Posts Tagged ‘e susanna non vien!’

Margaret Price (1941-2011)

Monday, January 31st, 2011

Margaret Price

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • El país de Gales (parte de Gran Bretaña junto a Inglaterra y Escocia) ha dado al mundo un gran número de artistas líricos que han alcanzado prestigio internacional. Entre ellos, el tenor Stuart Burrows, el barítono Geraint Evans, la soprano Gwyneth Jones, el bajo Robert Lloyd y el barítono Bryn Terfel. Pero, sin duda, un lugar muy especial entre ellos es el que logró la recientemente fallecida soprano Margaret Price.

    Margaret Price nació el 13 de abril de 1941 en Blackmood, Monmouthshire (Gales). Como toda familia galesa, la música formó parte importante de su infancia, pero nunca pensó en ella como una carrera, ya que su ambición era ser una profesora de biología.

    Sin embargo, a los quince años de edad y por consejo de su profesor de música, decidió participar en un concurso para voces jóvenes ganando una beca para estudiar en la Trinity College of Music de Londres.

  • E susanna non vien!… Dove sono, Las bodas de Fígaro, Mozart.
  • En un principio fue clasificada como mezzosoprano y como tal formó parte del célebre coro de los Ambrosian Singers. Su debut en la ópera tuvo lugar en 1962 en la Welsh National Opera, en el rol de Cherubino de Las bodas de Fígaro. Y fue este mismo personaje el que la llevó a la escena internacional, cuando en junio de 1963 tuvo que reemplazar a Teresa Berganza en el Royal Opera House Covent Garden de Londres. El reparto incluyó a Geraint Evans, Tito Gobbi, Ilva Ligabue y Mirella Freni, dirigiendo Georg Solti.

    El director James Lockhart la convenció de que debía cambiar su tesitura a la de soprano lírica y fue como tal que logró un prestigio indiscutido, principalmente, como soprano mozartiana.

    Además del Covent Garden, donde cantó en numerosas temporadas, también lo hizo en 1967 para la English Opera Group, cantando el rol de Titania en A Midsummer Night’s Dream de Britten y Acis y Galatea, de Haendel. Fue llamada al Festival de Glyndebourne en 1968, y posteriormente en 1971 y 1972, logrando un gran éxito como Constanza en El rapto del serrallo y Così fan tutte, ambas de Mozart.

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    Barbara Hendricks: “Necesito cantar obras que me emocionen”

    Wednesday, March 11th, 2009
  • Rafa Balbuena
  • Hendricks

    Clara y rotunda, pero sin afectación ni divismos. Barbara Hendricks, cantante de ópera, activista en pro de la paz y Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 2000, confiesa que está “muy emocionada” ante el concierto que dará el día 22 en el Palacio Valdés de la mano del Centro Niemeyer. La soprano habló ayer para La Voz de Avilés y dio su visión de una carrera que cumple este año treinta y cinco años de trayectoria sobre el escenario. “La música es la forma que tengo de expresarme, y lo ocurrido hasta ahora me llena de satisfacción”, asegura.

    —¿Cómo se siente ante su nueva visita a Asturias?
    —Me hace muy feliz volver. Desde el Premio Príncipe de Asturias he procurado visitar la región, y lo he hecho unas cinco veces. Sigo maravillándome ante un lugar tan verde y tan tranquilo.

    —¿Qué recuerdos tiene de aquella visita, y de España en general?
    —Que me concediesen el Premio de las Artes fue un gran honor. Y compartir la presencia con los premiados en las otras categorías, en un galardón tan importante, es un recuerdo imborrable. Siempre se me ha dispensado un trato excelente en España, y estoy muy agradecida por ello.

    [E Susanna non vien! (1984)]

    —¿Qué puede decir del repertorio que va a abordar en el concierto avilesino?
    —Los autores de estas piezas siempre me han emocionado. Tanto Schubert y Poulenc como Mahler o Falla me llegan muy hondo, y es un placer cantar estas composiciones. Me acompañará Love Derwinger al piano, y el repertorio, como siempre, lo he elegido yo, por todo lo que significa para mí. Realmente, necesito cantar obras que me emocionen. Eso es esencial para comunicar.

    —¿Conoce la importancia del Centro Niemeyer?
    —Estoy segura de que el futuro lo convertirá en una referencia cultural, y eso es siempre positivo.

    —Usted tiene un extenso currículum como cantante, pero en un principio se decantó por estudiar ciencias. ¿Qué le llevó a dedicarse a la ópera?
    —Si le digo la verdad, no lo sé (risas). Yo estudié matemáticas y química, pero el escenario me atrajo con muchísima fuerza. Quise probar si tenía talento, y al final me acabé dedicando a cantar. La música me eligió a mí, y no al revés. Y no lo pude evitar. No fue una opción, sino una vocación a la que no pude oponerme. No sé si ha sido un error (risas).

    —Su gran especialidad son Mozart y Brahms. ¿En qué obras ha dado lo mejor de sí misma?
    —Realmente, me entrego por igual en todo lo que hago. Es cierto que La flauta mágica cosechó mucho éxito, pero no podría decidirme por una obra concreta. Hay tantos autores maravillosos… Mozart es muy cercano a mis sentimientos, pero a mí me gustan todos los papeles que he hecho. Es como escoger entre tus propios hijos. Nunca podría decantarme por uno solo.

    —¿Qué ha supuesto para su carrera actuar bajo las órdenes de Karajan, Bernstein o Zubin Metha?
    —Un orgullo, desde luego, y un lujo que no olvidaré jamás. Lo más importante es lo que aprendí de ellos. La experiencia con Bernstein fue de las más bellas, tanto por su exigencia como por su humildad. Y de Karajan ¿qué puedo decir? Ha sido el mejor director, lo que hizo por la música es irrepetible. Yo he tenido el honor de trabajar con los más grandes directores del siglo, como fueron ellos dos y Giulini.

    —También recibió clases de la diva por excelencia, María Callas. ¿Qué recuerda de ella?
    —Bueno, es un recuerdo extraño. Ella era una excelente intérprete, lo que ocurre es que aquellas clases, además de alumnos, tenían público, y eso nos ponía un poco nerviosos a todos. Creo que Callas no estaba cómoda, y no era una profesora al uso. Lo considero algo interesantísimo, y ella tenía una personalidad fascinante. Además de ser, como usted ha dicho, la Diva, con mayúsculas.

    —No es usual que una soprano dé un giro como el suyo, actuando en el Festival de Jazz de Montreaux de 1994. ¿A qué se debió ese golpe de timón?
    —Bueno, yo nací en Arkansas, y el jazz, el blues y los espirituales es la música de mi niñez. Realmente, no es tan extraño que hiciese ese repertorio. Hubo críticas muy positivas, aunque otras dijeron que era bajar de nivel. Yo creo que las críticas no deben afectar a un artista, y asumir riesgos es necesario para cualquier carrera musical. Si la crítica es constructiva, se puede y se debe admitir, pero también es cierto que hay que seguir el instinto y hacer lo que uno cree.

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