Posts Tagged ‘dio mi potevi scagliar’

‘Esultate!’, por Francesco Tamagno, Lauritz Melchior, Ramón Vinay, Mario del Monaco…

Sunday, February 24th, 2013

Francesco-Tamagno

Atendemos las peticiones. Disculpas mil por el retraso.

Para empezar, el creador del personaje de Otello, Francesco Tamagno, que lo cantó por primera vez en La Scala, el 5 de febrero de 1887. Hace 126 años, ni más ni menos. Aunque ya teníamos su ‘Esultate!’ de 1903 en casa. En aquel primer Otello, Desdémona fue Romilda Pantaleoni. Yago, Victor Maurel.

Estoy de acuerdo con Antonio Lagatta y Juan Dzazópulos en que los Otello de Mario del Monaco y Ramón Vinay son de referencia. De la misma opinión es Óscar Valdivieso, con respecto a Del Monaco. Incluimos también a Melchior, que recomienda Paco Roa. ¡Gracias!

De Renato Zanelli contamos con alguna grabación de Otello en el blog. También de Ramón Vinay. De las grabaciones de los otros tenores mencionados en este hilo, realizaremos una selección en otra entrada, por no alargarnos demasiado.

Ahí vamos:

  • ‘Esultate!’, del Primer Acto de Otello, Verdi.
  • Esultate! L’orgoglio musulmano
    sepolto è in mar;
    nostra e del ciel è gloria!
    Dopo l’armi

    lo vinse l’uragano.

    Por los tenores:

  • Francesco Tamagno. 1903.
  • Lauritz Melchior. 1960.
  • Ramón Vinay. ¿1947?
  • Ante la duda sobre el año, incluimos también esta versión:

  • Vinay: ‘Dio, mi potevi scagliar’. Orquesta Sinfónica de la NBC. Dirige: Arturo Toscanini. 1947.
  • Mario del Monaco. Orquesta Sinfónica de Milano. Dirige: Argeo Quadri.
  • (Gracias, Antonio Lagatta, Paco Roa, Óscar Valdivieso, Juan Dzazópulos)

    Mario del Monaco (1972): “En este arte nunca se llega y debe dárselo todo”

    Wednesday, October 21st, 2009

    Mario del Monaco

    El Coro di Zingari es por la alegría de haber encontrado esta entrevista.

    ABC23 de marzo de 1972

    “Con Mario del Monaco, en las Palmas de Gran Canaria”

    “El tenor mundial que se acerca a los quinientos Otellos y a los treinta y cinco años de profesión”

    «Vino a Las Palmas tres semanas antes del comienzo de ese Festival de los Amigos Canarios de la Ópera, que conquista con él la máxima atracción. Desde cuarenta y ocho horas antes de cada función —las dos previstas hubieron de incrementase con un Otello más, ante el lleno y las demandas que no habían podido atenderse—, Mario del Monaco se encierra en un total mutismo, reposa, duerme mucho, para que los nervios se remansen, vive sacrificado… Su esposa, compañera, complaciente, solícito y permanente apoyo, Rina, sueña con el momento en que se decida [¿al?] adiós, porque “esto no es vivir”».

  • Antonio Fernández-Cid
  • —Cierto —dice Mario—, pero inevitable. El artista ha de renunciar a todo, sacrificar su vida, evitar el juego, la bebida, el tabaco, ‘limitar el amor’, para impedir, en lo posible, el único gran peligro: no dar todo lo que el público espera de mí.

    [Dio, mi potevi scagliar…, Otello, Verdi. ‘En vivo’, 1959]

    –¿Y así, desde cuándo ya?
    —Podría contarle que desde siempre: desde que en 1940 comenzó mi carrera… hasta que un día la corte: quizás cuando los cerca de cuatrocientos veinticinco Otellos representados alcancen la cifra de quinientos; o cuando, en 1975, se redondeen los treinta y cinco años de profesión…

    ¿Cómo empezó a cantar?
    —Mi padre, crítico musical en Nueva York, me oía cantar en el cuarto. Me llevó a un maestro. Su consejo fue doble: que estudiase, porque había materia; que no me permitiesen cantar aún, porque era muy joven. Ya en Milán, novio de Rina, [¿?] la misma cantante, se produjo mi debut, en un teatro secundario, el Puccini. Yo era soldado. Rina consiguió vencer la [¿?] de los rectores que se negaban a [¿oírme?]. La prueba fue concluyente.

    Poco después, en días, preparé Madame Butterfly. Llevaba, claro, dos años de estudio en el Conservatorio musical ‘Rossini’ de Pésaro. El éxito determinó la carrera fulminante. A los dos años cantaba La bohème, en la Scala. Antes, las representaciones se sucedieron y hasta con circunstancias pintorescas. Estábamos en guerra cuando cantaba Butterfly en Padua. Un bombardeo terrible me hizo salir del teatro en traje de marino americano. Me tomaron por un paracaidista. Tardé en convencerles de que era un ‘Pinkerton’ de ficción.

    ¿Podría señalar algunos recuerdos esenciales de su carrera, algunos momentos de especial significación?
    —La primera vez que canté Manon Lescaut. Era, hasta entonces, obra que sólo abordaban líricos, y mi voz impresionó mucho. Cuando, en 1946, en marcado avance hacia el género y repertorio dramático, canté Aida. Cuando, en fin, el Colón de Buenos Aires me contrató para Otello. Yo había representado buen número de obras de responsabilidad —Turandot, Aida, La forza del destino, Tosca…—, pero sentí miedo. Llegué a telefonear, para decírselo, al maestro Antonino Votto. Se indignó y me dio grandes ánimos. Por entonces y durante diez años, alternaba géneros tan diversos como el de Lucia, con Lily Pons de protagonista, y Otello. Canté cuarenta y tres óperas distintas, incluida La walkyria, en alemán.

    ¿Y sin (sic) repertorios predilectos?
    —En una primera etapa, ‘Cavaradossi’, ‘Des Grieux’, ‘Chénier’… Después ‘Otello’, ‘Sansón’, ‘Don José’… Ahora me interesan las obras que me hagan sentir el placer de cantar y el de actuar, de vivir los personajes. He limitado a diez títulos mi repertorio: Otello, Andrea Chénier, Sansón y Dalila, Carmen, La Walkyria, Fedora, Ernani, Payasos, Norma y Francesca de Rimini.

    ¿Puede, en su larga experiencia, decir, si han cambiado los gustos y las exigencias del público?
    —Mucho. Hoy se exige mucho más. En un momento se pudo triunfar sólo con la voz. Hoy hemos de adentrarnos en profundidades psicológicas del personaje, cuidar la figura, establecer comunicación merced al gesto, la acción, pero siempre de forma no exagerada, contenida, porque el exceso no gusta. Ha de funcionar, gobernando a nuestro corazón, nuestro cerebro. Sólo el instinto no basta.

    ¿Voz, estilo temperamento, musicalidad, acción…?
    —Primero la voz; base necesaria. El estilo, después. La interpretación, consecuencia del estilo, más tarde…

    ¿Cree en la inspiración del momento?
    —Sí, pero del momento, sobre todo, en que se toma una partitura nueva y se busca la del compositor. Cuanto más se estudia, más se encuentra. Es así como creo en la inspiración; cuando al enfrentarme por vez primera en Bohème lloré de emoción, al recibir la del músico.

    ¿Le importa, le influye el público?
    —Sí y no. En general, cuando canto, no veo al público. Pienso en mi personaje y no quiero distraerme, pero si veo que alguien lo está, me propongo ganármelo y lo hago todo para captarlo a él, al individuo, como si el resto, ya convencido, no existiese. El publico, claro, es necesario. Para él actuamos. Yo nunca lo he tenido malo. En los latinos impera el virtuosismo, la devoción a la voz y la técnica. En los germanos, la línea, el estilo, el conjunto. Muy curiosos son los japoneses, que parecen ausentes, pero están atentísimos y preparados, y que se interesan lo mismo por el conjunto que por el color de la voz.

    [Mario del Monaco (Manrico), Renata Tebaldi (Leonora) y Ugo Savarese (Conde de Luna): Il duelo, Il Trovatore, Verdi.
    Coro del Maggio Musicale Fiorentino. Dirige: Alberto Erede. 1956]

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    Bernardo de Muro (1881-1955)

    Thursday, September 24th, 2009
    BBBB

    'Caras y caretas', Buenos Aires, 27 de diciembre de 1913.

    Nuevo regalo mágico. Esta vez para Nicolás Camilo Gesén, que pedía, hace como un siglo;-)

    “Un par de registros de ‘Il Trovatore’ del olvidado Bernardo de Muro”.

    Bernardo de Muro como Folco en 'Isabeau'.

    Bernardo de Muro como Folco en 'Isabeau'.

    ♣ ♣ ♣
    Programa Bernardo de MuroPrograma Bernardode MuroLa ópera y sus intérpretes. Un viaje a las voces del pasado.

    Programa emitido por radio del Sodre, comentado y dirigido por el Dr. Antonio Lagatta Mazzeo.

    Canta Bernardo de Muro (por orden de aparición):

  • Tu chi’odi il mio grido, Isabeau, Mascagni  (1912)
  • E passerà la viva creatura, Isabeau, Mascagni (1912)
  • Il fiore che avevi a me tu dato, Carmen, Bizet (1912)
  • Un dì’all azzurro spazio, Andrea Chénier, Giordano (1912)
  • Sì, fui soldato, Andrea Chénier, Giordano (1917)
  • Come un bel dì di maggio, Andrea Chénier, Giordano (1920)
  • Deserto sulla terra, Trovador, Verdi; con el barítono Ernesto Vallini (1917)
  • Di quella pira, Trovador, Verdi (1917)
  • ‘Miserere’, Trovador, Verdi; con la soprano Maria Ruggero (1917)
  • Ora e per sempre addio, Otello, Verdi (1917)
  • Dio, mi potevi scagliar, Otello, Verdi (1917)
  • Niun mi tema, Otello, Verdi (1914)
  • Habla Bernardo de Muro, a los 70 años (fallece a los 74)
  • Entre las audiciones, semblanza sobre la carrera artística del tenor
  • nota
    Todo lo anterior:  aquí


    nota

  • De Muro: cabaletta del final del Tercer Acto, Escena VI, de El trovador, Verdi.
  • 01/06/2014

  • Dio, mi potevi scagliar, Otello, Verdi.
  • stelle

    Ramón Vinay (1982): “Yo no lo sabía entonces, pero Toscanini era el Papa”

    Thursday, January 29th, 2009

  • Ramón Vinay: Dio, mi potevi scagliar…, monólogo de Otello del Acto III, Escenas III y IV, de Otello, Verdi.
  • Iago: Giuseppe Valdengo.
  • Metropolitan Opera Orchestra. Fausto Cleva. 1951.
  • En la misma grabación
  • NBC Symphony Orchestra. Arturo Toscanini.
  • Iago: Giuseppe Valdengo. 1947.
  • (Gracias, Chema)

    ♣ ♣ ♣

    Ramón Vinay

    Entrevista a Ramón Vinay realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde,  noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires.  En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

    (Gracias, Juan:-)

    ♣ ♣ ♣

    Ramón Vinay, 73 aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • «El 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, cumplió 73 años de edad el más famoso de los cantantes líricos chilenos de los últimos 40 años y, sin duda alguna, uno de los más grandes intérpretes de ‘Otello’ de todos los tiempos: Ramón Vinay.

    Hace un par de años Vinay estuvo por última vez en Chile, como invitado de honor para presenciar la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago. El título escogido para la ocasión (12 de julio de 1982) era uno de los más apreciados por el público chileno y por Vinay, el Otello de Verdi.

    El reparto incluía a Gilda Cruz-Romo (Desdémona) y Kari Nurmela (Iago), la experta batuta de Michelangelo Veltri y la presentación en Chile, en el rol protagónico, del tenor argentino Carlos Cossutta, reputado como uno de los buenos intérpretes mundiales del difícil rol verdiano.

    Desgraciadamente, Cosutta, sea por nerviosismo o por enfermedad, falló y en la frase Della gloria d’Otello è questo il fin, un tremendo gallo marcó el ‘fin’ del tenor. El resto de la ópera fue alternativamente susurrado o gritado, ante la consternación del público, que sufrió esta verdadera ‘vía crucis’ vocal.

    Cossutta regresó a Buenos Aires sin poder cumplir sus otras presentaciones y para reemplazarlo se trajo de urgencia al italiano Angelo Marenzi y al francés Gilbert Py (dos funciones cada uno), con resultados francamente mediocres.

    Ramón VinayEs que cantar Otello en la patria de Zanelli y Vinay es realmente empresa arriesgada. Pasada la accidentada primera función, quise tener una breve conversación con Ramón Vinay, para saber su opinión de lo sucedido, etc. El sábado 17 de julio de 1982 me invitó a desayunar con él a las 8:30 de la mañana en su suite del Hotel El Conquistador. Lo que siguió fueron más de dos horas, no de entrevista, sino de un largo, intenso y amenísimo monólogo, salpicado de recuerdos y anécdotas, análisis serios y risueños acerca de la ópera, los cantantes y los directores… Durante este ‘show’ privado no sólo se habló de ópera. Las comidas, los vinos y las mujeres (eterna pasión del cantante) tuvieron en Vinay acertados e irónicos comentarios.

    Ramón VinayNo se le escapó la política, ni nacional ni internacional. El problema limítrofe chileno-argentino, la guerra de las Malvinas y otros, que por razones obvias no corresponde incluir  en esta publicación.

    Sin embargo, lo más importante para mí fue ver la vitalidad de este ‘joven’ de 71 años, que me actuó y cantó, primero a media voz y luego a todo pulmón, frases de Carmen, Otello y Parsifal…, y sus movimientos, sus ojos, sus gestos. Toda una clase magistral que, desgraciadamente, no puedo transcribir al papel.

    Vinay: Yo he sido un hombre de suerte…,  de una suerte escandalosa. Permítame recordar que Napoleón Bonaparte decía “Yo quiero generales con suerte…” y, bueno, permítame recordar su nombre, como yo soy Ramón…

    Dzazópulos: Juan…
    —¡Juan! Y nos tuteamos, por favor. Mi padre era francés. Nació a 5 km de la frontera italiana, a 120 km al norte de Niza, de una familia campesina. De allí, hace 200 años,  todos los mayores de la familia emigran a México, donde la industria textil está en manos de  gente del lugar. Mi padre fue allá de joven y luego pasó a Chile… Tenía una fábrica de espuelas en Chillán, donde yo nací, un 31 de agosto de 1911. A mi madre casi no la conocí, murió muy joven y está enterrada aquí, en Santiago.

    Mi padre regresó a Francia en marzo o abril de 1914 para comprar maquinaria para su fábrica y allá lo pescó el 2 de agosto la declaración de la guerra (Primera Guerra Mundial)… y soldado. No pudo regresar hasta 1917, que le dieron un permiso más largo, un mes de descanso. Se fue a su tierra y allí desertó… y se volvió a Chile.

    En 1920 vino una amnistía y mi padre nos llevó a mí y a mis hermanos a Francia. A los tres meses estaba hablando francés. Estudié en Francia pero no llegué a estudiar el bachillerato, porque en septiembre de 1926, o sea, a los 15 años, me enviaron a México para trabajar en uno de esos grandes negocios que eran de mi misma familia… Allí se empezaba desde abajo y a los 10 ó 15 años eras jefe. Ése era el destino que teníamos…

    ¿Tenías más hermanos?
    —Tenía un hermano, Otto, que murió hace poco en México, y una hermana que murió en 1934 a los seis meses de casada… En fin, yo tenía una fábrica de cajas de cartón. A los 22 años ya contaba con 30 operarios que trabajaban para mí… Siempre tuve afición a la música. Tocaba el violín desde los cinco años (desgraciadamente el piano no). Descubrí que tenía un poco de voz, y me dije “a lo mejor la voz se puede educar”.

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