Alguien preguntó una vez en este blog; en sus inicios, si no recuerdo mal: “¿Hay que ser siempre tan serio?”.
Pues no. Y de hecho creo que no lo somos. Para hablar de ópera no hay que ponerse necesariamente de tiros largos.
La semana ha terminado y vamos a despedirla con una sonrisa. Ya que anduvimos durante casi siete días venga ir y tornar a Surriento, ya que nos volvimos locos con la napolitana perdida y hallada en el Olimpo, escuchemos a aquel que, allá donde esté, debe de andar muy enojado con nosotros (perdón, conmigo) por haberle tomado por otro.
–¿Cómo ves tu repertorio?, porque vemos que cada cierto tiempo hay óperas nuevas en tu repertorio. ¿Cómo lo ves de aquí al 2014, por ejemplo, que es el último compromiso que tienes, digamos, en agenda?
–Bueno, mi repertorio prácticamente es el mismo, ¿no? No estoy cambiando de repertorio porque mi vocalidad es la misma, también felizmente, ¿no? Porque yo creo que manteniendo tus características vocales con el tiempo, manteniendo tu vocalidad, eso es indicativo [de] que tu voz está en una buena salud vocal, ¿no?, técnicamente, interpretativamente.
(…)
Hay que tener esa técnica, y esas cualidades naturales también, para poder hacer esas notas rápidas, todos esos virtuosismos o fuegos artificiales vocales.
(…)
Yo, habiendo comenzado con Rossini, me he acostumbrado a un canto mucho más ligero, mucho más liviano, y teniendo a Rossini en las cuerdas, digamos, mi repertorio va hacia roles que tengan más Rossini dentro de ellos, ¿no?
–Yo tengo la suerte de ser un tenor raro ¿no? Porque soy un tenor belcantista, y no hay muchos tenores belcantistas; entonces los tenores me aprecian todos porque no son competencia [risas].
Si pudiera darle algún pequeño consejo, porque porque tiene facilidad para llegar a las notas altas, le diría que no exagerara, que no abusara, porque llevar esas notas a una duración exagerada, o usarlas muy seguidas, podría dañar la calidad de su técnica.