Triste noticia para la lírica. En la mañana de hoy, miércoles 5 de mayo de 2010, falleció en su hogar de Roma, GiuliettaSimionato. La gran mezzosoprano italiana nació en Forlì el 12 de mayo de 1910. Siete días más, y hubiera cumplido cien años. El destino no lo quiso así.
Sus funerales tendrán lugar mañana en la Capilla de los Caballeros de Malta, en Roma.
«La noticia la ha dado el director de la Asociación Bruno Tosi quien ha definido a la intérprete como “un extraordinario fenómeno artístico” y a la que iba ser entregado el “Premio a Una vida en la Música”. “Nada hacía presagiar su improvisada desaparición pues estos últimos días estaba en discretas condiciones de salud, aunque se sentía bastante fatigada”».
“Bruna Rasa, bellísima mujer, rostro lleno de encanto, cuerpo escultural, se presentó en la Scala, en Guillermo Tell al lado de Benvenuto Franci y Lauri-Volpi, en el centenario de la ópera. ‘Selve opache’, la suave melodía rossiniana, dio alas a su voz y al corazón del gran público milanés.
Pero la ópera en la que la Rasa ha dejado un sello personalísimo es Cavalleria rusticana. Mascagni la prefería a cualquier otra intérprete. Su sinceridad en ‘Voi lo sapete, o mamma’ —confesión saturada de presentimientos y de espanto— cautivaba a cualquiera que tuviera en el corazón un mínimo de sensibilidad. Cuándo ella lloraba, Mascagni lloraba. Y muy pocos de los oyentes hubieran podido hacer otra cosa que imitarla.
El camino de la gloria estaba abierto a la magnífica criatura, resplandeciente de fascinante feminidad. Pero parece que la naturaleza golpea a ciegas a sus víctimas. La locura tenía que perturbar aquel nobilísimo intelecto: una enajenación intermitente y dramática. Se la conducía a la fuerza al camerino, y la pobrecilla se obstinaba en su mutismo. Alguien tenía que zarandearla, abofetearla incluso, y después acompañarla entre bastidores.
Pero bastaba que de la orquesta se elevaran las primeras ondas sonoras para ver aquel rostro iluminarse, vibrar, serenarse, sonreír. Bruna Rasa entraba en escena como volviendo en sí misma. No era ella quien se poseía, sino el personaje el que entraba en ella y participaba en la representación, como un ‘doble’ mágico, venido o enviado quién sabe de dónde.
La aventura concluía al cabo de unas horas como por sortilegio. Una gentil, vibrante loca, cantaba en gloria de voz como Santuzza no ha tenido jamás tan misteriosa ni conmovedora”. [Lauri- Volpi, en Voces Paralelas]
El primer villancico que escuchamos este año en el blog y un acontecimiento muy especial: la primera actuación oficial de nuestro amigo Tomás, el tenor murciano Tomás Ataz.
Durante el recital, en la II Gala Benéfica Aspanpal, Navidad 2009, cantó Tomás Che’ ella mi creda, de La fanciulla del West, la canción L’alba separa dalla luce l’ombra de Tosti; Cielo e mar, de La Gioconda; el dúo de El gato montés, de Penella; O Lola…, de Cavalleria rusticana; Mujer de los ojos negros, de El huésped del Sevillano; Por el humo se sabe dónde está el fuego, de Doña Francisquita; el villancico Noche de paz; y el Canto a Murcia de La parranda.
Todo un éxito, nos cuentan. En su debut oficial, Tomás Ataz puso al público en pie varias veces a lo largo de la noche.
O Lola ch’ai di latti la cammisa | sì bianca e russa comu la cirasa, | quannu t’affacci fai la vucca a risa, | biatu cui ti dà lu primu vasu! | ‘Ntra la porta tua lu sangu è sparsu, | e nun me mporta si ce muoro accisu… | E s’iddu muoru e vaju mparadisu | si nun ce truovu a ttia, mancu ce trasu.
O Lola, bianca come fior di spino, | quando t’affacci tu, s’affaccia il sole; | chi t’ha baciato il labbro porporino | grazia più bella a Dio chieder non vôle. | C’è scritto sangue sopra la tua porta, | ma di restarci a me non me n’importa; | se per te muoio e vado in paradiso, | non c’entro se non vedo il tuo bel viso.
La Santuzza de Simionato y su A te la mala Pasqua, spergiuro! Testimonio emocionado de la artista al rememorar su interpretación del personaje y la Cavalleria que cantó junto a Corelli en 1963.
La profesionalidad y el perfeccionismo de Giulietta Simionato es ya toda una leyenda. “Entre 1947 y 1966, cuando me retiré de la escena, trabajé como una negra. Ochenta representaciones al año. Ni un momento de relax. Todos los teatros me querían”.
En el vídeo, Simionato en la Casa di Riposo per Musicisti, ‘Casa Verdi’. La tranquilidad y la satisfacción de quien lo ha dado todo en su carrera. Una cosa es que el público abandone al artista y otra, bien distinta, que el artista abandone al público. Pues eso.
Elegante, refinado, excelente actor. Guaperas, de agradable presencia —que se diría por entonces—, con especial expresión en las frases de amor: a Giuseppe Anselmi se lo rifaban las damas.
Nació en Nicolosi, cerca de Catania, el 16 de noviembre de 1876, y se estrenó en el mundo de la música a los 13 años, como concertista de violín. Debutó como tenor en Atenas, con Cavalleria rusticana, en 1896, a los veinte años. Su profesor de canto fue el afamado maestro Mancinelli.
Se le escuchó, sobre todo, en los teatros más importantes de Europa y América. En el Real fue especialmente apreciado y admirado. Tanto es así que donó su corazón al coliseo madrileño, para que reposara junto a la laringe de Gayarre; donación que tras varias vicisitudes y casi de milagro, aún se conserva en el Museo Nacional del Teatro, en Almagro.
Los pescadores de perlas, Romeo y Julieta, Tosca, Eugenio Oneguin, Fedora; Iris y Amica(ambas de Mascagni)… Un amplio repertorio. No se aventuró demasiado en el estrictamente dramático, aunque en alguna ocasión cantó Pagliacci.
Algunos especialistas sostienen la hipótesis de que el abandono del canto di grazia para ocuparse del verismo contribuyó a que su carrera se acortara. Tras retirarse de la escena, fundó una escuela de canto en Zoagli, ciudad donde falleció, a causa de una pulmonía, el 27 de mayo de 1929.
Se le recuerda especialmente como Werther, Des Grieux —de Massenet— y Romeo. “Su voz fue cálida e instrumental, y se prestaba tanto para las inflexiones lánguidas como para los acentos más fervorosos”.
Entre 1907 y 1910 grabó sesenta y ocho discos, algunos de ellos inéditos. ¿Le hacen justicia? Parece ser que sí, “si bien el sistema antiguo atentaba contra las voces que eran muy timbradas”. No faltan en ellos, como era de rigor en aquellos años, “los amaneramientos de la época, las interpolaciones de adornos y los exagerados portamentos [Patrón Marchand]“.