El país de Gales (parte de Gran Bretaña junto a Inglaterra y Escocia) ha dado al mundo un gran número de artistas líricos que han alcanzado prestigio internacional. Entre ellos, el tenor Stuart Burrows, el barítono Geraint Evans, la soprano Gwyneth Jones, el bajo Robert Lloyd y el barítono Bryn Terfel. Pero, sin duda, un lugar muy especial entre ellos es el que logró la recientemente fallecida soprano Margaret Price.
Margaret Pricenació el 13 de abril de 1941 en Blackmood, Monmouthshire (Gales). Como toda familia galesa, la música formó parte importante de su infancia, pero nunca pensó en ella como una carrera, ya que su ambición era ser una profesora de biología.
Sin embargo, a los quince años de edad y por consejo de su profesor de música, decidió participar en un concurso para voces jóvenes ganando una beca para estudiar en la Trinity College of Music de Londres.
En un principio fue clasificada como mezzosoprano y como tal formó parte del célebre coro de los Ambrosian Singers. Su debut en la ópera tuvo lugar en 1962 en la Welsh National Opera, en el rol de Cherubino de Las bodas de Fígaro. Y fue este mismo personaje el que la llevó a la escena internacional, cuando en junio de 1963 tuvo que reemplazar a Teresa Berganza en el Royal Opera House Covent Garden de Londres. El reparto incluyó a Geraint Evans, Tito Gobbi, Ilva Ligabue y Mirella Freni, dirigiendo Georg Solti.
El director James Lockhart la convenció de que debía cambiar su tesitura a la de soprano lírica y fue como tal que logró un prestigio indiscutido, principalmente, como soprano mozartiana.
Además del Covent Garden, donde cantó en numerosas temporadas, también lo hizo en 1967 para la English Opera Group, cantando el rol de Titania en A Midsummer Night’s Dream de Britten y Acis y Galatea, de Haendel. Fue llamada al Festival de Glyndebourne en 1968, y posteriormente en 1971 y 1972, logrando un gran éxito como Constanza en El rapto del serrallo y Così fan tutte, ambas de Mozart.
Mi modesta contribución a la memoria del notable bajo recientemente fallecido Cesare Siepiha querido ser, en esta oportunidad, una recopilación de su legado musical, tanto en discos como en vídeos. He tratado de poner los nombres completos de los autores, especialmente en el caso de las canciones; y en el de las arias de ópera, señalar las palabras del recitativo que precede al aria (cuando procede).
La discografía no está exenta de curiosidades. La selección de la ópera de Rachmaninov The Miserly Knight (El caballero codicioso) grabada en inglés para la Columbia americana en 1952 es una de ellas. La crítica de la revista Time del 30 de junio de 1952 dijo:
“Basso Siepi sings it resonantly in poorly articulated English” (El bajo Siepi canta resonantemente en un inglés malamente articulado).
Siepi (queriendo tal vez emular o imitar a su predecesor Ezio Pinza) aceptó participar en dos musicales en Broadway. ‘Bravo, Giovanni’, con música de Milton Schafer y letra de Ronny Graham, se estrenó el 17 de mayo de 1962 y alcanzó solamente 72 representaciones.
Siepi, en el rol de Giovanni Ventura, no obstante su voz, no logró imponerse y “the women steel the show” (las damas se robaron el espectáculo). Siepi tuvo su parte con la canción ‘If I were the man’ (’Si yo fuera el hombre’). Afortunadamente, el sello Columbia grabó la música con los mismos artistas, en un LP que actualmente puede obtenerse en formato CD.
Regresó a Broadway en el rol de Vittorio Bruno en el musical ‘Carmelina’, con música de Burton Lane y letra de Alan Jay Lerner (’Camelot’ y ‘My Fair Lady’), inspirado en el film ‘Buona sera, Mrs. Campbell’ (1968). A su lado Georgia Brown como la signora Carmelina Campbell, que en el cine había realizado Gina Lollobrigida (junto a Peter Lawford, Phil Silvers y Telly Savalas).
La obra se estrenó el 8 de abril de 1979 y cerró el 21 de abril de 1979 con sólo 17 representaciones. Un fracaso total. En todo caso la crítica no fue cruel con Siepi y manifestó que “hizo aparecer la música mejor de lo que realmente era”. Las comparaciones con Pinza fueron inevitables y un crítico se preguntaba qué habría pasado si la obra hubiese sido compuesta por Richard Rodgers (el autor de ‘South Pacific’).
En 1980 el sello Original Cast decidió llevar al disco este musical con el mismo reparto original de la obra. Siepi declinó participar en dicho proyecto y su rol fue cantado por Paul Sorvino. Así se perdió la oportunidad de preservar la voz de Siepi en su segunda y última aventura en Broadway.
De sus grabaciones comerciales, tanto en arias o registros integrales, me quedo sin vacilar con sus primeros discos grabados en Italia para la Cetra (1947-1948), realmente maravillosos, sean arias de ópera o canciones. Afortunadamente, pueden obtenerse actualmente en CD.
Por cierto, a gran nivel se encuentra su primer recital para la Decca de 1954, con arias italianas y francesas. Muy recomendable y también fácil de obtener en CD. De los registros integrales, mis favoritos son La forza del destino y Mefistofele. No siendo yo particularmente ‘mozartiano’ de corazón, dejo a los expertos esta elección.
De las grabaciones del vivo también hago mi propia selección, indicada más abajo.
Siepi fue un frecuente invitado a los shows de la televisión estadounidense en los años ’50. Hago un detalle de todos aquellos que he podido identificar.
‘La voz de Firestone’ estuvo en la TV entre 1950 y 1963. El ‘Show de Ed Sullivan’, desde 1948 hasta 1971. Originalmente se llamó ‘Toast of the Town’ pero cambió su nombre en 1955. Otro popular programa fue ‘The Bell Telephone Hour’, producido por la N.B.C. entre 1940 y 1958 (radio) y 1959 hasta 1968 (televisión).
Algunos de estos vídeos han sido posteriormente (2000/2005) ofrecidos en formato DVD tanto por VAI como por KULTUR. Lamentablemente, Siepi se opuso a que los suyos fuesen comercializados, pues encontraba su actuación muy limitada y los escenarios anticuados y ridículos. ¡Qué lástima! Así nos privó de disfrutar, con buena imagen y sonido, de su arte incomparable.
En Youtube se pueden ver algunos de ellos (sin duda, pirateados o de coleccionistas particulares), y aunque no son técnicamente perfectos, si nos permiten apreciar al gran bajo en su mejor momento vocal.
El pasado 13 de octubre de 2010, a los 71 años de edad, falleció en su natal Copenhague, el bajo danés Ulrik Cold.
Había nacido el 15 de mayo de 1939; estudió canto en Dinamarca. Sus primeras actuaciones fueron en el campo del oratorio y de la música barroca.
En 1971 cantó en la Komische Oper de Berlín el rol protagónico en Don Quichotte, de Massenet. En 1973, el director sueco Ingmar Bergman lo escogió para el rol de Sarastro en su film ‘Trollflöjten’ (La flauta mágica) de Mozart.
Otros roles en su carrera fueron Marke, en Tristán e Isolda; Gurnemanz, en Parsifal; además de numerosos roles en obras barrocas de Monteverdi, Rameau, Händel y otros compositores.
Paralelamente, Ulrik Cold, fue regisseur y director (intendente) en la Ópera Real de Copenhague.
Su herencia discográfica incluye Armida de Lully, Admeto, Re di Tessaglia, de Händel; Hypolite et Aricie de Rameau, Xerxes, de Händel; L’Incoronazione di Poppea, de Monteverdi y La Pasión según San Mateo, de Bach, además del mencionado film ‘La flauta mágica’.
Juan Dzazópulos Elgueta
(Fotografía: Gentileza de Ópera Nostalgia y Manfred Krugmann)
Cesare Siepi, el más célebre de los bajos italianos de posguerra, falleció ayer, 5 de julio de 2010, en Atlanta (Estados Unidos). Hace unos diez días, fue víctima de un infarto.
Había nacido en Milán, el 10 de febrero de 1923. Tenía 87 años.
“En EE.UU. celebrarán mi 65 cumpleaños, el 4 de julio, por todo lo alto. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo un hijo. Mi idea política se resume en el último movimiento de la ‘Novena’ de Beethoven: todos los seres humanos tenemos que ser hermanos. Soy agnóstico”.
—¿Al cura pelirrojo le gustaba hacer tríos?
—Sí, y no precisamente musicales, que también los hizo. Era vox pópuli que Vivaldi, a pesar de ser cura, convivía con una cantante, la Giró, veinte años más joven, que era su protegida, y una hermana de esta a la que contrató como enfermera.
—Pillín. —”Como soy estrecho de pecho (asmático) —se justificaba—, no puedo decir misa y necesito una enfermera siempre conmigo”.
—Pero fue fiel a su trío.
—Efectivamente, fiel a las dos hermanas. Las costumbres en aquella época eran muy relajadas, incluso los cardenales tenían doble vida, y allí, en Venecia, los carnavales duraban casi seis meses.
—La debilidad de Bach era más prosaica.
—Sí, el orgullo. Fue una persona religiosa y de orden, fiel a sus dos mujeres, de las que tuvo 20 hijos; pero tener que estar bajo la esfera de quienes le contrataban, muchos ignorantes y cretinos, le sacaba de quicio, y tenía que tragarse el orgullo. Sin embargo, por orgullo y por cabezonería acabó encarcelado.
—¿El más feo de todos los genios?
—Probablemente Wagner, porque era bajito y cabezón.
—Pues a Haydn lo describían como a un monstruo.
—Sí, de él decían que sus piernas eran tan cortas que cuando se sentaba no alcanzaba el suelo. Su mandíbula inferior sobresalía como la de un bulldog y tenía la cara picada de viruela. Y le llamaban el Nigeriano por el color de su piel. Pero era bonachón y tenía sentido del humor. Era muy amigo de Mozart.
—Mozart sufría una extraña fobia. —Sí. Un trompetista dejó un documento en el que explica que cuando Mozart era pequeño tenía terror a la trompeta. Su padre lo invitó a su casa y le pidió que tocara para ver sí así se le pasaba la fobia; pero en cuanto se puso a tocar, Mozart se desmayó. Sufría trompetofobia.
—¿Qué es lo que más le sorprende de la vida íntima de los grandes músicos?
—Vivaldi fue cura porque, al ser pobre, su padre tuvo dos opciones: o hacerlo cura o castrarlo; pero Liszt se hizo sacerdote por vocación después de haber tenido hijos y siguió acostándose con todas las señoras —eso sí, de alta alcurnia— que podía. Que un abate fuera un promiscuo quizá es lo que más me choca.
—Mucho pecado de faldas, veo.
—El de Wagner fue, además de la autoidolatría, la infidelidad hacia sus mejores amigos y protectores: se la pegaba con sus mujeres.
—¿El más atormentado, Chaikovski?
—Sí, ser homosexual en la época de la Rusia zarista significaba irse a vivir a Siberia. Intentó ocultar su homosexualidad (a la que consideraba una enfermedad) casándose. El matrimonio fue un desastre y vivió amargado. Pero tuvo una relación con Nadejda von Meck, una acaudalada viuda rusa que tenía 11 hijos y que estaba enamorada de él.
—¿Qué tipo de relación?
—Ella le mantenía y sólo le puso una condición: que no se conocieran. Estuvieron carteándose durante catorce años.
—¿Beethoven era el de peor carácter?
—En una ocasión, como tantas, estaba tocando el piano y un príncipe susurró algo a una señora. Beethoven cerró la tapa del piano y gritó: “¡Yo no toco para esos cerdos!”. Luego se arrepentía; mandaba a la porra a un amigo y a los diez minutos le escribía una carta: “¡Querido corazoncito!, por favor, ven, perdóname. Te besa tu Beethoven, también llamado albóndiga”. Su música es así.
—Ciclotímica.
—Sí. Nunca cuajó con ninguna mujer, prefería las fulanas, a las que llamaba fortalezas.
—No está mal.
—Y Brahms tocaba desde los 11 años en prostíbulos de Hamburgo. Durante toda su vida tuvo un amor incondicional hacia ellas, decía que eran mejores que cualquier dama.
—La mayoría de los músicos provenía de estratos sociales bajos.
—Sí, los artistas eran parte de la servidumbre, se utilizaba a los músicos como ahora se usa un CD, no estaban considerados.
—¿Cuál es la historia de amor más bella?
—La de Brahms con Clara Schubert, bastante mayor que él y esposa de su mejor amigo y protector. Brahms se enamoró de Clara nada más verla. Cuando Schubert enloqueció y tuvieron que internarlo, Brahms no lo traicionó, incluso cuando murió siguieron enamorados toda la vida, pero sin casarse.
—Había genios esforzados y genios iluminados.
—Cierto. Beethoven era un genio pero le costaba; en cambio, Mozart… En la Capilla Sixtina, una vez al año se abría un cofre que contenía una obra, el Miserere de Allegri a ocho voces, se interpretaba y se volvía a guardar bajo llave y bajo pena de excomunión a quien la copiara.
—¿Una obra complicada?
—Mucho. Mozart, con 14 años, escuchó el Miserere de Allegri una vez, llegó a casa y lo escribió sin un solo fallo. ¿Cómo es posible? Yo creo que era un savant.
—¿El síndrome del sabio?
—Sí, personas con desórdenes mentales como el autismo que pese a sus discapacidades poseen sorprendentes habilidades mentales específicas. A Mozart era como si alguien le dictara la música, nunca corregía.
Anna Netrebko: “Cuanto canto un aria, soy más cantante, pero cuando tengo a mi lado a un compañero atractivo, actúo como mujer. La ópera es un arte sensual, y siempre trato de dotar a mis heroínas de un espíritu erótico-amoroso”.
“¿Cuánto tiempo puede cantarse Don Juan? Estaría bien ir haciendo otra cosa ya. Siempre le empujo [se refiere a su pareja, el barítono uruguayo Erwin Schrott] a que haga algo nuevo, pero, lamentablemente, es un poco vago”.
26 de abril de 2010. Presentación del nuevo CD de Flórez en Madrid
I puritani en el Real: aplausos para Diego Flórez; bravos para Eglise Gutiérrez
“Vocalmente el tenor ha estado tan sublime como suele estarlo aunque tampoco se ha entregado o así lo ha entendido el público, que ha premiado ’sólo’ con aplausos al peruano durante la representación, y unos ralos ‘bravos’ cuando ha salido a saludar, acostumbrado en este coliseo a verdaderos desbordamientos de entusiasmo”
Las cancelaciones de última hora y los nuevos talentos
“Casi todos los cantantes saltan a la fama con ocasión de una sustitución. Es el ciclo vital de la ópera. Pavarotti sustituyó a Di Stefano y Ramón Vargas se hizo un nombre como el Rodolfo que no pudo encarnar Luciano”.
Hoy traemos a portada algo muy especial. Especial, porque no es fácil encontrar información rigurosa, documentada, sobre la soprano chilena Rayén Quitral. Especial también, porque tampoco es fácil encontrar las grabaciones que de Rayén podrán escuchar. Una exclusiva con todas las de la ley en óperasiempre.es;-)
¿Dónde hubiera llegado Rayén con una más sólida formación, con un sólido apoyo afectivo en su vida personal? Nunca lo sabremos. De lo que no hay duda, es que poseía una voz excepcional.
“La soprano chilena Rayén Quitral, que paseara su voz privilegiada por los escenarios del mundo durante los años 30 y 40 del siglo veinte, siempre tuvo a honra reconocer que su apellido era de origen indígena (mapuche) y su nombre artístico significa “flor de fuego” en esa lengua. Sin embargo, los Quitral no tendrían más sangre araucana en sus venas, que cualquier otro campesino típico del sur de Chile.
María Georgina Quitral Espinoza nació en la pequeña localidad costera de Iloca (provincia de Curicó), el 7 de noviembre de 1916, hija de un peón agrícola, Fidel Quitral Correa; y de una campesina, Fidelisa (Fidela) Espinoza Letelier (algunas versiones dicen que el nombre de la madre sería Elena). Su padre falleció siendo Rayén aún muy niña. Su madre trabajaba de empleada doméstica en una casa particular de Iloca.
Hasta los cinco años de edad vivió Rayén en Iloca con unas tías, hermanas de su madre. Después la llevaron a San Javier, donde comenzó a asistir a una escuela primaria, y de San Javier se trasladaron a Curicó, donde completó su instrucción, pues allí vivió de los siete a los quince años. Por entonces cantaba en fiestas familiares y en la iglesia. También realizó algunos estudios de piano.
A los quince años de edad, Rayén fue madre soltera. Una bondadosa señora alemana se hizo cargo del niño y costeó su educación.
Alrededor de 1932, el dentista santiaguino Alfredo Avaria le escuchó cantar y, entusiasmado, logró que la señora Quitral y su hija se fueran a trabajar a su casa en Santiago.
El dentista hizo que su paciente, el empresario teatral chileno Ignacio Benítez Gallardo, la escuchara en su consultorio (Rayén cantó, escondida tras una puerta, el tango de Luis Martínez Serrano, ‘Donde estás corazón’) y Benítez, entusiasmado con esa prodigiosa voz, la llevó a la casa de la prestigiosa maestra de canto doña Emma Ortiz.
Esta dama, cuyo nombre real era Emma Wachter Ortiz de Thomassen, de origen bávaro, le dio primero clases en forma particular, y luego le hizo ingresar al Conservatorio Nacional de Música, en 1935, donde Emma Ortiz fue su profesora de canto; María Elena Blum, de piano; y el maestro Pizzi, de teoría y solfeo.
La primera presentación pública de Rayén Quitral fue en el Teatro Club de Señoras, posiblemente en marzo de 1937, en una presentación que ahí realizó Emma Ortiz con sus alumnas más aventajadas. Luego se presentó en el Teatro de Sewell.
Aún estudiaba cuando se le ofreció un ventajoso contrato para presentarse en conciertos. Como la dirección del Conservatorio pusiera inconvenientes, Rayén optó por retirarse. Su debut no pudo ser en el Teatro Municipal, pues se la consideró muy joven y sin experiencia, pero lo realizó en el Teatro Central, el 31 de mayo de 1937, en uno de los tradicionales conciertos de los días lunes, con un programa de dos horas de duración y las localidades agotadas.
Repitió este concierto en el Teatro Central y en otros como el Teatro Santa Lucía y el Teatro Oriente, tanto en la capital como en el resto del país, durante tres meses. Entre ellos destacaron sus exitosas presentaciones en el Teatro Municipal de Concepción y en el Casino de Viña del Mar junto al violinista Pedro D’Andurain.
El 29 de abril de 1938 se presenta en el Teatro Solís de Montevideo en un concierto, acompañada al piano por su maestra, Emmita Ortiz. Es anunciada como “concierto de la soprano araucana Rayén Quitral”. Siguen actuaciones en Radio Baquedano de la capital y un ‘concierto de despedida’ en el Teatro Caupolicán, y en agosto viaja a Argentina.
[Una voce poco fa, El barbero de Sevilla, Rossini. 1938]
En septiembre de 1938 debuta como concertista en Buenos Aires, realizando cuatro conciertos en el Teatro Politeama, y graba en esa misma ciudad sus dos primeros discos (‘Una Voce poco fa’, de Il Barbiere di Siviglia, con ‘L’angui d’inferno’, de Il flauto magico, disco Victor N° 36211 (12”); y las canciones ‘El Copihue Rojo’ y ‘Canción Araucana’, disco Victor N° 38332 (10”). También en el mismo año es contratada por Radio Belgrano (LR3), en la cual permanece durante cuatro años con un mismo auspiciador.
De regreso en Chile, el 4 de diciembre de 1938 cantó (sin micrófono) en la inauguración del Estadio Nacional de Santiago, siendo acompañada por el tenor mexicano Juan Arvizu. Los dos años siguientes los pasó prácticamente entre Argentina y Chile, y presentaciones en Radio Belgrano. En la temporada de diciembre 1939 y enero 1940 tuvo ocasión de compartir honores con dos grandes de la lírica internacional: el tenor español Hipólito Lázaro y el tenor italiano Tito Schipa.
En diciembre de 1940 dio conciertos en diversos teatros de Lima y en Radio Nacional de Perú, con motivo de las fiestas del Centenario de Arequipa. En Perú era anunciada como “la voz extra humana”.
[Der Hölle Rache, aria de la Reina de La Noche, La flauta mágica, Mozart. 1938]
En su debut en el Teatro Municipal de Lima, cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, la canción ‘Mapuche’, lieder de Brahms y Schubert, para finalizar con ‘El Copihue Rojo’.
En su segundo concierto cantó ‘Ardon gl’incensi’ de Lucia di Lammermoor. Entonces vino uno de los grandes terremotos que destruyó gran parte de la ciudad. Rayén permaneció en la ciudad cantando en Radio Nacional y luego dio un concierto de despedida en el Teatro ‘Marsano’ de Miraflores, cantando ‘Ah! fors’è lui’ y ‘Sempre libera’, de La Traviata, con unos agudos que “eran verdaderos cañonazos”.
De vuelta en su país, Rayén cantó durante los primeros meses de 1941 en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, realizando luego largas giras por el sur del país.
El maestro Erich Kleiber, que la había escuchado cantar en conciertos, la solicitó para el rol de la Reina de la Noche, en el estreno argentino de La flauta nágica de Mozart. Tanto Kleiber como la ilustre cantante y maestra Edita Fleisher la prepararon para este rol, con el cual debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1941.
En esta obra compartió honores con el tenor Charles Kullmann y el bajo Alexander Kipnis. Se dieron cinco funciones de esta obra. Al año siguiente, el maestro Fritz Busch repuso La flauta mágica en el Colón y nuevamente es llamada Rayén Quitral para el rol de Reina de la Noche, junto al tenor Edward Kein y el bajo Giacomo Vaghi. La primera de las seis funciones tuvo lugar el 18 de agosto de 1942.
Poco antes, el 16 de julio de 1942, había debutado en el Teatro Municipal de Santiago, en el rol protagónico de Lucia di Lammermoor. Dos funciones de esta ópera y un exitoso concierto el día 31 de julio constituyeron el aporte de Rayén a esa temporada lírica.
Después de cantar en el Teatro Colón, Rayén Quitral realizó largas giras de conciertos, cantando en las principales ciudades de las provincias argentinas. Regresó a Chile en febrero de 1943 con recitales en Valparaíso y Viña del Mar.
Aunque duela admitirlo, Chile no quiso o no supo explotar la riqueza de Rayén Quitral en su mejor época. Además de las dos funciones de Lucia ya mencionadas, su contribución a la ópera nacional en treinta años de carrera artística, se redujo a una aislada función de Rigoletto, al término de la temporada, el 16 de octubre de 1943, junto al tenor Bruno Landi y el barítono Daniel Duno.
Siguieron conciertos en Uruguay, Perú, Brasil, Cuba, Estados Unidos (donde fue ventajosamente contratada por el empresario Sol Hurok) y Canadá.
En Nueva York fue acogida en la casa del célebre pianista chileno Claudio Arrau. Éste le ofreció su casa y además se preocupó personalmente de pulir ciertas vulgaridades en su interpretación y musicalidad. Cuando Arrau creyó que su alumna estaba lista para cantar en un escenario, logró sin grandes problemas una audición para el Metropolitan Opera de Nueva York. Antes de dirigirse al teatro, Arrau, una vez más le hizo hincapié en lo que le había enseñado.
El 21 de noviembre de 1944 tuvo lugar la audición. Rayén cantó el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica y la Escena de la Locura de Lucia di Lammermoor. Los Archivos del Metropolitan Opera registran lo que sigue: “Extraordinary voice, was so nervous that she was unmusical, undisciplined. Needs much work” (”Voz extraordinaria. Estaba tan nerviosa que se mostró antimusical, sin disciplina. Necesita trabajar mucho”).
Por supuesto, no fue contratada y Arrau, muy molesto con su ‘indisciplinada” alumna, no quiso saber nada más de ella. Tengo en mi poder una funda de un disco 78 rpm Columbia que dice: “The world’s greatest artists on the world’s finest records” (”Los más grandes artistas del mundo en los mejores discos del mundo”). Y luego una lista de grandes de la música como Ezio Pinza, Lily Pons, Torsten Ralf, Paul Robeson, Risë Stevens… y Rayén Quitral.
Esto me hace creer que, posiblemente, antes de la malograda audición, Arrau consiguió que Rayén Quitral grabara algunos discos para la Columbia americana. Sin embargo, al no obtener el contrato con el Metropolitan, los discos jamás se publicaron y es más que probable que las matrices fuesen destruidas. Así fue como Rayén Quitral perdió la mejor oportunidad de convertirse en una soprano de renombre internacional.
En algunas entrevistas que he tenido oportunidad de leer, la soprano menciona con absoluto desparpajo haber cantado en el Metropolitan Opera, Carnegie Hall, Opera de París y Scala de Milán. Mis investigaciones demuestran que, lamentablemente, nada de esto fue verdad.
En 1945 viajó a México y obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera al participar en el ‘estreno’ en Ciudad de México de la ópera El rapto del serrallo, de Mozart. Se dieron dos funciones, los días 14 y 16 de agosto de 1945, en el Teatro de las Bellas Artes. Rayén cantó el rol de Konstanze y a su lado estuvieron el tenor Romulo De Spirito (Belmonte), la soprano Ruby Mercer (Blonde), el bajo Salvatore Baccaloni (Osmin), el tenor Carlos Sagarmínaga (Pedrillo) y el bajo Gilberto Cerda (Selim). Dirigió el maestro Walter Herbert.
En su libro Cincuenta Años de Opera en México, Carlos Díaz Du-Pond la describe así: “… una chilena con una voz fabulosa de soprano que pudiéramos llamar ‘única’, pues tenía una extensión fenomenal”. Rayén Quitral se radicó por varios años en la capital mexicana, donde cantó en radio auspiciada por la Lotería Nacional.
En 1949 volvió a Chile para tres conciertos en el Teatro Municipal y presentaciones en Radio Sociedad Nacional de Agricultura. El 19 de septiembre de 1949 dio un concierto en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, acompañada al piano por Darío Sorin. Luego vinieron conciertos en Francia y en Italia. El 30 de abril de 1950 se presentó en un concierto en el Teatro della Pergola, en Florencia. La crítica de Il Mattino dell’Italia Centrale dijo que “… el público aplaudió vivamente”, pero agregaba: “… no ha confirmado plenamente todavía la bella fama con que era anunciada al público florentino. La entonación no es siempre segura….”.
El 6 de enero de 1951 tuvo lugar su ya legendario debut en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, con la ópera La flauta mágica. Se dieron cinco funciones, los días 6, 17 y 26 de enero; y 7 y 19 de febrero, y la obra fue cantada en inglés.
Rayén cantó la primera función en inglés, pero después la empresa la autorizó para cantar su rol de la Reina de la Noche, en idioma alemán. Aunque estas funciones tuvieron gran éxito de público (Rayén Quitral declaraba en una entrevista que los mismos reyes de Inglaterra aplaudieron de pie su interpretación…; queremos creer que la historia es verdad), la crítica fue algo reservada. Así el Daily Telegraph del 8 de enero de 1951 comentaba que “… hizo una eficiente, pero áspera (harsh) Reina de la Noche…”.
Vuelve a Chile y el 3 de septiembre de 1951 dio un concierto en el Teatro Municipal acompañada por Carlos Oxley al piano, pero los críticos chilenos, haciendo gala de severidad, le criticaron su “vulgarismo” y su “despliegue de sonoridad”. El 10 de octubre del mismo año se presentó en el Teatro Central en un concierto a beneficio de la Universidad Popular Juan Enrique Concha.
Nuevamente parte para realizar giras de conciertos por países sudamericanos. El 14 de octubre de 1952 da un único concierto en el Teatro Municipal con Free Focke al piano. Luego regresa a Argentina. Allí, el 9 de julio de 1953, se presenta por última vez en el Teatro Colón de Buenos Aires participando en un concierto de Bailes y Cantos Folklóricos.
Tras una ausencia de dos años, en 1953 regresa a Chile para grabar diez temas para el sello verde de RCA Victor. Estos cinco discos 78 rpm, más los dos grabados en 1938 en Argentina, son su única herencia fonográfica. A fines de ese año dio un único concierto en el Teatro Municipal.
El 27 de enero de 1954 participó en la velada inaugural del Teatro SATCH (actual Teatro Carlos Cariola) junto a numerosos artistas, entre los que también se encontraban la soprano Marcela de la Cerda y el bajo Claudio Robles.
También en 1954 recibió la distinción del ‘Caupolicán’, como la mejor cantante lírica nacional, premio que otorgaba anualmente la Asociación de Cronistas de Cine, Teatro y Radio.
El pasado 13 de enero falleció en su residencia de Piamonte, el bajo barítono italiano Wladimiro Ganzarolli. Descanse en paz.
“A lo largo de su dilatada carrera actuó en los más importantes coliseos operísticos de Europa y América, representando papeles tan significativos como los de Leporello, Scarpia, Escamillo, Lescaut o Falstaff. Asimismo realizó numerosas grabaciones para los sellos discográficos más importantes. Estaba casado con la intendente del Palau de les Arts Reina Sofía, Helga Schmidt”.
Justo Romero
“Ganzarolli contaba 78 años —los cumplió el pasado 9 de enero— y era uno de los cantantes más versátiles y completos de su gran generación. Belcantista reconocido y mozartiano cuando casi nadie interpretaba al genio de Salzburgo, su poderosa voz de auténtico barítono triunfó en los mejores teatros del mundo. Desde su debú en el Teatro alla Scala fue, durante decenios, uno de los cantantes favoritos del exigente público escalígero, al que brindó los papeles de Fígaro, Leporello, Guglielmo, Méphistophélès, Dulcamara, Ali Baba, Cardillac, Sulpice o Nevers. (…)
Fue particularmente aclamado por el cálido público del Teatro Colón de Buenos Aires, donde triunfó con óperas como La italiana en Argel, I quatro rusteghi, Las bodas de Fígaro o Guillermo Tell. También participó asiduamente en el Festival de Aix-en-Provence, donde formó una pareja emblemática con Teresa Berganza, hasta el punto de que en medios musicales se referían a este famoso festival como Festival BerGanzarolli”.