“Es difícil hablar en momentos como éste, en los que la pena me embarga el corazón”, dijo Plácido Domingo con la voz entrecortada en la rueda de prensa que concedió el pasado jueves en el Dorothy Chandler Pavilion, en Los Ángeles, California.
«Fue un gran artista, un ser humano fuera de serie y un amigo incomparable.
Nuestra relación fue muy franca y honesta todo el tiempo (…). Al principio hubo personas que trataron de enemistarnos, pero nunca le pusimos atención a sus comentarios. A Luciano y a mí nos gustaba competir, pero siempre lo hicimos con una actitud noble y gallarda, como ocurre entre los caballeros. Aspirábamos a ser reconocidos como los mejores cantantes de ópera del mundo, pero no a base de golpes bajos y de poner en riesgo nuestra amistad.
“Some can sing opera, Luciano Pavarotti was an opera”: comunicado de Bono en la web de U2 (Luciano Pavarotti 1935-2007).
“Voy a decirle a Dios que hable contigo”
“Miss Sarajevo” es otra de las mejores (del disco passengers). Fue todo un viaje escribir un libreto para una voz como la de Pavarotti. Para conseguir la estructura correcta, me fijé en mi padre imitando a Pavarotti en la ducha.
Nos había pedido una canción. En realidad, lo de pedir una canción se queda corto. Había quemado el teléfono de casa. Me dijo que si no le escribía un tema, Dios se enfadaría. Y cuando repliqué diciéndole que estábamos en medio de nuestro album, me dijo: “Voy a decirle a Dios que hable contigo.
Un testimonio más de Carreras. Esta vez un artículo del propio tenor publicado en el El Periódico:
Ciao, Luciano
“Se ha ido un icono de la ópera y de la música, una de esas estrellas que aparecen solo de vez en cuando y un ser humano extraordinario. Era un gran cantante, pero además de eso fue para mí un amigo que me brindó una magnífica relación y me permitió disfrutar de una personalidad generosa y estravertida que transmitía una resuelta filosofía de vida. Por eso es difícil encontrar las palabras para expresar lo que siento con la triste pérdida de Luciano Pavarotti.
La dimensión artística de Luciano ha sido la de un superstar, solo comparable en la ópera a la de Caruso o Callas. Él contribuyó decisivamente a que el arte lírico trascendiera más allá del propio espectáculo. En EEUU empezó a demostrar que su talento tenía acomodo en el Metropolitan pero también en el Madison Square Garden. Fue un pionero de la popularización de este arte y una estrella capaz de trascender más allá de la ópera. Lo demostró con la apertura hacia otros campos, que le permitió colaborar con figuras pop como Sting, Bono o Brian Adams. Era un intérprete de voz solar, extensa, situada entre el lírico ligero y el tenor spinto. De ahí surgía una sonoridad culminada con luminosos agudos que le permitía abordar todo tipo de repertorios y gestionar su tesitura vocal con la naturalidad que daba un canto sin artificios.
De mi experiencia a su lado, con el proyecto de los Tres Tenores, tengo recuerdos imborrables y un montón de anécdotas. Era un tipo divertido y positivo. Cada nuevo concierto era una experiencia lúdica, en el escenario y fuera de él. En estos momentos me llega la imagen de la primera gala en Caracalla, con él secándose el sudor con su pañuelo, pero siempre atento a sus compañeros y a las exigencias del público.
Pero no amaba sólo la música. Era un tipo abierto a la vida y un gran conversador. Le gustaban todas las artes y era un aficionado a la buena mesa y al fútbol. Fan de la Juventus, tenía siempre un debate a punto: con Plácido Domingo, sobre el Madrid; conmigo, sobre el Barça. Pero nunca nos peleábamos. Siempre prevalecía ese buen espíritu que nos ayudaba a sortear la presión de esos conciertos. Artista gigante, amigo de sus amigos y siempre abierto a propuestas solidarias.
Ciao, Luciano. Será imposible olvidar tu legado.
“Me siento un privilegiado por haber estado cerca de Luciano Pavarotti, sin duda uno de los tenores más importantes de la historia y una gran persona, con una filosofía de vida muy interesante, extravertida, rica en matices, de mentalidad abierta.
Le visité últimamente en dos ocasiones durante su recuperación y le vi animado, manteniendo su optimismo, como él siempre encaraba las cosas. Por eso quienes le queríamos aún esperábamos el milagro. Hablamos incluso de la posibilidad de hacer un último gran concierto de los Tres Tenores, gratuito y en un lugar muy especial. Pensábamos en la plaza Roja de Moscú.
Conmigo se portó siempre de una forma muy afectuosa y cordial. Acudí a oírle cantar en una quincena de óperas, pero sólo colaboramos juntos en los conciertos de los Tres Tenores, de los que tengo un recuerdo extraordinario. Yo soy un profesional de la ópera, pero también soy un gran amante de la ópera y de las voces de tenor, y la suya era muy emocionante, solar, única, de emisión fácil y gran extensión. El secreto de su técnica era conseguir que la voz, en realidad de tenor lírico-ligero, tuviera un volumen sonoro o una presencia mayor, como la de un tenor spinto.
De nuestras reuniones de amigos recuerdo sus constantes bromas, su habilidad con la cartas—en especial en el póquer, el mus no logré que lo aprendiera—y su pericia para preparar la pasta y unas grandes ensaladas. “Tomemos ensalada, que no engorda”, decía, pero lo cierto es que en aquellas ensaladas ponía de todo… Conservaré un recuerdo maravilloso del colega, pero aún mucho más del amigo.
«Conocí a Luciano en 1964 en la Scala y dos años después Abbado nos juntó en una producción de I Capuleti e i Montecchi que fue muy especial porque yo hice el papel de Romeo, cuando hasta entonces lo hacía una mezzo. Pavarotti interpretaba a Tebaldo. Desde entonces nos unió una gran amistad, un gran cariño. Éramos como de la familia y hoy siento que he perdido a un hermano.
Sólo colaboramos en aquella ópera de Bellini, porque los dos teníamos un repertorio parecido, éramos rivales en cuanto a personajes, pero coincidíamos mucho en las mismas ciudades y en los mismos hoteles. Él hizo siempre grandes elogios de mí y yo también sentía una gran admiración por él. A veces nos intercambiábamos consejos. Como cantante ha dejado una auténtica enciclopedia discográfica de la que todo el mundo puede aprender. Fue uno de los mejores. Su color, su timbre, su modo de expresar, han sido inigualables.
Era un hombre alegre, al que gustaba rodearse de amigos. Recuerdo nuestras partidas de cartas en los hoteles. El que actuaba al día siguiente decidía cuándo acababan.
Le gustaba comer bien y una vez en Edimburgo me hizo coger dos autobuses para llegar a una taberna donde había descubierto que cocinaban bien la pasta. Bromeábamos constantemente.
Una vez le entregaron la llave de la ciudad de San Francisco y al final de la ceremonia había desaparecido. Lo tuvo claro enseguida: “Giacomo, sé que la tienes tú”.
A pesar de su enfermedad, la última vez que le telefoneé estaba contento. Se lo pedí y me cantó Girometta, una de las canciones que solía incluir en sus conciertos».
«Son muchos los recuerdos que conservo de mi relación con Luciano. Infinidad de anécdotas y de momentos especiales, pues era un gran amigo y un gran colega, con el que coincidí en muchas actuaciones y grabaciones de obras como Un ballo in maschera, Aida,Tosca, Turandot, Mefistofele, La bohème, Luisa Miller, Andrea Chénier o La Gioconda, y en escenarios como el Met de Nueva York, la Scala, San Francisco, el Covent Garden…
Todo el mundo sabe que ha sido un artista extraordinario, de voz asombrosa, que abordó un extenso repertorio de manera espléndida.
Pero yo quiero ahora resaltar sobre todo el aspecto humano, que mucha gente desconoce.
Era una persona de inmensa bondad, de gran generosidad, siempre dispuesta a participar en cualquier causa humanitaria en la que pudiera ser útil. Eso lo llevaba muy dentro de él.