A mi hermano C. , el más pequeño por entonces de los seis hermanos (aún no había nacido Miguel), los Reyes le echaron ese año unos bolos. Unos bolos de plástico de esos que se derriten en cuanto les da un poco el calorcillo. A mí una muñeca, la primera que recuerdo, y a la que preparé en un momento una cuna con una caja de zapatos.
La muñeca dio mucho juego. Los bolos se derritieron pocos días después a la vera de la estufa de leña. No todos, pero sí un par de ellos al menos, si la memoria no me falla. Yo debía de tener cuatro años; y si yo tenía cuatro, él tenía dos. Mi hermano lloraba inconsolable. Creo que fue la primera vez que me sentí impotente ante una desgracia tan gorda;-) Hasta que llegó mi madre. Ella sí que era, es, reina maga.
Ahora que yo también soy reina maga por un día, procuro no olvidar que la ilusión no está en el precio sino que va prendida en quien hace de rey y en quien es o hace de niño; niño grande o chico. Desde hace muchos años, mi regalo, al menos uno, es siempre el mismo: un pijama. Con él mis deseos de felices sueños para todo el año. Los pijamas no se derriten. Duran por lo menos, por lo menos, un año;-)
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
Dedicado a Paco Roa, de todo corazón y de todo operasiempre.es
Porque queremos seguir escuchando su voz y porque, como bien dice Nicolás Camilo (12:25), “los únicos que no renuncian ni se jubilan son los amantes de la lírica”.
Que no se diga que en días tan señalados no nos marcamos ni un chotis… Me decía yo esta mañanita. Y pa’ chotis, el de Lara. ¿Alguien lo duda?
Cuando vayas a Madrid chulona mía,
voy a hacerte Emperatriz de Lavapiés
y a alfombrarte con claveles la Gran Vía
y a bañarte con vinillo de Jeréz.
Así que en ello anduve, buscando un chotis que llevarme pa’l blog. Pero que si quieres, morena. Ná de ná. Hasta que topé con el mismísimo Agustín Lara cantando Madrid, el chotis entre los chotis, su chotis (música y letra, ahí es ná).
Agustín Lara, muy pinturero él, muy bien plantaó, y a quien Dios no llamó para cantar (no se puede tener todo); y Lola Flores, plantada por más de mil, y que buena voz, lo que se dice buena voz… (tampoco se puede tener todo). De la película La faraona, 1955.
Cuando llegues a Madrid, morena mía,
voy a hacerte Emperatriz de Lavapiés
y a alfombrarte con claveles la Gran Vía
y a bañarte con vinillo de Jérez.
En Chicote, un agasajo postinero
con la crema de la intelectualidad
y la gracia de un piropo retrechero
más castizo que la calle de Alcalá.
Cuando la instalaron, en 1975, dominaba la plaza. Luego desapareció como por arte de magia. ¿Dónde había ido a parar la estatua de El Flaco de Oro? A unos grandes almacenes… del Ayuntamiento. Que la iban a poner guapa, decían.
Se hicieron de rogar. Pero regresó al fin. En 2007 si no recuerdo mal. Y, ya ven, a la vuelta, arrimaíto a la pared. Ya. Que si la remodelación de la plaza, que si el aparcamiento subterráneo… Cemento, cemento; coches, coches. ¿Árboles?
A la izquierda, leyenda de la placa al pie del monumento en memoria a Agustín Lara, versos sueltos del chotis Madrid, como al desgaire (¿cómo que “hay que” hacerte Emperatriz de Lavapiés?).
Aunque para desgaire, y desaire, la idea de reubicar a don Agustín contra la pared. Pena, penita, pena. Desaboríos que los hay en Madrid.
Pero siempre nos quedará tu música, chulapo mío;-)
Por siempre y para siempre ¡por las calles de Madrid!
Se lo escuché cantar alguna vez, hace muchos años, y de veras que lo hacía bien. Era una de las canciones que ponían en los bailes en los años cincuenta, cuando ella tenía poco más de veinte años. Ella apenas supo de bailes y distracciones. Sabía más de trigos y cebadas, de parvas y trillas, de las cosechas tan laboriosas de aquellos tiempos. Siempre trabajando, siempre con algo pendiente que hacer.
Tenía buena voz, pero si me escuchara decirlo diría que ella no sabía cantar. Sabía. A sus nietos les cantó muchas veces Pimpón es un muñeco…, una canción infantil muy dulce que algún día ellos también cantarán a sus hijos. Ella era la abuela paterna de mis tres hijos, la bisabuela de mi primer nieto, y se fue para siempre el pasado 2 de abril. Caminito… Y parece que fue ayer.
Yo fui vigilante de pájaros. O por lo menos fui cómplice convicto y confeso. Mi hermano C. siempre se sabía algún nido, y allá que nos íbamos los dos sin dar cuenta a nadie de nuestras andanzas. La mejor época era el inicio del estío, cuando los pajarillos tenían crías y nosotros no teníamos escuela.
La teoría de mi hermano —que iba para atisbador de aves y terminó en profesor de latín— era que si te topabas con un pájaro con cebo en el pico, había que vigilarlo de cerca, porque tarde o temprano, él solo te llevaría a su nido.
Pasamos muchas tardes observando a una pareja de lavanderas blancas, que hacen sus nidos entre los huecos de las piedras, en parajes donde el agua y las tierras de labranza no andan lejos. Las lavanderas son inquietas, menudas, pizpiretas; se las distingue enseguida porque son muy andariegas y caminan como a saltitos. A veces se las confunde con las collalbas. De hecho, nosotros las llamábamos así.
Aquellas tardes vigilando a las lavanderas blancas, que como cada verano habían hecho su nido en la desmoronada pared de una era, no muy lejos del arroyo del Manzano donde las mujeres aún bajaban a lavar, es uno de los recuerdos más felices de mi infancia.
Nos pasábamos las horas muertas viendo entrar al macho o a la hembra con alimento para sus polluelos. Los veíamos rondar su territorio, revolotear, corretear, remolonear entre las piedras: que sí, que no, que no sé yo si no me verá nadie…, para terminar penetrando como una flecha en el nido.
Y vuelta a cazar de nuevo: salían disparados. Les llevaban saltacapas, moscas —decíamos—, lombrices… Prismáticos no teníamos, claro; pero desde nuestro escondite —un desvencijado carro sin los tentemozos puestos en el que tras varios sustos morrocotudos a las pobres lavanderas aprendimos a calcular el sitio justo donde había que ubicarse para evitar que se pusiera de varas y con un ruido de mil demonios— distinguíamos perfectamente con qué manjar sorprendían a sus crías. Lo distinguíamos o lo imaginábamos. A saber. No había mucho donde elegir en la dura estepa castellana. Eran incansables. O sus polluelos unos tragones. O tenían más polluelos de los que podían mantener. A saber también.
Tuvimos con la mosca tras la oreja a la dueña de la era del castillo, que no acertaba a explicarse qué hacían por allí esos dos chiguitos a las horas de mayor chicharrina (lo del castillo no es literatura, así se llama la zona más elevada del pueblo; aunque puede que sí, porque nunca hubo castillo).
Como siempre nos sorprendía mirando a la pared, dedujo que nuestra intención era acarrear piedras y nos amenazó con que se lo iba a decir a nuestra madre. Se lo dijo. No hubo caso. Además, el carro era nuestro. Desplazado por cosechadoras y tractores, hacía ya años que se había convertido en uno de esos aperos que no sirven para nada. Salvo para vigilar pájaros… Pero ni se nos ocurrió mencionarlo. Pocos secretos eran mejor guardados entonces por un niño como revelar dónde y desde cuándo te sabías un nido.
Hasta que un buen día, los vigilados fuimos nosotros. Nunca más volvieron a anidar lavanderas blancas en la pared de la era del castillo. También eran niños quienes robaron los polluelos. Y hoy me vino aquella tristeza al escuchar esta canción. De los años que hace, ni les cuento;-)
Ayer fue un día especial: anduve por tierras alcarreñas, disfrutando de la recién estrenada primavera. A una hora en coche desde Madrid, florecen los almendros, los narcisos, los lirios, las tímidas violetas, los jacintos, los alhelíes… La hoja de limón —melisa, toronjil— ya despunta a ras del suelo. Los granados tienen ya brotes; las parras, si te fijas un poco, también tienen botones; los rosales en unos días habrán florecido y los lilos en poco menos de un mes se convertirán en un estallido de olor y color.
Pero no fue un día especial por eso, que también, sino porque ayer asistí a un recital lírico en el que participaba Allforthemusic. Sí, Allfor. Me emocionó su versión de Adiós, Granada, muy bien interpretada; y me sorprendió, para bien, con su Ah, mes amis, con sus nueve does, con la que Allfor se atrevió en su segunda intervención.
¿Que cómo es Allfor? Hablando tiene una voz muy dulce: es dulce:-) Sabe interpretar cantando, incluso en concierto. Fue un placer escucharlo, conocerlo y charlar con él. Poco tiempo, porque él tenía prisa y yo también. Pero nos tomaremos un café cualquier día de estos. Allfor, no se te ocurra pasar por Madrid sin avisarme:-)