Julio 2010
Anthony Rolfe-Johnson, tenor británico, nació el 5 de noviembre de 1940 en Tackley (Oxfordshire).
Después de cantar como niño soprano y en coros, especializándose en Händel, obtuvo la beca Eva Turner y comenzó a estudiar canto con el tenor Peter Pears. Debutó en 1973 en el rol de Veaudemont en la ópera Iolanta, de Tchaikovsky. En 1974 cantó por primera vez una ópera de Benjamin Britten, compositor en el que llegó a especializarse y heredar los roles que había creado su maestro Peter Pears. Esta primera ópera fue Albert Herring.
En 1974 se presentó por primera vez en el Festival de Glyndebourne cantando el papel de Stroh en Intermezzo, de Richard Strauss. Volvió en 1975 como Lenski en Eugenio Onegin; y en 1976 como Fenton en Falstaff, de Verdi. En 1977 realizó una gira de conciertos por Alemania Occidental y Holanda; y en 1978, por Holanda y Bélgica.
English Baroque Soloists. Dirige: John Eliot Gardiner
En 1978 entró a formar parte de la English National Opera (Sadler’s Wells) debutando como Don Ottavio en Don Giovanni. Con esta Compañía logró notables éxitos en el rol de Essex en Gloriana, de Britten (1984); y en el de Ulises en Il ritorno di Ulisse in patria, de Monteverdi (1989). También cantó allí la parte de Male Chorus en The Rape of Lucretia, de Britten.
Otro importante éxito lo obtuvo con el rol de Aschenbach en la ópera póstuma de Britten, Death in Venice, que cantó por primera vez en 1983 en Ginebra y luego repitió en la Scottish Opera.
En 1983 cantó en los Festivales de Salzburgo, en la ópera La finta semplice, de Mozart, y en 1984 debutó en el Teatro alla Scala de Milán en el rol protagonista de Lucio Silla, de Mozart. Volvió al año siguiente para La clemenza di Tito, también de Mozart.
El 22 de diciembre de 1988 tuvo lugar su debut en el Covent Garden de Londres como Júpiter en Semele, de Händel (dirigido por el recientemente fallecido Charles Mackerras). Estaba programado su debut en el Metropolitan Opera de New York, también en la temporada 1988, como Pelleas, pero debió cancelar por problemas vocales, y su debut se realizó tres años después, el 28 de septiembre de 1991, en el rol protagónico de Idomeneo, de Mozart (cuatro funciones).
Al Metropolitan regresó en febrero de 1994 para cantar seis funciones de Death in Venice; y en diciembre del mismo año, para seis funciones de Peter Grimes. La última visita al teatro neoyorquino fue en noviembre de 1997 para cuatro funciones de La clemenza di Tito. Cantó en la Bayerisches Staatsoper de Múnich Peter Grimes. (Esta obra de Britten la cantó por primera vez en 1994 en la Scottish Opera y luego en Glyndebourne, para luego hacerla en el Metropolitan y en Múnich).
Al Covent Garden londinense regresó en 1992 como Oronte en Alcina, de Händel, y en 1996 como Don Ottavio en Don Giovanni, de Mozart. En 1996 debutó en la Ópera de París con Idomeneo.
Rolfe-Johnson fue también un destacado Pelleas en Pelleas et Melisande, que cantó en Bruselas, donde también creó el rol de Polixenes en el estreno de The Winter’s Tale (Un cuento de invierno), de Philippe Boesman, basado en la obra de William Shakespeare, en 1999. En La Monnaie de Bruselas también cantó el rol de Peter Quint en The Turn of the Screw, de Britten. En España cantó en Barcelona.
Fue un especialista en Bach, Mozart y Britten, y se consideran magistrales sus interpretaciones del Evangelista en las Pasiones de San Juan y San Mateo, de Bach.
Como muchos otros tenores, cometió la imprudencia de intentar roles más pesados, como el Florestán en Fidelio, Rodolfo en La bohème y el protagonista en Lohengrin, para los cuales su voz lírica y suave no era la apropiada.
Fue, en cambio, un notable recitalista y los ciclos de canciones de Schubert, que dejó grabados, son de referencia. Sus muchas grabaciones incluyen obras de Bach, Händel, Haydn, Mozart y, por supuesto, Britten.
Hacia el año 2001 comenzó a sufrir de alzheimer, enfermedad que le obligó a retirarse de toda actividad artística y causó su prematuro final. Falleció en Londres, a los 69 años de edad, el 21 de julio de 2010.


«Y después de casi tres horas de recital, ni el público se cansaba de ovacionar con auténtico delirio, ni ella de salir incansable a agradecer las muestras de afecto y admiración, aunque las dos últimas veces ya no quedara ningún miembro de la orquesta en el escenario y hasta los más devotos empezaran a aceptar que ya 






