Cesare Siepi, el más célebre de los bajos italianos de posguerra, falleció ayer, 5 de julio de 2010, en Atlanta (Estados Unidos). Hace unos diez días, fue víctima de un infarto.
Había nacido en Milán, el 10 de febrero de 1923. Tenía 87 años.
“En EE.UU. celebrarán mi 65 cumpleaños, el 4 de julio, por todo lo alto. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo un hijo. Mi idea política se resume en el último movimiento de la ‘Novena’ de Beethoven: todos los seres humanos tenemos que ser hermanos. Soy agnóstico”.
—¿Al cura pelirrojo le gustaba hacer tríos?
—Sí, y no precisamente musicales, que también los hizo. Era vox pópuli que Vivaldi, a pesar de ser cura, convivía con una cantante, la Giró, veinte años más joven, que era su protegida, y una hermana de esta a la que contrató como enfermera.
—Pillín. —”Como soy estrecho de pecho (asmático) —se justificaba—, no puedo decir misa y necesito una enfermera siempre conmigo”.
—Pero fue fiel a su trío.
—Efectivamente, fiel a las dos hermanas. Las costumbres en aquella época eran muy relajadas, incluso los cardenales tenían doble vida, y allí, en Venecia, los carnavales duraban casi seis meses.
—La debilidad de Bach era más prosaica.
—Sí, el orgullo. Fue una persona religiosa y de orden, fiel a sus dos mujeres, de las que tuvo 20 hijos; pero tener que estar bajo la esfera de quienes le contrataban, muchos ignorantes y cretinos, le sacaba de quicio, y tenía que tragarse el orgullo. Sin embargo, por orgullo y por cabezonería acabó encarcelado.
—¿El más feo de todos los genios?
—Probablemente Wagner, porque era bajito y cabezón.
—Pues a Haydn lo describían como a un monstruo.
—Sí, de él decían que sus piernas eran tan cortas que cuando se sentaba no alcanzaba el suelo. Su mandíbula inferior sobresalía como la de un bulldog y tenía la cara picada de viruela. Y le llamaban el Nigeriano por el color de su piel. Pero era bonachón y tenía sentido del humor. Era muy amigo de Mozart.
—Mozart sufría una extraña fobia. —Sí. Un trompetista dejó un documento en el que explica que cuando Mozart era pequeño tenía terror a la trompeta. Su padre lo invitó a su casa y le pidió que tocara para ver sí así se le pasaba la fobia; pero en cuanto se puso a tocar, Mozart se desmayó. Sufría trompetofobia.
—¿Qué es lo que más le sorprende de la vida íntima de los grandes músicos?
—Vivaldi fue cura porque, al ser pobre, su padre tuvo dos opciones: o hacerlo cura o castrarlo; pero Liszt se hizo sacerdote por vocación después de haber tenido hijos y siguió acostándose con todas las señoras —eso sí, de alta alcurnia— que podía. Que un abate fuera un promiscuo quizá es lo que más me choca.
—Mucho pecado de faldas, veo.
—El de Wagner fue, además de la autoidolatría, la infidelidad hacia sus mejores amigos y protectores: se la pegaba con sus mujeres.
—¿El más atormentado, Chaikovski?
—Sí, ser homosexual en la época de la Rusia zarista significaba irse a vivir a Siberia. Intentó ocultar su homosexualidad (a la que consideraba una enfermedad) casándose. El matrimonio fue un desastre y vivió amargado. Pero tuvo una relación con Nadejda von Meck, una acaudalada viuda rusa que tenía 11 hijos y que estaba enamorada de él.
—¿Qué tipo de relación?
—Ella le mantenía y sólo le puso una condición: que no se conocieran. Estuvieron carteándose durante catorce años.
—¿Beethoven era el de peor carácter?
—En una ocasión, como tantas, estaba tocando el piano y un príncipe susurró algo a una señora. Beethoven cerró la tapa del piano y gritó: “¡Yo no toco para esos cerdos!”. Luego se arrepentía; mandaba a la porra a un amigo y a los diez minutos le escribía una carta: “¡Querido corazoncito!, por favor, ven, perdóname. Te besa tu Beethoven, también llamado albóndiga”. Su música es así.
—Ciclotímica.
—Sí. Nunca cuajó con ninguna mujer, prefería las fulanas, a las que llamaba fortalezas.
—No está mal.
—Y Brahms tocaba desde los 11 años en prostíbulos de Hamburgo. Durante toda su vida tuvo un amor incondicional hacia ellas, decía que eran mejores que cualquier dama.
—La mayoría de los músicos provenía de estratos sociales bajos.
—Sí, los artistas eran parte de la servidumbre, se utilizaba a los músicos como ahora se usa un CD, no estaban considerados.
—¿Cuál es la historia de amor más bella?
—La de Brahms con Clara Schubert, bastante mayor que él y esposa de su mejor amigo y protector. Brahms se enamoró de Clara nada más verla. Cuando Schubert enloqueció y tuvieron que internarlo, Brahms no lo traicionó, incluso cuando murió siguieron enamorados toda la vida, pero sin casarse.
—Había genios esforzados y genios iluminados.
—Cierto. Beethoven era un genio pero le costaba; en cambio, Mozart… En la Capilla Sixtina, una vez al año se abría un cofre que contenía una obra, el Miserere de Allegri a ocho voces, se interpretaba y se volvía a guardar bajo llave y bajo pena de excomunión a quien la copiara.
—¿Una obra complicada?
—Mucho. Mozart, con 14 años, escuchó el Miserere de Allegri una vez, llegó a casa y lo escribió sin un solo fallo. ¿Cómo es posible? Yo creo que era un savant.
—¿El síndrome del sabio?
—Sí, personas con desórdenes mentales como el autismo que pese a sus discapacidades poseen sorprendentes habilidades mentales específicas. A Mozart era como si alguien le dictara la música, nunca corregía.
Anna Netrebko: “Cuanto canto un aria, soy más cantante, pero cuando tengo a mi lado a un compañero atractivo, actúo como mujer. La ópera es un arte sensual, y siempre trato de dotar a mis heroínas de un espíritu erótico-amoroso”.
“¿Cuánto tiempo puede cantarse Don Juan? Estaría bien ir haciendo otra cosa ya. Siempre le empujo [se refiere a su pareja, el barítono uruguayo Erwin Schrott] a que haga algo nuevo, pero, lamentablemente, es un poco vago”.
26 de abril de 2010. Presentación del nuevo CD de Flórez en Madrid
I puritani en el Real: aplausos para Diego Flórez; bravos para Eglise Gutiérrez
“Vocalmente el tenor ha estado tan sublime como suele estarlo aunque tampoco se ha entregado o así lo ha entendido el público, que ha premiado ’sólo’ con aplausos al peruano durante la representación, y unos ralos ‘bravos’ cuando ha salido a saludar, acostumbrado en este coliseo a verdaderos desbordamientos de entusiasmo”
Las cancelaciones de última hora y los nuevos talentos
“Casi todos los cantantes saltan a la fama con ocasión de una sustitución. Es el ciclo vital de la ópera. Pavarotti sustituyó a Di Stefano y Ramón Vargas se hizo un nombre como el Rodolfo que no pudo encarnar Luciano”.
Hoy traemos a portada algo muy especial. Especial, porque no es fácil encontrar información rigurosa, documentada, sobre la soprano chilena Rayén Quitral. Especial también, porque tampoco es fácil encontrar las grabaciones que de Rayén podrán escuchar. Una exclusiva con todas las de la ley en óperasiempre.es;-)
¿Dónde hubiera llegado Rayén con una más sólida formación, con un sólido apoyo afectivo en su vida personal? Nunca lo sabremos. De lo que no hay duda, es que poseía una voz excepcional.
“La soprano chilena Rayén Quitral, que paseara su voz privilegiada por los escenarios del mundo durante los años 30 y 40 del siglo veinte, siempre tuvo a honra reconocer que su apellido era de origen indígena (mapuche) y su nombre artístico significa “flor de fuego” en esa lengua. Sin embargo, los Quitral no tendrían más sangre araucana en sus venas, que cualquier otro campesino típico del sur de Chile.
María Georgina Quitral Espinoza nació en la pequeña localidad costera de Iloca (provincia de Curicó), el 7 de noviembre de 1916, hija de un peón agrícola, Fidel Quitral Correa; y de una campesina, Fidelisa (Fidela) Espinoza Letelier (algunas versiones dicen que el nombre de la madre sería Elena). Su padre falleció siendo Rayén aún muy niña. Su madre trabajaba de empleada doméstica en una casa particular de Iloca.
Hasta los cinco años de edad vivió Rayén en Iloca con unas tías, hermanas de su madre. Después la llevaron a San Javier, donde comenzó a asistir a una escuela primaria, y de San Javier se trasladaron a Curicó, donde completó su instrucción, pues allí vivió de los siete a los quince años. Por entonces cantaba en fiestas familiares y en la iglesia. También realizó algunos estudios de piano.
A los quince años de edad, Rayén fue madre soltera. Una bondadosa señora alemana se hizo cargo del niño y costeó su educación.
Alrededor de 1932, el dentista santiaguino Alfredo Avaria le escuchó cantar y, entusiasmado, logró que la señora Quitral y su hija se fueran a trabajar a su casa en Santiago.
El dentista hizo que su paciente, el empresario teatral chileno Ignacio Benítez Gallardo, la escuchara en su consultorio (Rayén cantó, escondida tras una puerta, el tango de Luis Martínez Serrano, ‘Donde estás corazón’) y Benítez, entusiasmado con esa prodigiosa voz, la llevó a la casa de la prestigiosa maestra de canto doña Emma Ortiz.
Esta dama, cuyo nombre real era Emma Wachter Ortiz de Thomassen, de origen bávaro, le dio primero clases en forma particular, y luego le hizo ingresar al Conservatorio Nacional de Música, en 1935, donde Emma Ortiz fue su profesora de canto; María Elena Blum, de piano; y el maestro Pizzi, de teoría y solfeo.
La primera presentación pública de Rayén Quitral fue en el Teatro Club de Señoras, posiblemente en marzo de 1937, en una presentación que ahí realizó Emma Ortiz con sus alumnas más aventajadas. Luego se presentó en el Teatro de Sewell.
Aún estudiaba cuando se le ofreció un ventajoso contrato para presentarse en conciertos. Como la dirección del Conservatorio pusiera inconvenientes, Rayén optó por retirarse. Su debut no pudo ser en el Teatro Municipal, pues se la consideró muy joven y sin experiencia, pero lo realizó en el Teatro Central, el 31 de mayo de 1937, en uno de los tradicionales conciertos de los días lunes, con un programa de dos horas de duración y las localidades agotadas.
Repitió este concierto en el Teatro Central y en otros como el Teatro Santa Lucía y el Teatro Oriente, tanto en la capital como en el resto del país, durante tres meses. Entre ellos destacaron sus exitosas presentaciones en el Teatro Municipal de Concepción y en el Casino de Viña del Mar junto al violinista Pedro D’Andurain.
El 29 de abril de 1938 se presenta en el Teatro Solís de Montevideo en un concierto, acompañada al piano por su maestra, Emmita Ortiz. Es anunciada como “concierto de la soprano araucana Rayén Quitral”. Siguen actuaciones en Radio Baquedano de la capital y un ‘concierto de despedida’ en el Teatro Caupolicán, y en agosto viaja a Argentina.
[Una voce poco fa, El barbero de Sevilla, Rossini. 1938]
En septiembre de 1938 debuta como concertista en Buenos Aires, realizando cuatro conciertos en el Teatro Politeama, y graba en esa misma ciudad sus dos primeros discos (‘Una Voce poco fa’, de Il Barbiere di Siviglia, con ‘L’angui d’inferno’, de Il flauto magico, disco Victor N° 36211 (12”); y las canciones ‘El Copihue Rojo’ y ‘Canción Araucana’, disco Victor N° 38332 (10”). También en el mismo año es contratada por Radio Belgrano (LR3), en la cual permanece durante cuatro años con un mismo auspiciador.
De regreso en Chile, el 4 de diciembre de 1938 cantó (sin micrófono) en la inauguración del Estadio Nacional de Santiago, siendo acompañada por el tenor mexicano Juan Arvizu. Los dos años siguientes los pasó prácticamente entre Argentina y Chile, y presentaciones en Radio Belgrano. En la temporada de diciembre 1939 y enero 1940 tuvo ocasión de compartir honores con dos grandes de la lírica internacional: el tenor español Hipólito Lázaro y el tenor italiano Tito Schipa.
En diciembre de 1940 dio conciertos en diversos teatros de Lima y en Radio Nacional de Perú, con motivo de las fiestas del Centenario de Arequipa. En Perú era anunciada como “la voz extra humana”.
[Der Hölle Rache, aria de la Reina de La Noche, La flauta mágica, Mozart. 1938]
En su debut en el Teatro Municipal de Lima, cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, la canción ‘Mapuche’, lieder de Brahms y Schubert, para finalizar con ‘El Copihue Rojo’.
En su segundo concierto cantó ‘Ardon gl’incensi’ de Lucia di Lammermoor. Entonces vino uno de los grandes terremotos que destruyó gran parte de la ciudad. Rayén permaneció en la ciudad cantando en Radio Nacional y luego dio un concierto de despedida en el Teatro ‘Marsano’ de Miraflores, cantando ‘Ah! fors’è lui’ y ‘Sempre libera’, de La Traviata, con unos agudos que “eran verdaderos cañonazos”.
De vuelta en su país, Rayén cantó durante los primeros meses de 1941 en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, realizando luego largas giras por el sur del país.
El maestro Erich Kleiber, que la había escuchado cantar en conciertos, la solicitó para el rol de la Reina de la Noche, en el estreno argentino de La flauta nágica de Mozart. Tanto Kleiber como la ilustre cantante y maestra Edita Fleisher la prepararon para este rol, con el cual debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1941.
En esta obra compartió honores con el tenor Charles Kullmann y el bajo Alexander Kipnis. Se dieron cinco funciones de esta obra. Al año siguiente, el maestro Fritz Busch repuso La flauta mágica en el Colón y nuevamente es llamada Rayén Quitral para el rol de Reina de la Noche, junto al tenor Edward Kein y el bajo Giacomo Vaghi. La primera de las seis funciones tuvo lugar el 18 de agosto de 1942.
Poco antes, el 16 de julio de 1942, había debutado en el Teatro Municipal de Santiago, en el rol protagónico de Lucia di Lammermoor. Dos funciones de esta ópera y un exitoso concierto el día 31 de julio constituyeron el aporte de Rayén a esa temporada lírica.
Después de cantar en el Teatro Colón, Rayén Quitral realizó largas giras de conciertos, cantando en las principales ciudades de las provincias argentinas. Regresó a Chile en febrero de 1943 con recitales en Valparaíso y Viña del Mar.
Aunque duela admitirlo, Chile no quiso o no supo explotar la riqueza de Rayén Quitral en su mejor época. Además de las dos funciones de Lucia ya mencionadas, su contribución a la ópera nacional en treinta años de carrera artística, se redujo a una aislada función de Rigoletto, al término de la temporada, el 16 de octubre de 1943, junto al tenor Bruno Landi y el barítono Daniel Duno.
Siguieron conciertos en Uruguay, Perú, Brasil, Cuba, Estados Unidos (donde fue ventajosamente contratada por el empresario Sol Hurok) y Canadá.
En Nueva York fue acogida en la casa del célebre pianista chileno Claudio Arrau. Éste le ofreció su casa y además se preocupó personalmente de pulir ciertas vulgaridades en su interpretación y musicalidad. Cuando Arrau creyó que su alumna estaba lista para cantar en un escenario, logró sin grandes problemas una audición para el Metropolitan Opera de Nueva York. Antes de dirigirse al teatro, Arrau, una vez más le hizo hincapié en lo que le había enseñado.
El 21 de noviembre de 1944 tuvo lugar la audición. Rayén cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica y la Escena de la Locura de Lucia di Lammermoor. Los Archivos del Metropolitan Opera registran lo que sigue: “Extraordinary voice, was so nervous that she was unmusical, undisciplined. Needs much work” (”Voz extraordinaria. Estaba tan nerviosa que se mostró antimusical, sin disciplina. Necesita trabajar mucho”).
Por supuesto, no fue contratada y Arrau, muy molesto con su ‘indisciplinada” alumna, no quiso saber nada más de ella. Tengo en mi poder una funda de un disco 78 rpm Columbia que dice: “The world’s greatest artists on the world’s finest records” (”Los más grandes artistas del mundo en los mejores discos del mundo”). Y luego una lista de grandes de la música como Ezio Pinza, Lily Pons, Torsten Ralf, Paul Robeson, Risë Stevens… y Rayén Quitral.
Esto me hace creer que, posiblemente, antes de la malograda audición, Arrau consiguió que Rayén Quitral grabara algunos discos para la Columbia americana. Sin embargo, al no obtener el contrato con el Metropolitan, los discos jamás se publicaron y es más que probable que las matrices fuesen destruidas. Así fue como Rayén Quitral perdió la mejor oportunidad de convertirse en una soprano de renombre internacional.
En algunas entrevistas que he tenido oportunidad de leer, la soprano menciona con absoluto desparpajo haber cantado en el Metropolitan Opera, Carnegie Hall, Opera de París y Scala de Milán. Mis investigaciones demuestran que, lamentablemente, nada de esto fue verdad.
En 1945 viajó a México y obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera al participar en el ‘estreno’ en Ciudad de México de la ópera El rapto del serrallo, de Mozart. Se dieron dos funciones, los días 14 y 16 de agosto de 1945, en el Teatro de las Bellas Artes. Rayén cantó el rol de Konstanze y a su lado estuvieron el tenor Romulo De Spirito (Belmonte), la soprano Ruby Mercer (Blonde), el bajo Salvatore Baccaloni (Osmin), el tenor Carlos Sagarmínaga (Pedrillo) y el bajo Gilberto Cerda (Selim). Dirigió el maestro Walter Herbert.
En su libro Cincuenta Años de Opera en México, Carlos Díaz Du-Pond la describe así: “… una chilena con una voz fabulosa de soprano que pudiéramos llamar ‘única’, pues tenía una extensión fenomenal”. Rayén Quitral se radicó por varios años en la capital mexicana, donde cantó en radio auspiciada por la Lotería Nacional.
En 1949 volvió a Chile para tres conciertos en el Teatro Municipal y presentaciones en Radio Sociedad Nacional de Agricultura. El 19 de septiembre de 1949 dio un concierto en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, acompañada al piano por Darío Sorin. Luego vinieron conciertos en Francia y en Italia. El 30 de abril de 1950 se presentó en un concierto en el Teatro della Pergola, en Florencia. La crítica de Il Mattino dell’Italia Centrale dijo que “… el público aplaudió vivamente”, pero agregaba: “… no ha confirmado plenamente todavía la bella fama con que era anunciada al público florentino. La entonación no es siempre segura….”.
El 6 de enero de 1951 tuvo lugar su ya legendario debut en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, con la ópera La flauta mágica. Se dieron cinco funciones, los días 6, 17 y 26 de enero; y 7 y 19 de febrero, y la obra fue cantada en inglés.
Rayén cantó la primera función en inglés, pero después la empresa la autorizó para cantar su rol de la Reina de la Noche, en idioma alemán. Aunque estas funciones tuvieron gran éxito de público (Rayén Quitral declaraba en una entrevista que los mismos reyes de Inglaterra aplaudieron de pie su interpretación…; queremos creer que la historia es verdad), la crítica fue algo reservada. Así el Daily Telegraph del 8 de enero de 1951 comentaba que “… hizo una eficiente, pero áspera (harsh) Reina de la Noche…”.
Vuelve a Chile y el 3 de septiembre de 1951 dio un concierto en el Teatro Municipal acompañada por Carlos Oxley al piano, pero los críticos chilenos, haciendo gala de severidad, le criticaron su “vulgarismo” y su “despliegue de sonoridad”. El 10 de octubre del mismo año se presentó en el Teatro Central en un concierto a beneficio de la Universidad Popular Juan Enrique Concha.
Nuevamente parte para realizar giras de conciertos por países sudamericanos. El 14 de octubre de 1952 da un único concierto en el Teatro Municipal con Free Focke al piano. Luego regresa a Argentina. Allí, el 9 de julio de 1953, se presenta por última vez en el Teatro Colón de Buenos Aires participando en un concierto de Bailes y Cantos Folklóricos.
Tras una ausencia de dos años, en 1953 regresa a Chile para grabar diez temas para el sello verde de RCA Victor. Estos cinco discos 78 rpm, más los dos grabados en 1938 en Argentina, son su única herencia fonográfica. A fines de ese año dio un único concierto en el Teatro Municipal.
El 27 de enero de 1954 participó en la velada inaugural del Teatro SATCH (actual Teatro Carlos Cariola) junto a numerosos artistas, entre los que también se encontraban la soprano Marcela de la Cerda y el bajo Claudio Robles.
También en 1954 recibió la distinción del ‘Caupolicán’, como la mejor cantante lírica nacional, premio que otorgaba anualmente la Asociación de Cronistas de Cine, Teatro y Radio.
El pasado 13 de enero falleció en su residencia de Piamonte, el bajo barítono italiano Wladimiro Ganzarolli. Descanse en paz.
“A lo largo de su dilatada carrera actuó en los más importantes coliseos operísticos de Europa y América, representando papeles tan significativos como los de Leporello, Scarpia, Escamillo, Lescaut o Falstaff. Asimismo realizó numerosas grabaciones para los sellos discográficos más importantes. Estaba casado con la intendente del Palau de les Arts Reina Sofía, Helga Schmidt”.
Justo Romero
“Ganzarolli contaba 78 años —los cumplió el pasado 9 de enero— y era uno de los cantantes más versátiles y completos de su gran generación. Belcantista reconocido y mozartiano cuando casi nadie interpretaba al genio de Salzburgo, su poderosa voz de auténtico barítono triunfó en los mejores teatros del mundo. Desde su debú en el Teatro alla Scala fue, durante decenios, uno de los cantantes favoritos del exigente público escalígero, al que brindó los papeles de Fígaro, Leporello, Guglielmo, Méphistophélès, Dulcamara, Ali Baba, Cardillac, Sulpice o Nevers. (…)
Fue particularmente aclamado por el cálido público del Teatro Colón de Buenos Aires, donde triunfó con óperas como La italiana en Argel, I quatro rusteghi, Las bodas de Fígaro o Guillermo Tell. También participó asiduamente en el Festival de Aix-en-Provence, donde formó una pareja emblemática con Teresa Berganza, hasta el punto de que en medios musicales se referían a este famoso festival como Festival BerGanzarolli”.
“Todavía hay quien se sorprende cuando escucha una voz propia de una mujer en un hombre de pelo en pecho, pero los contratenores ya invaden los escenarios del mundo. Max Emanuel Cencic no es uno más; parecía estar predestinado a rememorar a los castrati cuando con sólo seis años cantó como solista delante del público y también en los años que pasó como Niño Cantor de Viena. Hoy en día es uno de los imprescindibles. Cantará con Plácido Domingo en el Liceu y hoy lo hará en Donostia junto a la agrupación Moderntimes_1800 para recordar a uno de los más famosos castrati de la época, Caffarelli”.
—¿Cuándo y por qué decidió ser contratenor y no cantar con otro tipo de voz?
—Nunca lo decidí y de hecho, yo no quería ser cantante de ópera. Me eduqué en colegios muy conservadores y mi visión de la vida no era para nada la de un artista. Pero poco a poco, cuando vi que mi voz de soprano no variaba, me di cuenta de que no podía seguir llamándome niño soprano con 19 años, así que con 20 pasé a autodenominarme soprano masculino. Después, tras dejar de cantar durante dos años, decidí volver a hacerlo y mi voz de tenor era tan pobre que no me gustaba cantar así. Decidí trabajar mi voz más en el registro de alto (más grave) y empecé gradualmente una carrera como contratenor.
—¿Cree que ser contratenor implica interpretar un repertorio concreto?
—Sí, los originalmente escrito para los castrati. Éste es el único repertorio que un contratenor puede reivindicar como propio. Además está, por supuesto, la música contemporánea, en la que la voz de contratenor se ha hecho imprescindible. Y hay también varios roles que hoy en día están siendo más abordados por los contratenores como ‘Orlowsky’ en El Murciélago de Strauss y otros personajes de operetas.
—¿Es este tipo de repertorio su preferido?
—Me encanta el barroco y el clásico. A menudo me encuentro enfrentado a comentarios como “el lied alemán no está escrito para un contratenor” o “Rossini no puede ser cantado por un contratenor”. Creo que tengo fama como músico osado que rompe tabús e interpreta repertorios por los que los puristas te excomulgarían. Estoy orgulloso de haberme atrevido a cantar Rossini y de tener éxito con ello. Romper barreras es mi obsesión, mi principio de todo. Ello implica, claro está, trabajar duramente mi técnica para ser capaz de cantar muchas cosas que hasta ahora se han considerado incantables por un contratenor. Además, quiero también romper los tópicos que tiene el público sobre los contratenores.
Otra entrevista del fondo del mar (menos profundo). En esta ocasión, del barítono ruso Hvorostovsky, publicada en La Vanguardia en enero de 1993, en vísperas del recital que ofreció por esas fechas en el Liceo de Barcelona.
Desde niño soñó con ser cantante, pero no barítono, sino tenor. “El problema es que los papeles de los barítonos no son los de los héroes”. Y afirmaba, rotundo, cuatro años después, en enero de 1997: “habría muerto si no hubiera podido ser cantante”.
¿Todos los cantantes que surgen del frío son así de exagerados?;-)
[Antes de escuchar el vídeo, bajen el volumen porque los aplausos son atronadores]
“Se llama Dmitri Hvorostovsky, tiene sólo 30 años y los críticos le saludan como una de los cantantes más destacables de las nuevas generaciones. Mañana, a las 21 horas, intentará demostrarlo en el Gran Teatre del Liceu —donde ya obtuvo una buena acogida en abril de 1991 gracias a su papel de Silvio en Plagiacci—, con un recital en el que estará acompañado por el pianista moscovita Mikhail Arkadiev. En el programa, canciones y arias de ópera de autores como Handel, Scarlatti, Rossini, Bellini y Antón Rubinstein”.
Marino Rodríguez
—Hasta hace muy poco era usted un perfecto desconocido y ahora los críticos le colman de elogios y los teatros de ópera se lo disputan. ¿No le parece estar viviendo un sueño?
—No, no es ningún sueño. Soñaba mucho cuando era niño, pero soñaba con ser un tenor. Así que mi sueño no se está haciendo realidad porque desgraciadamente no soy un tenor, ni podré serlo porque mis cuerdas vocales son de barítono. También quería ser escultor y tampoco he podido serlo. Todo es muy real. Simplemente trato de que la gente entienda lo que hago.
—¿No es injusto que sean los tenores los que se llevan toda la fama?
—Desafortunadamente es así. El problema es que los papeles de los barítonos no son los de los héroes. Para compensarlo trato de incluir música heroica en mis recitales, je, je, je.
—Entonces los que han sido injustos con los barítonos han sido los compositores, por no escribir mejores papeles para ellos.
—Je, je, je. ¡Tal vez!
—¿Le ha resultado duro llegar a donde está ahora?
—No especialmente. Fue todo muy natural. Comencé cantando en un coro a los 7 años, luego inicié estudios de piano, más tarde dirigí aquel coro. A los 20 años comencé los estudios superiores de canto… Mi padre sintió una gran decepción cuando comprobó que yo no sería pianista. Tuve una profesora un tanto estúpida que no fomentó mis dotes para el piano. Pero no perdí el interés por la música, que siempre ha sido mi principal afición. Mi padre, que era ingeniero químico, tocaba muy bien el piano y cantaba. Podría haber sido un gran cantante.
—En su último disco interpreta canciones populares rusas. ¿Qué les diría a quienes critican que los cantantes de ópera interpreten música popular? —Cada uno debe hacer lo que siente. Yo deseo dar a conocer esas canciones porque considero que son preciosas. También les diría que hay canciones populares que están muy por encima de algunas óperas.
—¿Cómo fue su primera experiencia en el Liceu, cuando participó en Plagiaci?
—Creo que tuve bastante éxito. Estoy muy agradecido a todo el reparto de aquel montaje, especialmente a Giuseppe Giacomini, que me dio un gran apoyo.
—¿Cómo está afectando al mundo de la ópera en Rusia la situación política y económica por la que atraviesa el país?
—Mi país está viviendo una época muy interesante porque se está abriendo al resto del mundo. Es un momento muy difícil pero muy interesante. De Rusia han surgido y siguen surgiendo en la actualidad grandes voces, pero la situación económica está afectando muy severamente a las compañías y a los teatros, de tal forma que prácticamente todos los grandes cantantes han abandonado el país. El célebre teatro Bolshoi, pongamos por ejemplo, está hoy muy lejos de lo que fue ya que funciona con lo que eran entonces los artistas de segundo plano.
—Me da la impresión de que en Rusia no podrían pagarle su ‘caché’ actual.
—Así es, pero yo suelo actuar gratis en Rusia o si cobro lo hago muy por debajo de mi cotización y destino ese dinero a las escuelas infantiles del país. Es mi manera de ser. Lo hago porque sé que hay mucha gente que quiere verme cantar y hace colas durante horas ante los teatros donde actúo. De todas formas no soy el único artista ruso que actúa gratis en nuestro país.
—¿Qué espera del recital de mañana?
—Me apetece mucho realizar este recital porque el Liceu es un teatro muy bello y de buena acústica. Espero gustarle al público todavía más que cuando canté Plagiacci.
El barítono que surgió del frío
“¿Qué temperatura hay ahora donde nació?”. “Je, je, je. Una media de 20 grados bajo cero”. No hay que darle más vueltas. Dmitri Hvorostovsky es el barítono que surgió del frío.
Vino al mundo en 1962 en la ciudad de Krasnoyarsk, en la Siberia Central, donde hizo todo su aprendizaje y donde comenzó su carrera de cantante como solista del teatro municipal de ópera. En 1988 sale por primera vez de Rusia para participar en un concurso de canto en Toulousse. Lo gana. Al año siguiente hace lo propio con el concurso de la BBC. Y de ahí a la fama. Recitales en Nueva York, Londres, Salzburgo, París… Y titulares como estos: “Llegó, cantó y venció” (The Times), “Hvorostovsky sobrepasó todas las expectativas” (Washington Post).
Ha grabado ya tres discos, uno con romanzas de Rachmaninoff y Chaikovsky, otro con arias de óperas de Verdi y Chaikovsky y el último con canciones populares rusas”.
“El triunfo más absoluto lo logró Giuseppe Giacomini, cuya voz vibrante y limpia, con los más intensos y espléndidos agudos, hizo estallar al público en bravos, especialmente después de su aria final del primer acto. Lástima que es poco actor y no se vio motivado por la producción a interpretar a su personaje más allá de sus actitudes de abatimiento.
Ana María González fue una ‘Nedda’ delicada, frágil y de voz nítida, con un registro alto de superior calidad; su dúo de amor con el espléndido barítono ruso Hvorostovsky fue el momento de mayor calidad de toda la representación, de esos que se recuerdan largo tiempo. Hvorostovsky fue el encargado de cantar el prólogo, con los agudos tradicionales, y funcionó con una voz clara y agradable y una potencia razonable“.
Y luego dice Hvorostovsky que todo se lo llevan los tenores…;-)