Cuentan los veteranos que en un recital de 1959 la Callas fue recibida en el escenario de la Rambla al grito de “¡Tebaldi, Tebaldi!”. Los irreductibles de los pisos altos consideraron una afrenta que allí donde había señoreado la gran dama italiana osara una griega impetuosa tratar de enmendarle la plana.
Y sin embargo la Callas, a diferencia de Alagna, aguantó el tipo. En la exposición puede verse una foto, tomada en Nueva York en 1968, con las dos divas sonrientes junto a Rudolf Bing, célebre empresario del Metropolitan. Y no es la única foto que reunió a las dos estrellas en actitud nada beligerante. Cierta o d’arte, la rivalidad dicen las crónicas que surgió en 1951 en Brasil, donde la Tebaldi había triunfado y a la Callas las cosas no le habían ido tan bien. Fue la griega quien más la alimentó, entre otras con una frase que equiparaba su voz con el champán y la de la Tebaldi, con la Coca-Cola. A lo que la italiana, para solaz de los paparazzi, replicó impertérrita: “No olvidemos que el champán se agria”.
“He decidido sacar el rol de mi repertorio después de esta producción y la que debo hacer en el Teatro Real de Madrid el próximo año con Plácido Domingo”.
• Juan Antonio Muñoz H.
—¿Hay algún aspecto interior de Cio Cio San que cambie en la perspectiva de Anthony Minghella?
—Lo fundamental de su mirada es que Cio Cio San sabe. Minghella juega mucho con el sexto sentido de Butterfly. Ella sabe lo que va a pasar, aunque tiene una fe ciega al mismo tiempo. Ella se esconde o se defiende de la realidad que Suzuki le quiere mostrar. Cuando aparece en el tercer acto, ella ya intuyó lo que ocurrió, sabe quién es la mujer que ha llegado con Pinkerton (Kate, su nueva esposa norteamericana). Yo comparto plenamente con Minghella esta visión de Cio Cio San, lo cual nos ha ayudado mucho en la creación del personaje. Ambos partimos del mismo concepto. Muy alejado de esa Butterfly demente que a veces se quiere presentar.
—¿Cómo ha sido para usted interactuar con los muñecos? ¿Es dramáticamente difícil, más fuerte…?
—Está siendo una experiencia increíble. Ya cuando vi la producción en Londres quedé impactada, pues aunque estaba viendo a una marioneta yo veía a mi propio hijo de dos años. Ahora aquí en Nueva York pasamos horas y horas ensayando con la marioneta. Es un trabajo meticuloso; cada movimiento está perfectamente estudiado y acabas convencida de que es un niño real. Es la gran novedad de la producción pues nunca antes se había visto algo así; se ha cambiado un niño real inmóvil, en general de espaldas al público, por un niño irreal, que increíblemente es capaz de transmitir sus sentimientos. Dramáticamente es fortissima su presencia. Nos hemos acostumbrado en base a muchos ensayos y mucha paciencia, porque la emoción nos ha hecho parar los ensayos muchas veces pues se perdía la concentración en el canto. Pero finalmente se consigue una gran compenetración y transmitir unas emociones intensas hasta ahora desconocidas en esta ópera.
La soprano norteamericana Anna Moffo, una de las estrellas del Metropolitan, falleció el pasado día 9 de marzo en Nueva York, a los 73 años de edad.
Moffo fue alumna de la soprano catalana lírico-spinto Mercedes Llopart (Barcelona, 1895/ Milán, 1970), pofesora también de Alfredo Kraus (Las Palmas de Gran Canaria, 1927/ Madrid, 1999).