Tebaldi y Bergonzi: dúo de Cio-Cio-San y Pinkerton del Primer Acto de Madama Butterfly, Puccini.
(Gracias mil, Nicolás:-)
Tebaldi y Bergonzi: dúo de Cio-Cio-San y Pinkerton del Primer Acto de Madama Butterfly, Puccini.
(Gracias mil, Nicolás:-)
Coro a bocca chiusa, final del Segundo Acto de Madama Butterfly, Puccini.
¡Por fin una que podemos cantar todos!;-)

Andrés Veramendi como Mario Cavaradossi en 'Tosca'. Lima, 2008.
La carrera artística del tenor peruano Andrés Veramendi no es aún muy extensa. Muy joven, con buena voz; es consciente de que ha elegido una profesión en la que el público siempre pone nota y en la que nunca se termina de aprender. Prefiere la ópera, pero no descarta la zarzuela y el recital.
Soltero. Aún no tiene hijos. Sencillo, cordial, trabajador. Empeño e ilusión no le faltan por forjarse un porvenir en el escenario lírico internacional. “A los divos hay que dejarlos en la primera mitad del siglo XX”, asegura.
Entrevistamos a Andrés Veramendi, en exclusiva para operasiempre.es, que el pasado 23 de mayo interpretó por primera vez el Alfredo de La traviata, ópera que inaugura la temporada en el histórico Teatro Municipal de Santiago de Chile.
–Leo en en YouTube: “Soy un Tenor Peruano que intenta salir adelante en este mundo tan complicado…”. ¿Por qué es complicado salir adelante en ese mundo tan complicado?
–Sí, mire… Toda actividad artística es de por sí compleja, ante todo porque se trata de arte, lo cual significa tener que regirse por patrones estéticos que demandan mucha dedicación, especialización, sacrificios personales, concentración y, en general, una disposición psicológica y física que no se demanda ni se espera de personas que trabajan en otras profesiones y oficios, pero sí a los artistas.
Yo soy un cantante lírico y la dedicación y esfuerzo que hago para sacar adelante mi carrera me llevan a decir que este mundo del canto lírico es complicado. Pero no lo digo como queja sino como constatación de la realidad que he escogido vivir.
–¿Considera que la Red es un excelente medio de promoción para un cantante?
–Sí, definitivamente es un excelente medio para hacernos conocidos y también para una mayor divulgación de nuestro arte.
–¿Cuándo decidió dedicarse a cantar profesionalmente?
–Tenía 16 años cuando tuve que escoger entre estudiar Derecho, que es lo que de algún modo sugería mi familia, y el canto, que es lo que a mí me gustaba. La decisión fue facilitada por los consejos de quienes habiéndome escuchado me alentaban para estudiar canto.
–¿Su debut oficial?
–Fue un poco apresurado y fruto de esas circunstancias escénicas que a veces suceden. Se estrenaba en Lima la zarzuela Los Gavilanes; el tenor se enfermó la víspera y el director del coro –pues yo simplemente formaba parte del coro– dijo: “Hay un chico del coro que puede hacerlo”. Hubo una audición, me escogieron, y con 18 años y muerto de susto debuté. El público me aplaudió mucho, pero ahora estoy convencido de que lo que más aplaudieron fue mi audacia.
–¿Cómo definiría su voz?
–Pues… De acuerdo a los estándares, soy un tenor lírico. Se trata de una voz con brillo muy timbrada.
–Entre las personas que le alentaron o ayudaron en su carrera, ¿de quién no se olvidará nunca?
–Hay muchas personas y sería injusto dejar de mencionar algunas, pero afectivamente quiero agradecerle a todos los que me han ayudado en la persona de una cantante que fue mi primera maestra en España, y que ya no está con nosotros. Me refiero a Ángeles Chamorro. Ella me acogió con mucho cariño y desinterés y me ayudó a entender lo exigente que era prepararse para ser un buen cantante.
–Isabel Penagos, Ángeles Chamorro, Vittorio Terranova, Pedro Lavirgen, Ernesto Palacios, Enrique Ricci…: ¿qué es lo más importante que le han aportado cada uno de sus maestros?
–Primero, amar el canto; segundo, buscar permanentemente igualar los sonidos sin forzar –de esta manera se adquiere una buena línea de canto que, por ende, produce el cantar bien–; asumir el repertorio que corresponda a mi edad y a mi evolucion vocal. No caer en el error de buscar algo artificial, ortopédico, por decirlo de algún modo. Es decir, buscar siempre la naturalidad del canto reforzada con la técnica. Todos ellos han insistido, y les estoy agradecido por ello, en que debo trabajar mucho y trabajar siempre la técnica.
–¿Con quién completa su formación en la actualidad?
–Desde 2005, con mi maestra Isabel Penagos preparo todas mis obras. Gracias a ella estoy solidificando la parte técnica de mi canto y, por ende, la musical e interpretativa. Ella es muy exigente en cómo debo abordar mi repertorio y en verdad le debo mucho, sobre todo en estos últimos tres años de mi carrera. Tambien trabajo desde hace dos años repertorio con Enrique Ricci en Barcelona y recibo consejos técnicos e interpretativos de Ernesto Palacio.

–¿Le parece España un buen lugar para vivir?
Resido en Madrid desde el año 2001. España es un país muy bello y estoy contento de vivir aquí.
–¿Es más exigente el público por estos lares?
–En general, el público con mayor conocimiento sobre lírica es más observador y exigente. Como en todos lados, el oído de la persona habituado a escuchar música clásica suele ser más refinado y, por tanto, más exigente también.
–¿A qué cantante lírico del pasado admira más?
–Pregunta complicada, ya que son muchos. Si me pide citar algunos dentro de los tantos del pasado que admiro y me gusta escuchar, nombraría a Aureliano Pertile, Beniamino Gigli, Franco Corelli, Maria Callas, Mirella Freni, Fiorenza Cossotto, Luciano Pavarotti.
–¿Y del panorama lírico actual?
Del presente, Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, Marcelo Álvarez, Roberto Alagna, Renée Fleming, Dimitra Theodossiou, Cecilia Bartoli.
–Domingo, Flórez, Álvarez, Alagna: ¿el orden en que los cita coincide con su orden de preferencia?
–No.
–¿Quién considera que es en la actualidad el tenor más importante?
–Pregunta difícil, porque creo que va siempre ligada a los gustos personales. Pero depende. Entre el repertorio belcantista, sin duda, Juan Diego Flórez; y en el repertorio lírico grande creo que comparten Plácido Domingo y Roberto Alagna junto a Ramón Vargas y Marcelo Álvarez. También está Kaufmann.
–¿Ópera, zarzuela, concierto? Si puede elegir, ¿con cuál se queda?
–Los tres tienen su momento y al decir ópera dejo constancia de que no excluyo ni la zarzuela ni el recital.
–Interpretación y voz. ¿Cuál sería en su opinión el porcentaje ideal de cada uno de estos elementos clave que debe aportar un cantante en la representación de una ópera?
–Van juntos; no puedo separar desde una perspectiva de exigencia artística la voz y la interpretación. La voz sola no es nada y la interpretación sola es cosa del teatro o del cine, pero no del canto lírico.
–Que necesariamente deban ir juntas no significa que necesariamente hayan de ir en igual proporción. ¿Podría decirse que mitad y mitad?
–Sí se podría llegar a decir, pero igualmente pienso que la voz sola no es nada. Hay cantantes que tienen una voz no especialmente bonita, y poseen, sin embargo, una musicalidad y un legato increíbles que hacen de su canto un canto bello. De igual modo, hay quien tiene una bella voz pero no canta bien o su voz es demasiado fría y no llega a transmitir.
Es complicado definir qué factor de los dos es más importante o si ambos deben darse en igual proporción. Creo que para lograr una buena interpretación hace falta también ser una persona de sentimientos nobles y tener la capacidad de ser expresivo y llegar al público. En suma, conseguir que el espectador viva y sienta lo que estás cantando. Si a esto se le agrega además una bella voz, creo que hablamos de un cantante lírico completo.
–Fue seleccionado para el rol de Alfredo en La traviata del Municipal de Chile entre más de un centenar de aspirantes. ¿Qué sintió al ser elegido?
–Para mí fue un momento muy especial de mi experiencia artística. Por un lado me sentí muy gratificado. Por el otro, sentí que asumía una gran responsabilidad. Ese día, por supuesto, salté de alegría y me emocioné. Sentí que mi lucha y mis estudios me estaban permitiendo conquistar un logro importante en mi carrera ganado honestamente y fruto de mi trabajo.

Andres Veramendi y Martina Zadro en el brindis de 'La traviata'. Teatro Municipal de Santiago de Chile. Mayo, 2009.
La responsabilidad de los ensayos, la tremenda responsabilidad en las funciones, ha constituido para mí una experiencia enriquecedora como artista y como persona. Me siento satisfecho de haber actuado en el Teatro Municipal de Chile, cuna de grandes intérpretes y grandes espectáculos. Y agradezco en especial al señor Andrés Rodríguez, intendente del Teatro Municipal de Chile, así como a todo el personal artístico del teatro que creyó en mí y me brindó esta gran oportunidad.
–¿De qué actuación se siente especialmente orgulloso?
–La carrera del cantante lírico es también la suma de los diferentes roles que va asumiendo a lo largo de su trayectoria artística. La mía no es aún muy extensa, pero siento que no puedo ser ingrato con lo que me enseñó la asunción de cada personaje, el enriquecimiento que cada uno de ellos me ha ido aportando, tanto en zarzuela como en ópera.
El Javier Moreno de Luisa Fernada o el Fernando de Doña Francisquita han sido para mí experiencias muy gratas que han quedado en mi repertorio y que espero volver a cantar. Pero también tengo tantas cosas que agradecerle al Cavaradossi de Tosca o a este Alfredo de Traviata que no puedo dejar de mencionarlos y espero reencontrarme con ellos muchas veces.
–¿Es laborioso interpretar por primera vez a un personaje? ¿Con cuál se ha sentido más identificado?
–Todos dan mucho trabajo y sin huir de la pregunta debo decir que, si uno no se identifica con el personaje, jamás lo cantará bien.
–¿Por qué en su profesión nunca se termina de aprender?
–Esta carrera es así: cada personaje nuevo o uno que regresa después de varios años exige estudio. Además tienes que adaptarte a la propuesta del regista y al tempo con que el director de orquesta concibe la obra. Siempre es un comenzar de nuevo.
Hay que estudiar la obra, lo primero, y también hay que conocer y leer con atención a los autores, y en el caso de las óperas, los libretos o las obras en que han sido basadas. Todo lo relacionado con mi profesión, con la ópera y la zarzuela, absorbe gran parte de mi tiempo, pero procuro también dejar un hueco para otras inquietudes. Tengo mucha curiosidad por los experimentos científicos de nuestro tiempo, por ejemplo.
–¿El propio cantante es quien mejor sabe qué nuevos retos puede afrontar?
–Considero que para tomar una decisión hay que escuchar primero a tu maestro. No olvidemos que, a diferencia de otras profesiones, el cantante y su maestro están juntos siempre. Yo consulto mucho a mis maestros, tanto para decir sí como para decir no a invitaciones de roles que para mí eran prematuros.
–¿Qué proyectos inminentes figuran en su agenda?
–Tengo por delante cantar de nuevo La traviata en la temporada de ópera de Lima y un proyecto aún sin fecha definitiva para hacer La vida breve en Turquía. También, varios conciertos programados así como diversas audiciones.
–¿Le preocupa la denominada por algunos de sus colegas “dictadura” de los directores de escena?
–No, en absoluto. Son roles y funciones, y hay que saber adaptarse. Eso sí, manteniendo una línea de respeto por el autor de la obra, por el artista, por el arte. Lo que sí me parece importante señalar es que el divismo ya pasó de moda.
–¿No sólo de divos vive la ópera?
–Así es. Creo que a los divos hay que dejarlos en la primera mitad del siglo XX.
[Algunas de las fotos, gentileza de Andrés Veramendi]
De la película en 3D Opéra imaginaire, coordinada por Pascal Roulin: Noi siamo zingarelle… (Choeurs des Bohémiens), Escena X del Segundo Acto.
Coro de verdad: Accademia Nazionale di Santa Cecilia, de Roma.
Francia, 1993.
Los 12 fragmentos, por orden de aparición:

Hasta el 28 de enero puede verse en el Liceo —sólo para los que tengan entrada para alguno de los espectáculos— la exposición Renata Tebaldi, profonda ed infinita, montada por el Teatro Regio de Parma para recordarla a los dos años de su desaparición y completada por los Amics del Liceu con fotografías de sus actuaciones liceísticas entre 1953 y 1959.
Cuentan los veteranos que en un recital de 1959 la Callas fue recibida en el escenario de la Rambla al grito de “¡Tebaldi, Tebaldi!”. Los irreductibles de los pisos altos consideraron una afrenta que allí donde había señoreado la gran dama italiana osara una griega impetuosa tratar de enmendarle la plana.
Y sin embargo la Callas, a diferencia de Alagna, aguantó el tipo. En la exposición puede verse una foto, tomada en Nueva York en 1968, con las dos divas sonrientes junto a Rudolf Bing, célebre empresario del Metropolitan. Y no es la única foto que reunió a las dos estrellas en actitud nada beligerante. Cierta o d’arte, la rivalidad dicen las crónicas que surgió en 1951 en Brasil, donde la Tebaldi había triunfado y a la Callas las cosas no le habían ido tan bien. Fue la griega quien más la alimentó, entre otras con una frase que equiparaba su voz con el champán y la de la Tebaldi, con la Coca-Cola. A lo que la italiana, para solaz de los paparazzi, replicó impertérrita: “No olvidemos que el champán se agria”.

Renata Tebaldi, profonda ed infinita: sus personajes, su público
Tebaldi: Un bel dì vedremo, aria de Cio-cio-San del Segundo Acto de Madama Butterfly, Puccini.
Dirige: Erich Leinsdorf. 1959.
Pilar Lorengar y Nicolai Gedda: dúo de amor del Primer Acto de Madama Butterfly, Puccini. Años 80.
Continuación (final del Primer Acto).

(Foto)
Entrevista en El Mercurio con Cristina Gallardo-Domâs, que abre la temporada en el Met, con Madama Butterfly:
“He decidido sacar el rol de mi repertorio después de esta producción y la que debo hacer en el Teatro Real de Madrid el próximo año con Plácido Domingo”.
• Juan Antonio Muñoz H.
—¿Hay algún aspecto interior de Cio Cio San que cambie en la perspectiva de Anthony Minghella?
—Lo fundamental de su mirada es que Cio Cio San sabe. Minghella juega mucho con el sexto sentido de Butterfly. Ella sabe lo que va a pasar, aunque tiene una fe ciega al mismo tiempo. Ella se esconde o se defiende de la realidad que Suzuki le quiere mostrar. Cuando aparece en el tercer acto, ella ya intuyó lo que ocurrió, sabe quién es la mujer que ha llegado con Pinkerton (Kate, su nueva esposa norteamericana). Yo comparto plenamente con Minghella esta visión de Cio Cio San, lo cual nos ha ayudado mucho en la creación del personaje. Ambos partimos del mismo concepto. Muy alejado de esa Butterfly demente que a veces se quiere presentar.
—¿Cómo ha sido para usted interactuar con los muñecos? ¿Es dramáticamente difícil, más fuerte…?
—Está siendo una experiencia increíble. Ya cuando vi la producción en Londres quedé impactada, pues aunque estaba viendo a una marioneta yo veía a mi propio hijo de dos años. Ahora aquí en Nueva York pasamos horas y horas ensayando con la marioneta. Es un trabajo meticuloso; cada movimiento está perfectamente estudiado y acabas convencida de que es un niño real. Es la gran novedad de la producción pues nunca antes se había visto algo así; se ha cambiado un niño real inmóvil, en general de espaldas al público, por un niño irreal, que increíblemente es capaz de transmitir sus sentimientos. Dramáticamente es fortissima su presencia. Nos hemos acostumbrado en base a muchos ensayos y mucha paciencia, porque la emoción nos ha hecho parar los ensayos muchas veces pues se perdía la concentración en el canto. Pero finalmente se consigue una gran compenetración y transmitir unas emociones intensas hasta ahora desconocidas en esta ópera.
Gallardo-Domâs (Cio-Cio-San) y Marco Berti (B. F. Pinkerton): Viene la sera…, dúo de amor (primera parte) del Primer Acto de Madama Butterfly, Puccini.
Un bel dì vedremo, aria de Butterfly del Segundo Acto.
Suzuki: Enkelejda Shkosa. Dirige: Antonio Pappano. Covent Garden, marzo 2003.

Victoria (la más grande): Con onor muore…, escena final de Madama Butterfly, Puccini. Programa TV de la BBC, 1962.
Callas y el gran Kraus: Parigi, o cara…, dúo del Acto III, Escena VI , de La Traviata (Verdi). Teatro Nacional São Carlos, 27 de marzo de 1958. Dirección: Franco Ghione.
La soprano norteamericana Anna Moffo, una de las estrellas del Metropolitan, falleció el pasado día 9 de marzo en Nueva York, a los 73 años de edad.
Moffo fue alumna de la soprano catalana lírico-spinto Mercedes Llopart (Barcelona, 1895/ Milán, 1970), pofesora también de Alfredo Kraus (Las Palmas de Gran Canaria, 1927/ Madrid, 1999).
El deceso fue anunciado por Opera News Online, el servicio de noticias del Met.
Más, en La Nación
Anna Moffo como Cio-Cio-San (rol que intrepretó por primera vez en 1957): Un bel dì vedremo, Madama Butterfly, Puccini. Años 50.
Cantando Sempre libera, La traviata, Verdi.