[Hendricks: Strange fruit, de Billie Holiday. Con Magnus Lindgren Quartet. Estocolmo, abril 2008]
Barbara Hendricks es una dama de la música y una mujer comprometida que considera que la lucha por los derechos humanos y la lucha por el arte “son un mismo combate”. Artista multidisciplinar, compagina sus raíces norteamericanas del jazz y el gospel con su carrera operística. Y se queda con todas ellas.
“Los diferentes estilos son como hablar distintas lenguas y me siento afortunada por poderlos cantar”, asegura desde París. “Todas las formas de la música hablan de lo mismo: de las emociones, de los sentimientos sobre la vida”. Como ejemplo, el pasado año grabó un disco homenaje a Billie Holiday, una de sus cantantes de jazz de referencia y a la que, según algunos, se parece.
[Kennst du das Land? de Schubert. Estocolmo, noviembre 2007]
La soprano nacida en Arkansas, aunque nacionalizada sueca y residente en Europa, actuará en el Palacio Euskalduna de Bilbao el próximo 26 de mayo, en un concierto que interpretará los 24 lieder de Winterreise, de Franz Schubert.
Pero Barbara Hendricks también desarrolla una no menos importante labor social, sobre todo en favor de los refugiados y los derechos de los niños, y es colaboradora de las Naciones Unidas en estas materias. En el año 2000 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Artes por su defensa de los derechos humanos y su contribución a la cultura.
—Viene a Bilbao con Winterreise, de Schubert, inspirado en poemas de Wilhelm Müller, una pieza muy conocida por usted. ¿Por qué la ha elegido y qué tiene de especial?
—Es una obra maestra y he tenido que merecerme el derecho a cantarla. Schubert la escribió al final de su vida y yo la canto al final de mi carrera. Es un regalo para mí misma después de interpretar lieder durante cuarenta años. Un cantante verdiano, cuando interpreta Falstaff, alcanza todo el lenguaje de Verdi. Lo mismo sucede con Schubert y Winterreise.
—Es una cantante que aborda diferentes estilos, pero debutó con el jazz. ¿Su corazón es todavía funda mentalmente jazzístico?
—Es musical. Vivo para la música y sus emociones. Lo que me motiva es participar con los demás de los sentimientos que transmite la música. Los diferentes estilos son como hablar distintas lenguas, algo que se suma a la riqueza de mi propio estilo.
—Canta blues, jazz, ópera… ¿Qué le aporta cada género?
—El canto ha sido toda mi vida. Mi voz es diferente según el idioma que hable, lo noto. No sé si la razón está en la musicalidad de cada lengua. De ahí mi interés en explorar diferentes estilos y formas de interpretar.
—Billie Holiday, Mozart, Schubert… ¿Cómo casan en vida?
—Sin mezclarlos. Me gusta la variedad en la cocina, soy una persona muy curiosa, me gusta aprender, investigar, saber, en definitiva.
—Se graduó en Matemáticas, que están íntimamente relacionadas con la música. ¿Cómo le sirve esto a la hora de cantar?
—Las matemáticas sirven para todo en la vida, ya que te enseñan a razonar, a resolver problemas. Pero sobre todo me han dado disciplina para mí misma, una disciplina que no es para nada opresiva sino que me facilita ser libre.
—Como cantante, ¿qué le queda aún por hacer?
—Siempre aprendo. No quiero seguir interpretando lo mismo en los años que me restan en activo. Me gusta regresar de vez en cuando a los lieder que conozco de siempre, pero no me puedo quedar en el pasado, debo seguir adelante aunque sé que tendré que parar. Los viajes, los aeropuertos, las esperas suponen un infierno para mí, pero cuando subo al escenario doy el cien por cien.