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Guillermo Orozco: “Estamos convirtiendo la ópera en un circo. En el teatro, como dicen en ‘El dúo de La Africana’, tutto è convenzionale”

Sunday, April 1st, 2007

Guillermo Orozco, tenor. Desde los ocho años está en contacto con la música a través de la guitarra. Desde 1994, cantando. Ha triunfado en el Teatro Real y de la Zarzuela, el Liceo, la Maestranza de Sevilla, el Palacio de Festivales de Santander…, en todos los teatros importantes de España; también en Italia, Francia, Portugal, América del Sur, China, India, Canadá…. Cinco DVD, varios CD, más de una docena de premios en su haber. Una hermosa voz, aseguran quienes lo escuchan. Tenor lírico puro, se define él mismo, aunque no le gusta ser encasillado: “Yo soy tenor de lo que pueda cantar y de lo que me gusta cantar”. Todo apunta a que este año dará el gran salto y entrará en el circuito de los grandes teatros internacionales.

Entrevista en exclusiva para ‘óperasiempre.es’.

  • Montse Román (Gio)
  • —¿Siempre le gustó cantar?
    —Toco la guitarra desde los ocho años, todos mis hermanos la tocaban. Hacia los 15, 16 años, ya me gustaba cantar. Además de tocar la guitarra y cantar flamenco, imitaba a Julio Iglesias. Descubrí al solista de Los Panchos, su forma de expresar; había una calidez ahí que me gustaba. Cada vez estaba más interesado por cantar y por aprender a cantar. En Huelva no existía Conservatorio, así que me vine a Madrid. Esto fue en el 86, yo tenía 18 años.

    —¿Fue entonces cuando decidió dedicarse a la lírica?
    —Empecé a dar clases particulares. Pero Madrid me cansaba; estaba una semana, y me volvía para Huelva. Después ingresé en la Escuela Superior de Canto. Canté una canción napolitana que se llama ‘I’ te vurria vasà’, y me admitieron. Esto fue en el 89. Aguanté un mes en Madrid. Al año siguiente regresé y lo intenté de nuevo. Otro mes. Para mí era insoportable vivir en Madrid.

    —Le agobiaba la ciudad.
    —Sí, sí, a mí me encantaba aprender a cantar, pero mi vida estaba en Huelva. Huelva era otra historia. Durante todo ese tiempo de idas y venidas, canté música ligera. Gané el Festival de Andalucía en 1990, participé en el Festival de Benidorm, gané un premio de la Junta de Andalucía, grabé un disco… Tenía mi grupo de música, cantaba canciones que yo mismo componía, de Nino Bravo, un poco de todo. Pero yo no estaba a gusto. Me gustaba cantar, pero quería algo más: dedicarme a la ópera, a la zarzuela, al mundo de la lírica.

    —¿El momento decisivo?
    —En el 94. Me presenté al Concurso Nacional de Logroño, y me dieron un tercer premio. Pedro Lavirgen estaba en el jurado —yo sólo lo conocía de nombre—, y me abordó: —“¿Tú eres el de Huelva? ¿Tú con quién estudias?”. —“Yo, con nadie”. —“¿Con nadie? ¡No me lo puedo creer! Pero ¿tú te has dado cuenta de la voz que tienes?”. Y Pedro me ofreció darme clases: “Pero te tienes que venir a Madrid”.

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