Porque cuando pibe me acunaba en tango
la canción materna pa’ llamar el sueño
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio viejo.
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡¡Volá!
“Afirma que su familia es lo que le hace más feliz, y en su tiempo libre le gusta la simulación de vuelo por internet con aviones de la II Guerra Mundial. También la lectura de actualidad, ‘estar al día, y la tecnología, los aparatos’”.
Pablo Gallego
—¿A quién le debe más, a José Luis Perales o a Pavarotti?
—(Ríe). A Pavarotti. En mi profesión es el más grande del universo intercontinental mundial. Para mí, Luciano ha sido el cantante más grande de la historia, con respeto hacia todos los demás. Pero todos tenemos nuestras filias y para mí Pavarotti es el más grande. Perales me evoca a la pubertad. A muchas noches en la Alhambra tocando la guitarra y cantando sus canciones para las chicas que no me ligué.
—¿Cómo recuerda su debut en Oviedo?
—Hace ya 6 años que debuté aquí, y desde entonces mi vida ha sido totalmente distinta. Cantaba cosas pequeñitas, hacía bolos por la Comunidad Valenciana, y de ahí salté a cantar con las mejores orquestas del mundo y con los mejores cantantes.
—¿Qué significó en su carrera encontrarse con Ana Luisa Chova?
—Ana me cambió la vida. Llegué destrozado vocalmente, casi no tenía voz. Ella me curó primero la mente y luego me curó la voz. Me dio tranquilidad y confianza en mí mismo. Mi experiencia en la Escuela Superior de Canto de Madrid fue trágica. Llegué con la voz natural, y en cuestión de dos años me la destrocé, me quedé sin voz. Tenía 19 años y hay muchas cosas que por falta de madurez no consigues comprender. No es cuestión de echarle la culpa a nadie. Pero de Madrid me fui sin voz.
—Y de ahí pasó al coro profesional de Valencia.
—Es algo de lo que me siento orgullosísimo, aunque para muchos solistas estar en un coro es como una maldición. Y no descarto volver, cuando deje la carrera o cuando sea conveniente, porque es un coro sin frustraciones, de gente joven que sabe que su sitio es ése y no puede aspirar a nada más. O a nada menos. Ganar un sueldo haciendo lo que te gusta es maravilloso.
—¿Y cómo fue el paso de salir de la masa coral y ponerse delante?
—Ese paso lo di aquí, en Oviedo. Fue muy difícil, no tenía muchos contratos por delante, pero decidí jugármela y salir. Ponerme en primera línea de fuego, que la gente no sabe lo difícil que es. Estás desnudo, sin protección ninguna. Eres tú, el público y la orquesta.