Atendemos las peticiones. Disculpas mil por el retraso.
Para empezar, el creador del personaje de Otello, Francesco Tamagno, que lo cantó por primera vez en La Scala, el 5 de febrero de 1887. Hace 126 años, ni más ni menos. Aunque ya teníamos su ‘Esultate!’ de 1903 en casa. En aquel primer Otello, Desdémona fue Romilda Pantaleoni. Yago, Victor Maurel.
Estoy de acuerdo con Antonio Lagatta y Juan Dzazópulos en que los Otellos de Mario del Monaco y Ramón Vinay son de referencia. De la misma opinión es Óscar Valdivieso, con respecto a Del Monaco. Incluimos también a Melchior, que recomienda Paco Roa. ¡Gracias!
De Renato Zanelli, contamos con alguna grabación de Otello en el blog. También de Ramón Vinay. De las grabaciones de los otros tenores mencionados en este hilo, realizaremos una selección en otra entrada, por no alargarnos demasiado.
El pasado 20 de octubre, Josep Carreras presentó sus memorias en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, escritas a dúo con el periodista y escritor Màrius Carol. “Los amantes de la ópera conocen mi trayectoria, pero aquí cuento cosas que me pasaron durante la aventura de crear Los Tres Tenores o cuando asumí la dirección musical de los Juegos Olímpicos, que nunca había contado públicamente”.
A viva voz está disponible en castellano (Plaza Janés) y catalán (Rosa dels Vents). Cuenta también con una traducción en alemán.
“Llegando casi a los 65 años, he pensado en dar un vistazo al retrovisor y recordar lo que ha sido mi vida, tanto en el aspecto profesional como en el aspecto personal, e intentar explicárselo a la gente, a las personas. Y también intentar explicar cuál es mi visión de ciertos aspectos de nuestra vida, de nuestra sociedad”.
Debut en La Scala, 1975: Un ballo in maschera ['La sua parola udrà', 'Dì tu se fedele' (Acto I) dúo de amor del segundo acto (con Montserrat Caballé), 'Ma se m'è forza perderti (Acto III)].
Primeras páginas del libro:
«Eran las dos de la tarde cuando Josep Carreras, con veintiocho años, salió del Teatro de la Scala de Milán por la puerta de artistas, situada en la via Filodrammatici. Antes de cruzar la plaza, miró con orgullo un cartel en la fachada del templo lírico que anunciaba la ópera Un ballo in maschera donde se podía leer su nombre en el papel de Riccardo, junto a los de Montserrat Caballé, que interpretaba a Amelia, y Renato Bruson, que representaba a Renato. Inesperadamente, sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, a pesar de que lucía un sol de invierno que confortaba.
No se dejó intimidar por la sensación de abismo que por un momento le embargaba, así que se subió el cuello del abrigo, respiró profundamente y caminó con paso firme en dirección al Palazzo Marino para alcanzar la via degli Omenoni, donde tenía su apartamento Giuseppe di Stefano. El tenor italiano, un divo con una personalidad desbordante por el que Carreras sentía una profunda admiración desde que era muchacho, le había hecho llegar durante un ensayo una nota en la que le proponía ir a almorzar a su casa para probar unos espaguetis cocinados con pasión y poder charlar un rato sin atender al reloj.
Al pasar junto al monumento a Leonardo da Vinci, en mitad de la plaza, alzó la mirada y pensó que el escultor había reproducido al artista con una cara de preocupación que debía parecerse a la suya ante su debut en el más universal de los teatros del bel canto del mundo. A Carreras, las emociones se le acumulaban: iba a debutar en la catedral de la ópera y, unos días antes, su ídolo Di Stefano le abría las puertas de su casa en una evidente señal de afecto personal y de respeto artístico.
El tenor siciliano vivía en el primer piso de un inmueble señorial, en el número 2 de la via degli Omenoni. Era un apartamento espacioso, sobrio y elegante,con una decoración contenida y muebles clásicos, que Di Stefano compartía con su esposa Maria, una atractiva estadounidense, y los hijos del matrimonio. El salón, con grandes sofás de color blanco, disponía de un piano; apenas había referencias a la dilatada carrera del tenor, más allá de un par de carteles de unas primeras funciones en México o Estados Unidos, un disco de oro y unos pocos galardones seleccionados. Al tenor le obsesionaba que la casa pudiera parecer un templo a mayor gloria suya, cuando en realidad era el ámbito dedicado a su familia, por la que sentía verdadera devoción.
Cuando Di Stefano le abrió la puerta, le saludó exultante. Le ayudó a quitarse el abrigo y la bufanda, y le cogió por el hombro amistosamente para presentarle a su parentela. Carreras siempre recuerda la cordialidad con que le trató (”por favor, llámame Pippo”), de la misma manera que conserva la memoria gustativa de los spaghetti al pomodoro e basilico que le sirvió en la mesa, mientras descorchaba un vino piamontés que podía revivir a un muerto.
('Caras y caretas', Buenos Aires,11 de agosto de 1906).
“Poseyó una voz poderosa y homogénea, que le permitió abordar con comodidad el vasto dominio del repertorio italiano, desde fragmentos belcantistas hasta declamaciones veristas”, reseña Patrón Marchand sobreRiccardo Stracciari(1875-1955) en su libro Cien grandes cantantes del pasado.
Se sentía realmente identificado con los personajes que interpretaba. “La voz que nos dejan oír las viejas grabaciones Fonotipia y Columbia luce pareja y suntuosa en la mayoría de los casos y lo coloca, sin ninguna duda, entre los primeros barítonos de su generación como De Luca, Scotti, Galeffi, Ruffo, Danise y Amato“.
Debutó en la Ópera Nacional de Bucarest, en el 2000, como la Condesa en Las bodas de Fígaro. El mismo año realizó una gira por Francia, cantando Violetta en La traviata y Elisabetta en Don Carlo. También cantó en España, pero en un repertorio sinfónico.
El 2001 la llevó nuevamente a Francia. En el 2002 cantó en Bangkok (Tailandia) —donde interpretó a Nedda en Pagliacci— y una vez más en Francia: Aida, La traviata y concierto homenaje a Maria Callas. A los 32 años (2003) debutó en la Wiener Staatsoper como Micaela en Carmen y cantó en Tesalónica (Grecia) el rol de Aida.
Roxana fue artista del conjunto estable de la Ópera del Estado de Viena (hasta el 2010) y de la Ópera Nacional de Bucarest, hasta el año 2009. En Viena, además de Micaela, cantó Mimì en La bohème, Elvira en Don Giovanni, Amelia en Simon Boccanegra, la Condesa en Le nozze di Figaro y Cio-Cio-San en Madama Butterfly.
Además se presentó en Berlín, Leipzig, Wiesbaden, Toulouse, Massy, Toulon, Liege, Ámsterdam, Luxemburgo, etc. En el 2007 cantó el Requiem verdiano en Roma, frente a la Basílica de San Pedro, y participó en una gira por países asiáticos que realizó la Ópera de Viena (Seul, Taipei, Singapur), cantando Le nozze di Figaro. En 2008 cantó en Busan (Corea del Sur) en la ópera Aida.
Participó en dos temporadas en el Teatro Municipal de Santiago de Chile. En el 2005 cantó tres funciones de Aida, junto al tenor chileno José Azócar; y en el 2006, cuatro funciones de Don Giovanni (Doña Elvira).
En el 2009, el director de la Ópera Nacional de Bucarest, Catalin Ionescu Arbore, la conminó a dejar la Ópera de Viena y dedicarse exclusivamente a la ópera rumana. Ella rehusó y se le canceló su contrato con la ópera de Bucarest. A partir de entonces, cayó en una profunda depresión, que, al parecer, la indujo al suicidio, cortándose las venas de las muñecas.