su alumno doña Gabriela surgen a menudo espontáneamente, entre lección y lección. En una de esas ocasiones, le habló la Besanzoni a Di Nóbile sobre su infancia y sus maestros de canto.

    Besanzoni y CarusoNací en Roma, en la Madonna del riposo, el día… bueno, pasemos por alto ese pequeño detalle, no creo que la fecha le interese a nadie, y luego nos trasladamos al centro en Via del Tritone.

    Mi madre se llamaba Angiolina Spadoni, casada en primeras nupcias con Colasanti, de quienes nacieron Arduino, Arnaldo y Manfredo. (…)

    Mi padre, Francesco, era alto, flaco y de tipo bastante españolesco. Anticuario de profesión, de posición económica bastante buena, aunque posteriormente se vino abajo, por algunos negocios de malos resultados.

    Estudié de pequeña en un colegio de monjas y ya desde aquella época me gustaba cantar, tanto que los vecinos me invitaban a sus casas para ello. Los estudios de canto los empecé por insinuación de Natalia, sobrina de mi madre, a quien le decía ésta: “Como yo pienso vivir poco, tendrás que encargarte tú de hacerla estudiar canto…”.  Adriana y Ernesto fueron mis únicos dos hermanos.

    Besanzoni (Carmen)Los siguientes estudios los hice también con las monjas en el Instituto Religioso Magistral, y en la capilla solía cantar a veces.

    Más tarde la familia se mudó cerca de los jardines Vaticanos. Posteriormente frecuenté como externa el Colegio Maria Bambina, siempre en Roma. Tendría unos 15 años cuando empecé a estudiar canto seriamente. Mi padre conocía a un maestro, barítono ya retirado, casado y con hijos, y allí me llevó. El primer día y mientras subía las escaleras del Palacio Francesco Crispi, sentí una gran emoción. Canté como prueba ‘O sole mio’ y ‘Mari, Mari’.

    Al mismo tiempo que estudiaba canto, simultaneaba lecciones de piano con la mujer del Maestro. Pero ocurre que después de un tiempo, el Maestro empieza a leerme poesías y todas coincidían en temas sobre el amor. La cosa empezó a molestarme un poco, porque se repetía todos los días, y llegó al colmo de insinuármelo verbalmente. Se lo cuento a mis padres y deciden retirarme mandándome a la casa de mi hermano en Pesaro. Mi cuñada era una buena mujer, pero por su aspecto y su carácter se parecía más a un Brigadiere di Carabinieri. Para hacerme pasar el mal rato de Roma, insistía siempre en que le cantara canciones populares, que a mí de paso, me gustaban mucho.

    También aquí tuve algunas complicaciones amorosas, ya que un joven de muy buena posición quería formalizar relaciones conmigo, y claro está que ni yo no tenía intenciones, y mucho menos mis padres, quienes después de un tiempo me llevaron de vuelta a Roma.

    Su padre consigue entonces que le escuche cantar el maestro Alessandro Maggi: “Hago una prueba para él, pero tuvimos que desistir, cuando nos pide 60 liras por lección de 1 hora”. No se lo pueden permitir, y Gabriella ingresa en el Conservatorio, donde recibe clases de la profesora Tangiorgi Curtica. “Me hacía estudiar de soprano ligero, y vocalizar hasta el Fa sobreagudo. Como resultado y al cabo de varios meses había perdido totalmente la voz”.  Recurren entonces al maestro Maggi,  quien “en poco tiempo volvió a dejarme la voz en su sitio”, concluye la Besanzoni.

    [Besanzoni: È’ l’amor uno strano augello (L’amour est un oiseau rebelle). 1931]

    Besanzoni y Schipa

    “Para el público de su tiempo, Besanzoni era el sinónimo de Carmen, ya que poseía todas las cualidades indispensables para un perfecto desempeño del papel; el físico, la voz y ese magnetismo especial que la hacía llegar a la audiencia. Casada con un millonario, le gustaba presentarse en el último acto de la ópera de Bizet con alhajas de gran valor, seguramente inadecuadas para el carácter de la gitana, pero que ciertamente contribuían a dar una imagen reluciente, que, sumada a la espectacularidad del canto, producía un efecto sin igual”. [Patrón Marchand]

    “Los españoles la enaltecieron; los argentinos y brasileños se la disputaron; los italianos no la comprendieron bien, o no la siguieron lo bastante para comprenderla. Pero es la última voz de mezzo-soprano, contralto, que haya tenido Italia. Las sucesivas, en comparación, parecían jilgueros, mirlos o canarios encerrados en una jaula de metal más o menos preciosa. Les faltaba el espacio, el aroma, el frémito de la libre selva densa de misterio, y de promesas: inagotable y atrayente. (…)

    [O, mio Fernando, La favorita, Donizetti]

    La Favorita, después de la Besanzoni, no ha tenido una Leonora de Guzmán que justifique la tragedia de una mujer, la contienda entre un rey de Castilla que por ella y con ella vive en adulterio y un héroe que deja el claustro y se lanza a la conquista de la virtud y la fama que lo hagan digno de poseer su corazón (…)

    Pero una ópera exaltó singularmente aquella voz y la convirtió en ídolo del mundo ibérico: Carmen. La volubilidad salvaje, voluptuosa y feroz de la gitana ‘de ojos de lobo’ que se contonea, que inspira furtivos madrigales y lanza miradas asesinas, se reflejaba en la mímica, en la voz, en las palabras y en sus expresiones con tal ‘vis’ expresiva y trágica, que producía la ilusión de haber sido amasada con tierra andaluza, cargada de secretos influjos, de resonancias de voces lejanas”. [Lauri-Volpi]

    “Gabriella Besanzoni fue la mezzo-contralto de mayor carisma en el mundo lírico durante el período que abarca desde su debut en el año 1911, hasta más o menos 1935, aunque luego se haya retirado en Roma, Termas de Caracalla, en 1939”, precisa Roberto Di Nóbile, en un artículo publicado en la Red. Resume en él su autor, a grandes rasgos, cómo era el carácter y la personalidad de Gabriella Besanzoni. No voy a repetir lo que él cuenta mejor que nadie: pasen y vean. Y, de paso, éste también.

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    El misterio del testamento de Gayarre (I)

    Tuesday, June 9th, 2009

    Julián Gayarre

    Indagando en la hemeroteca de La Vanguardia, se encuentran cosas tan curiosas como lo que dijo la prensa en 1890 sobre el testamento de Julián Gayarre.

    Gayarre falleció en Madrid, el 2 de enero de 1890. Casi seis años y medio antes, el 23 de agosto de 1883, ya había dejado por escrito el célebre tenor navarro a quiénes nombraba sus herederos universales y a quiénes y en qué cuantía legaba parte de  fortuna.

    Entre los legados en metálico que donó el tenor figura el nombre de una niña quien, con diferencia, resultó ser la mayor beneficiada. Ni siquiera en su testamento quiso confirmar Gayarre el parentesco que le unía a ella, y se limita, sin más, a consignar su nombre: “La niña María Mantilla”.

    No obstante, existía en el testamento una cláusula reservada, que lógicamente no se hizo pública. La prensa de aquel entonces dedujo –concedamos que con más datos e información de los que contamos hoy en día– que aquella cláusula privada estaba relacionada con su hija.

    Por lo que se sabe –muy poco, a ciencia cierta–, María Montilla era hija de la soprano del mismo nombre y del tenor Julián Gayarre. Gayarre no le dio su apellido, pero, obras son amores; es evidente que velaba por ella.

    María Mantilla

    La soprano María Mantilla caracterizada, probablemente, de Anna Bolena.

    Pero ¿quién fue la soprano María Mantilla? No existe mucha información sobre su trayectoria artística (nada vemos en la Red), pero sí se sabe, por ejemplo, que cantó en el Teatro Real en la temporada 1872-1873.

    Debutó con Anna Bolena el 10 de octubre de 1872, y continúo con Gemma di Vergy, ambas obras de Donizetti y ambas estreno en el Real. Intervino después en Los Hugonotes, Il trovatore y Don Giovanni, junto a Roberto Stagno.

    En 1873 canta el Moisés de Rossini y la Norma de Bellini. Su última intervención en el coliseo madrileño fue en un concierto sacro: el oratorio de La Creación de Haydn en marzo de ese mismo año.

    Gayarre debutaría en el Teatro Real casi cinco años después que Mantilla, el 4 de octubre de 1877, con La favorita.

    ¿Cantó María Mantilla en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona? Parece ser que sí, a juzgar por lo que en la hemeroteca hemos  hallado:

    “La empresa del Gran teatro del Liceo ha contratado, en sustitución de la señora Pierson, a la distinguida prima donna María Mantilla”, publican en La Vanguardia el 29 de abril de 1885.

    (La Pierson no fue muy bien recibida en el Liceo y sólo cantó  una sola vez el Don Giovanni, precisaron en el Diario de Barcelona).

    En la edición del día siguiente, 30 de abril, se anuncia que “La señorita Mantilla, deseando contribuir al mayor brillo de la función ha accedido a debutar con la ópera Amleto y encargarse de la parte de ‘Reina’ en obsequio del beneficiado”. El beneficiado era nada más y nada menos que Victor Maurel.

    Y el 8 de mayo de ese mismo año, 1885, se comunica que asumirá el rol de Leonora en Trovador:

    Con la ópera ‘II trovatore’ debutará mañana domingo en el Gran teatro el tenor don Andrés Antón, que viene precedido de gran fama por los ruidosos éxitos que ha obtenido recientemente en el teatro Real de Madrid. También debutará en dicha ópera el barítono señor Rubirato, habiéndose encargado de la parte de Azucena la distinguida artista señora Pasqua y de la de Leonor la señorita Mantilla.

    Por aquellos años, los cronistas y/o críticos de prensa del teatro lírico, y en general de cualquier otro espectáculo, las más de las veces se limitaban a anunciar qué se cantará, dónde se cantará y quiénes cantarán, y generalmente sólo hacían referencia a las figuras principales. Pero todo apunta a que la soprano María Mantilla cantó en  el Liceo en la primavera de 1885 (lo verificaremos con más tiempo otro día).

    ¿Qué más se sabe sobre esta soprano?

    María Mantilla

    La tiple María Mantilla.

    El investigador de Gayarre Oscar Muñoz en su libro Julián Gayarre. Como el de casa ninguno escribe sobre María Mantilla lo siguiente:

    “Gayarre no se resistió a los caprichos de Cupido y en más de una ocasión se dejó caer en los brazos del amor. Quizás la historia de amor que más huella le dejó fue la que mantuvo con la tiple María Mantilla. Fruto de esta relación nació una niña a la que dieron el nombre de María y el apellido materno llamándose entonces como su madre.

    Poco o casi nada se sabe de esta niña.

    Aunque se conoce muy poco del testamento de Gayarre, por lo que se publicó en la prensa de la época se sabe que el tenor otorgó “a la niña María Mantilla 25.000 duros”. Toda una fortuna para la época. Años más tarde la hija del tenor adoptó el apellido paterno, pasándose a llamar María Gayarre”. 1

    1.- Testimonio de Dña. Alicia López de Garretxena, a quien se lo contó un matrimonio que conoció a la hija de Gayarre.

    Cuando en 1882, Julián Gayarre da su palabra al empresario don Luciano de Urizar de que se presentará en Bilbao, organiza el tenor una compañía de cantantes españoles, con el objetivo de cantar en la capital vizcaína y quizás en alguna otra ciudad española. Entre el elenco de aquella compañía, se encontraba la soprano María Mantilla.

    Con estas palabras lo cuenta Florentino Hernández Girbal en su libro Julián Gayarre. El tenor de la voz de ángel:

    En seguida Julián empezó a disponer la temporada que un mes más tarde [hasta últimos de marzo de 1882, Gayarre se encuentra en Roma] habría de iniciar en Bilbao. Organizador y empresario de la compañía lo era el maestro José Lago, un gallego tan diligente como astuto y tan capaz como emprendedor. […] En poco tiempo le unió al tenor una gran amistad y fueron muchos los negocios teatrales que hicieron juntos.

    Tales gestiones y la presencia de una agente americano que deseaba contratar a Gayarre hicieron que por el ambiente teatral corriese el rumor de que el roncalés formaba compañía con cantantes españoles para emprender una jira [sic] artística por los países americanos.

    Julián hubo de desmentirlo, aunque la oferta, con respecto a él, era cierta, lo mismo que la formación de la compañía, pero ésta no tenía otros propósitos que actuar en la capital de Vizcaya y, si acaso, en alguna otra provincia española. Tratándose de una empresa en la que él tenía parte, según había acordado con don Luciano de Urizar, Julián procuró rodearse de buenos amigos, que fueran a la vez artistas excelentes.

    Así aseguróse la participación de la soprano María Mantilla, a la que acompañaba por entonces con muy expresiva asiduidad; de José Kaschmann, una de las más bellas voces de baritono que han existido, compañero suyo en muchas noches de triunfo; del bajo Pedro Meroles [muy probablemente se refiere al bajo Pablo Meroles], muy apreciado por todos los públicos, y del barítono Eugenio Labán, que llegó a ser uno de sus mejores amigos”.

    Se da por cierto, pues, que la soprano María Mantilla era la madre de la hija natural de Julián Gayarre. Sin embargo, Marta Herrero Subirana, descendiente del tenor, y Francisco Moreno Bardají,  su esposo, autores del libro Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal, editado por la Fundación Gayarre,  ponen en duda ciertos aspectos de la vida privada del tenor roncalés, y así lo adelantan  en la Presentación:

    En algunos puntos de la vida de Gayarre nos hemos apartado del tratamiento que les han dado en esas biografías [se refieren a las escritas por Máximo de Arredondo, Anselmo González, Hernández Girbal, Oscar Muñoz, citados expresamente]; preferimos ofrecer en este libro la versión que de estos acontecimientos se ha mantenido  en el seno de nuestra familia; incluso en algún tema importante como la identidad de la madre de María, la hija natural de Gayarre.

    Y así, en el capítulo III.III ‘Las mujeres y los amigos’, Marta Herrero Subirana, nieta de Fermina Gayarre e hija esta última de Ramón, uno de los dos hermanos del tenor, especifica:

    María Mantilla

    María Mantilla.

    Lógicamente la discreción que Gayarre exigió a su entorno en estos temas la llevó al máximo cuando las relaciones amorosas dieron su fruto lógico.

    De estas relaciones la más conocida es la que mantuvo con María Mantilla, importante soprano española con la que compartió tardes de triunfo en Madrid y que actúo con él en Bilbao en 1882, y “a la que acompañaba con muy expresiva asiduidad”.

    La existencia de la hija de ambos, María, fue admitida por Julián al legarla en su testamento la cantidad de 125.000 pesetas.

    Esta niña, a la que Julián no reconoció legalmente, cambió posteriormente su apellido materno por el paterno de Gayarre, aunque no lo transmitió por morir sin descendencia de su matrimonio.

    Todos los biógrafos aceptan que la madre de la niña era la soprano María Mantilla; pero en casa, las pocas veces que oí comentar el tema, el nombre que se citaba era el de Teresa; quizá la niña se llamaba Teresa en lugar de María; o quizá la madre era Teresa, una hermana de María que daba conciertos de arpa.

    Parece que la niña María o Teresa no fue el único fruto de la relaciones amorosas que mantuvo Julián. Aunque también es lógico que quisieran atribuirle paternidades diversas. En la investigación que Oscar Muñoz, su más reciente historiador, está realizando sobre la correspondencia inédita de Julián aparecen cartas firmadas por una Lola, que trata a Julián con mucho cariño… y le dice que su hijo le llama “papá”.

    ¿Se llamaba, pues, la niña María? ¿Se llamaba Teresa? Es extraño que el propio tenor confundiera el nombre de su hija en su testamento. ¿Era hija de la soprano María Mantilla o de su hermana Teresa? ¿Se llamó quizás María Teresa y fue conocida por ambos nombres?  Recordemos que María era también el primer nombre de la madre de Gayarre, la devoción que siempre sintió por ella el tenor  y la tradición secular de imponer, generación tras generación,  los nombres de los familiares más próximos, especialmente el  de los abuelos.

    ¿Podría haber adoptado  la niña María Mantilla el apellido Gayarre, o cambiar el apellido Mantilla por el de Gayarre, sin que su padre, que ya no vivía, la hubiera reconocido legalmente como su hija?  ¿Podría haber transmitido su apellido si éste no le pertenecía legalmente? ¿Es posible que en aquella cláusula privada del testamento, Gayarre reconociera postúmamente su paternidad y que ésta fuera la razón de que años más tarde María Mantilla pasara a llamarse María Gayarre?

    Julio Enciso, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

    Julio Enciso, amigo, biógrafo y albacea testamentario del tenor.

    Demasiadas incógnitas después de casi 120 años de la muerte de Gayarre. Y en realidad no importan. Lo que sí parece evidente es que Gayarre se preocupó por que no se supiera públicamente  y  con absoluta certeza que la niña María Mantilla era hija suya.

    Sus familiares respetaron a rajatabla sus deseos, incluso después del fallecimiento del tenor. También, y especialmente, Julio Enciso, su mejor amigo, casi un hermano, y autor de las Memorias de Gayarre:

    Las tachaduras que Gayarre realizó en las Memorias son flagrantes; por ejemplo, al relatar Enciso las aventuras amorosas que Julián tuvo en San Petersburgo, escribe: “en cambio, abundaron las grandes aventuras, y allá va una”;  punto y aparte. “Desde aquella época solía recibir siempre Gayarre en determinado día del año una flor dentro de un sobre…”. Al buen Enciso se le olvidó corregir la redacción después de que el original hubiera sido mutilado por el protagonista de la aventura”. [Julián Gayarre. Un tenor histórico. Un navarro universal]

    Quizás al buen Enciso no se le olvidó. Quizás fue su forma de dejar constancia, sin dejar de ser leal, de que le hubiera gustado contar más cosas de la vida privada del tenor (es obvio: de no ser así, Gayarre no hubiera tachado párrafos enteros del manuscrito original), pero que no le dejaron. Que el propio Gayarre no se lo permitió.

    Por si quedara alguna duda de la férrea intención del tenor  de desvelar lo menos posible sobre sus historias de amor o íntima amistad con el género femenino, recordemos que Gayarre encargó a Enciso que cuando él falleciera “destruyese todas las cartas con firma de mujer existentes en la casa de Roncal, encargo que Enciso llevó a cabo con la destrucción de más de trescientas cartas”. [Julián Gayarre. Como el de casa ninguno]

    De nada sirve lamentarse del gran valor histórico y documental que sin duda se perdió para siempre entre  aquellas cartas.  Así lo decidió el tenor. Y así lo asumió Enciso. Tempus fugit…

    Sebastián Julián Gayarre Garjón nace en Roncal el 9 de enero de 1844. Era hijo de Mariano Gayarre Mainz y de María Ramona Garjón Jandúa. Sus dos hermanos, Ramón y Victoriano, tenían 5 y 3 años, respectivamente, cuando nace el benjamín de la familia, Sebastián Julián. Recibe el primer nombre  por la devoción que María Ramona sentía por este santo; y el segundo, por el santo del día en que nació,  9 de enero, San Julián. Sus padres tenían 43 y 41 años, respectivamente, cuando nace el tenor.

    Gayarre recibe la noticia del fallecimiento de su madre en Varese, el 20 de septiembre de 1869, justo en los días en que por primera vez canta en Italia (debutó con I vespri siciliani, de Verdi). De todos es conocido cómo recibió la triste noticia el tenor y cómo el sentimiento y el dolor con que cantó Una furtiva lacrima le catapultó a la fama.

    Su hermano Ramón estaba casado con Gabriela Arregui. Del matrimonio nacieron dos hijos,  Fermina, en 1869;  y Valentín, en 1870. Ramón fallece en el verano de 1871, a los 32 años, víctima de la tisis. Por aquellos días firma Gayarre su primer contrato, con Baldini, el empresario que le dio su primera oportunidad en Varese.

    Su hermano Victoriano también fallece joven,   a los 34 años, el 18 de octubre de 1875. Estaba soltero y también murió a causa de la tuberculosis.   A Gayarre le contratan por esas fechas para cantar por primera vez en la Scala.

    Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María.egorio y Pedro María.

    Julián Gayarre con su padre, Mariano Gayarre Mainz (frente al tenor) y sus primos Gregorio y Pedro María Garjón.

    El tenor roncalés asociaba la coincidencia entre la pérdida  de sus seres  queridos y algunos de los éxitos  clave en su carrera con la idea de que sus mejores triunfos artísticos se los estaba cobrando la vida con la muerte de aquellos a quienes más quería.  Este presentimiento, sumado a su  carácter,  de natural melancólico,   se acentúa  aún más cuando fallece su padre, don Mariano, el 27 de agosto de 1882, en Roncal.

    ¿Ves estas tierras? Pues ahí venía yo de niño a trabajar con mi padre y mis hermanos. Mi madre nos traía un puchero de habas y un trozo de pan que constituía nuestra comida. Entonces era pobre… hoy en cambio soy rico, millonario, pero ¿dónde están mis seres queridos? Cambiaría todo ahora mismo: mi dinero, mi fama, todo por verme de nuevo con ellos como entonces… como un humilde campesino. [Memorias de Julián Gayarre (1844-1890)]

    El misterio del testamento de Gayarre (II)

    CCartel original de la película 'Gayarre', protagonizada por Alfredo Kraus.

    Una vergine, un’ angel di Dio, por Alfredo Kraus. Del film ‘Gayarre’, 1958.