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‘La fleur que tu m’avais jetée’, ‘E lucevan le stelle’, por Jonas Kaufmann

Friday, February 11th, 2011

  • Kaufmann: aria de la flor, Carmen, Bizet. 2011.
  • Kaufmann: escena II del último acto (E lucevan le stelle) de Tosca, Puccini.
  • Richard Bernstein (Carcelero). Munich Opera Festival, 2010.
  • nota
    Sobre la actuación de Kaufmann en Werther, el  28 de enero de 2011, en la Ópera Estatatal de Viena

    Jonas Kaufmann: “Es distinto conducir un Topolino que un camión de 40 toneladas”

    Wednesday, September 22nd, 2010

    Jonas Kaufmann

    La entrevista es del 29 de agosto. Pero nunca es tarde si la reseña es buena… La entradilla al completo, en el útimo enlace.

    Jonas Kaufmann tiene conmocionado al mundo de la ópera. El tenor muniqués de 41 años está convertido en una estrella de la que ningún teatro importante puede prescindir, es adorado por miles de fans y la crítica está a sus pies.

    Curioso caso el suyo, por muchas razones: es probable que su transformación de tenor lírico-ligero a tenor dramático sea única en la historia de la ópera; desde Franco Corelli que no se veía a un gran tenor con la prestancia física de Kaufmann, quien además agrega dotes de actor pocas veces vista y un conocimiento profundo de los diversos estilos que aborda; es un hombre de familia (está casado con la mezzo Margarete Joswig, con quien tiene tres hijos), practica yoga, es cristiano protestante y hablar con él es como hacerlo con un viejo amigo”.

  • Juan Antonio Muñoz
  • —¿Cómo se produjo su llegada a la música? ¿Hubo estímulo familiar? ¿Nació espontáneamente?
    —En mi casa se amaba la música clásica y también la ópera, pero ninguno era músico. Todos tocaban el piano como divertimento, pero no como trabajo. Yo cantaba siempre en la casa y también en el coro. Siempre lo he hecho. No me acuerdo de cuando no lo hacía. Como a los 14 ó 15 comencé a hacer pequeños solos; dos o tres frases en una cantata, en un oratorio. Pero jamás pensando en tomar esto como una profesión. Siempre fue un bello hobby. Cuando esto comenzó a tomar otra forma mi papá me decía: ‘Tú eres un amante de la familia y si quieres crear una familia también necesitas un trabajo más profundo…”.

    —¿Tenía razón?
    —Sí, por cierto. El riesgo en esto del canto es muy grande. Lo veo por ejemplo entre quienes han estudiado conmigo; son sólo algunos los que pueden al menos sobrevivir. No es una vida de lujo. Hay tantos, además, que después de estudiar canto han tenido que comenzar de nuevo para obtener otra profesión. Es verdaderamente riesgoso.

    —¿Por esto es que usted comenzó estudiando matemáticas?
    —Claro. Mi papá trabajaba en una aseguradora y me impulsó en esta dirección. Pero no era algo para mí, todo era demasiado teórico y muy seco. En matemáticas se habla de las cosas, pero se hace nunca nada. Durante el tiempo que estudié, jamás vi una cifra. Era sólo teoría. Yo no puedo estar quieto todo el día, teorizando. Mientras estudiaba matemáticas siempre mantuve mis clases de canto; me hacían falta.

  • La fleur que tu m’avais jetée. La Scala, diciembre 2009

    —¿Cómo lleva ahora esto de que su rostro sea conocido hasta por quienes no saben nada de ópera?

    —Es especial y un poco difícil, pues la gente te mira, hace comentarios y te trata de otro modo. Sobre todo en lugares donde he cantado mucho, como Zürich.

    —¿Sigue viviendo ahí?
    —Ya no; estuve allí 7 años. Ahora me he trasladado de nuevo a Baviera. Desde la próxima temporada no haré cosas en Zürich, una plaza que ha sido muy importante para mí pues pude probar títulos que han sido claves en mi carrera. Es un teatro pequeño donde todo funciona perfecto. Pero ahora mi calendario está tan lleno y concentrado en pocos lugares —el MET, Londres, la Scala, París, Viena y München, fundamentalmente— que resolví reestablecerme en mi país.

    —Usted nació en München y allí, curiosamente, es desde hace poco que figura de manera estable.
    —Sigue sucediendo en Alemania que hay que hacerse de un nombre afuera primero para que te llamen de los principales teatros nuestros. Es verdad, en 15 años he hecho pocas cosas en München, pero ahora por mí han cambiado muchos planes. Desde 2009 y en los años que vienen cantaré a menudo allí. Cada año haré una nueva producción y retomaré otra. ¡Todos me dicen que desde el punto de vista de los impuestos es una locura volver a Alemania! Pero a mí me gusta mucho mi país, la gente… soy alemán en definitiva. Además, tengo muchas cosas programadas también en Berlín, Bayreuth y Salzburgo…

  • Pourquoi me réveiller. Opera National de Paris, 2010
  • —¿Sus hijos están siempre con usted?
    —Sí y no. Ahora están conmigo porque es verano, pero estando en el colegio no se puede llevarlos a todas partes. Son tres, además. No es fácil. También es difícil hacer un calendario de actuaciones que no demande estar fuera demasiado tiempo. Pero yo no he hecho estos niños para no estar con ellos. La familia es siempre muy importante para mí y también para estabilizarme internamente, tener una base y no volverme loco con el éxito. Cada vez se hace más difícil ser uno mismo, permanecer en uno mismo y no cambiar porque algo cambia en tu entorno.

    —Es fácil tomar el otro camino…
    —Mucho. Es fácil, pero al final el problema es que, según mi punto de vista, todo se deteriora. Porque también la calidad del canto depende de la calma, de la profundidad, de la estabilidad. De estar contento en uno mismo y con uno mismo. Una vez que uno sale de sí para vivir otra cosa, después es muy difícil regresar. No se encuentra más el camino.

  • Debut en Lohengrin. Bavarian State Opera, julio 2009
  • —¿Cómo se vive un cambio tan radical en la voz como el suyo? Usted partió cantando algunos papeles de Mozart y también roles como Flavio (Norma) y Cassio (Otello), y ahora lo tenemos en Lohengrin, Werther y ya se puede pensar en usted como Otello y, por qué no, Tristán.
    —Es verdad. El año 95 comencé a cambiar mi técnica completamente. Hasta entonces había cantado como un tenor muy ligero. Ni siquiera era lírico, verdaderamente ligero, ligerísimo…

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    ‘La fleur que tu m’avais jetée’, por Kaufmann

    Thursday, August 20th, 2009

    Decíamos ayer… ¿Ayer? Bueno, el siglo pasado…;-)
    Es para todos, cómo no, pero se lo pidió Dinora, un regalo mágico tardío (y aún quedan) aunque estemos en agosto😉
    Invita Dinora:-)

  • Jonas Kaufmann: aria de la flor, Carmen (Acto II, Escena V), Bizet. Covent Garden, 2006.
  • stelle

    Ramón Vinay (1982): “Del Monaco cantaba ‘Carmen’ divinamente bien, con esa voz que yo nunca tuve. Pero no era actor”

    Wednesday, February 11th, 2009

    Vinay, Otello

    ¿Nunca segundas partes fueron buenas? Nos saltamos a la torera el dicho popular porque si hay una segunda entrega se debe, sencillamente, a que la entrevista era muy extensa.

    Como introducción, y porque viene muy a cuento, añadimos una breve reseña de Mario del Monaco sobre Ramón Vinay:

    lEra un hombre imponente, cabello rizado y negro, facciones regulares. Era un señor del palco escénico y de la vida. Se preocupaba de sus trajes de forma minuciosa. Era intelegentísimo y ductil. Recuerdo que en Dallas y Niza interpretó la parte de Iago, como barítono, mientras yo hacía el Otello. Se consideraba un un estudioso de la ópera y fue uno de los pocos extranjeros capaces de cimentarse, en alemán, en Bayreuth, donde cantó Tristán e Isolda en lengua original [Mario del Monaco, en su libro autobiográfico La mia vita e i miei successi].

    Y vamos con la segunda parte de la entrevista. Ojo, que si no han leído la primera, se perderán gran parte del contexto, se preguntarán quizás quién era Cossutta y, con seguridad, por qué aparece mencionado en el tercer párrafo.

    ♣ ♣ ♣

    Entrevista a Ramón Vinay (segunda entrega) realizada el 17 de julio de 1982 y publicada dos años más tarde, noviembre de 1984, en la revista Correo Musical de Buenos Aires. En julio de 1982, Vinay tiene 71 años.

    (Gracias, Juan:-)

    Ramón Vinay, 73º aniversario

  • Por Juan Dzazópulos Elgueta
  • Vinay, Callas—Yo fui siempre tanto actor como cantante. Creo que la Callas y yo, separadamente, sin habernos concertado, fuimos un elemento que trajo la actuación a la ópera. Tal vez exagero, pero creo que antes de esa época bastaba que un señor tuviera una linda voz y con la barriga por delante y brazo arriba así o asá… bastaba.

    Canté muy pocas veces Aida, pues es el tenor más tonto que pueda existir. A propósito, recuerdo una Aida en el Metropolitan. Yo no estaba bien de voz y en el ‘Celeste Aida’ agarré la frase ‘un trono vicino al sol’ a piano. Al día siguiente un crítico dijo: “¡Por fin lo oímos como está escrito…!”. ¡Y yo no podría haber cantado forte tampoco!

    Después de oír a Cossuta aquí en Otello yo, así se lo dije a los periodistas, le habría copiado cuatro o cinco cosas. Pero también le habría enseñado una docena. El copiar no es tan fácil. Cada gesto debe tener su razón. Si no,  son solamente gestos…

    Al principio de mi carrera en que yo cantaba Otello, por allá en los años en que Jesucristo llevaba pantalones cortos, yo, como todos los jóvenes, hacía demasiados gestos. Poco a poco estos se van eliminando. Tres gestos se vuelven solamente uno y hasta ese gesto se puede eliminar.

    Wieland WagnerTuve la suerte (ya te he dicho que yo he sido un hombre de una suerte enorme) de trabajar muchos años en Bayreuth, donde canté como tenor (me parece) por seis temporadas, después dejé de cantar durante dos temporadas  y regresé como barítono. Porque yo he cantado como bajo, barítono y tenor, lo cual te prueba que nunca supe cuál era verdaderamente mi voz.

    Al decir tres cuerdas, el contrabajo, el cello y el violín, la más natural para mí es el cello. Yo sufrí mucho como tenor, cada vez que veía un do para mí era fuego…

    Te decía que tuve la suerte de trabajar con Wieland Wagner, el nieto de Richard Wagner, en Bayreuth. Él tenía ideas muy profundas y arraigadas de lo que había escrito su abuelo, pero al mismo tiempo era un hombre moderno. Él eliminaba gestos.

    Vinay, Otello¡Cuánto más se transmite sin gestos! Yo pienso más en un paso y en un gesto con la intención de eliminarlos, o al menos pensaba, pues ya no cantó aunque sigo activo. Si el Padre Eterno me diera tres notas más arriba del fa diesis, que lo puedo cantar perfectamente sin pedir excusas, yo cantaría Otello… ¡Pero no lo puedo hacer! Haría un Otello que yo quisiera estar en el público para auto-admirarme. Esto suena como una estupidez, pero no lo es. ¡Es que yo quisiera recibir una lección de mí mismo!

    Qué pasa en la vida diaria, en una oficina o en un bar, que es donde suceden estas cosas, entre dos personas que discuten. Gritan, la cosa sube de tono, y parece que va a haber golpes. Pero uno de ellos se controla. El que está haciendo teatro es el que grita y se mueve, pero el que llama la atención es el que se está controlando. Lo mismo es en el teatro.
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