Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.
Piel azul que recubres las espaldas del mundo,
y atas pies con cabeza de la endiablada esfera,
huidiza y multiforme culebra mudadera,
puñal alguno puede clavársete profundo.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.
Entrevista en RNe con Pasión Vega y J. M. Zapata, días antes del preestreno de su espectáculo ‘Tango mano a mano’ en el Teatro Isabel la Católica de Granada, el pasado 27 de septiembre.
Por Juan Ramón Lucas, 18 de septiembre de 2008.
El tenor que fue camarero se alía con Pasión Vega para cantar tangos
¿A qué se meten una amante de la copla y un experto en Rossini en el terreno de Carlos Gardel? “Porque me apetece un huevo”, suelta Zapata, valga la redundancia, mientras unta las patatas entre yema y yema.
Coraje y arrojo también es lo que le ha echado a la cosa este tenor granadino en una carrera que le viene de cara. Todo explotó para él en la cantera del festival de Pesaro, en Italia, donde también rompió aguas Juan Diego Flórez, ambos alumbrados por ese ginecólogo de la voz que es Alberto Zedda: “A él le debo todo”.
Lo de los tangos ha sido un arrebato. Adoraba a Pasión Vega y quería cantar con ella. Sencillamente, y con permiso de sus mujeres, sobre todo su niña de 19 meses. “He regalado sus discos a cantantes de ópera de todo el mundo. Para mí resulta peligroso cantar con ella; me quedo mirándola y se me olvidan mis partes”.