“Gérard Mortier es un hombre elegante, de sonrisa diplomática y mirada a media asta. Acaba de cumplir 65 años, aunque varios de ellos los debe tener escondidos, porque no los aparenta. Será el director artístico del Teatro Real a partir de enero de 2010, pero puede decirse ya que Mortier ha empezado su reinado. Los parabienes por su contratación se mezclan con las voces que cuestionan su idoneidad para nuestro coliseo. La suya no será una monarquía absoluta, pero tiene absolutamente claro lo que quiere hacer. He aquí algunas de sus ideas”.
Julio Bravo
—¿Qué le hizo aceptar la oferta del Teatro Real?
—Mantengo una excelente relación con España desde hace veinte años, y cuando se canceló mi nombramiento en Nueva York y me preguntaron si querría venir al Real, me pareció muy interesante. Soy un convencido de la integración europea, y he trabajado en Austria, en Francia, en Alemania. Trabajar en España, con artistas españoles, es un reto muy importante para mí, además de la simpatía que siento hacia España.
—¿Qué percepción se tiene del Teatro Real fuera de España?
—Desde su apertura hay mucha expectación, pero es un teatro que importa muchas producciones. Me interesa crear producciones con artistas españoles que sean específicas y que se puedan exportar; que se vean en Milán, Londres o París. Y me interesa también el contacto entre Madrid e Iberoamérica. España es un puente muy interesante de explotar en este sentido. Para ello voy a tomarme, cuando deje París, cuatro meses sabáticos y viajaré por España; quiero reunirme con artistas y compositores, ver teatros y representaciones…
—¿Qué papel van a jugar los compositores españoles?
—Conozco a Mauricio Sotelo, a Elena Mendoza… Me reuniré con ellos, y también con Luis de Pablo, Cristóbal Halffter… Pero quiero traer a Madrid estrenos absolutos de autores como Hanspeter Kyburz, que atraerían a la crítica de toda Europa.
—Se ha dicho que usted va a convertir al Real en un teatro de primera división.
—Quiero llevar al Real al mismo nivel que la Scala de Milán o el Covent Garden de Londres, han de jugar en la misma liga. Lo importante en un teatro de ópera es la calidad musical. El Real tiene a los mejores cantantes; donde hay que trabajar es en la orquesta y el coro. Estoy encantado con su mentalidad y su potencial está ahí. Quiero darles la posibilidad de mejorar su calidad. Por eso no voy a traer a un director musical, sino a seis excelentes directores. Tendrán un diálogo constante y trabajarán en equipo, y entre ellos estoy pensando, no diré nombres, en algunos excelentes jóvenes españoles.
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