Anna Netrebko: “Cuanto canto un aria, soy más cantante, pero cuando tengo a mi lado a un compañero atractivo, actúo como mujer. La ópera es un arte sensual, y siempre trato de dotar a mis heroínas de un espíritu erótico-amoroso”.
“¿Cuánto tiempo puede cantarse Don Juan? Estaría bien ir haciendo otra cosa ya. Siempre le empujo [se refiere a su pareja, el barítono uruguayo Erwin Schrott] a que haga algo nuevo, pero, lamentablemente, es un poco vago”.
“Todavía hay quien se sorprende cuando escucha una voz propia de una mujer en un hombre de pelo en pecho, pero los contratenores ya invaden los escenarios del mundo. Max Emanuel Cencic no es uno más; parecía estar predestinado a rememorar a los castrati cuando con sólo seis años cantó como solista delante del público y también en los años que pasó como Niño Cantor de Viena. Hoy en día es uno de los imprescindibles. Cantará con Plácido Domingo en el Liceu y hoy lo hará en Donostia junto a la agrupación Moderntimes_1800 para recordar a uno de los más famosos castrati de la época, Caffarelli”.
—¿Cuándo y por qué decidió ser contratenor y no cantar con otro tipo de voz?
—Nunca lo decidí y de hecho, yo no quería ser cantante de ópera. Me eduqué en colegios muy conservadores y mi visión de la vida no era para nada la de un artista. Pero poco a poco, cuando vi que mi voz de soprano no variaba, me di cuenta de que no podía seguir llamándome niño soprano con 19 años, así que con 20 pasé a autodenominarme soprano masculino. Después, tras dejar de cantar durante dos años, decidí volver a hacerlo y mi voz de tenor era tan pobre que no me gustaba cantar así. Decidí trabajar mi voz más en el registro de alto (más grave) y empecé gradualmente una carrera como contratenor.
—¿Cree que ser contratenor implica interpretar un repertorio concreto?
—Sí, los originalmente escrito para los castrati. Éste es el único repertorio que un contratenor puede reivindicar como propio. Además está, por supuesto, la música contemporánea, en la que la voz de contratenor se ha hecho imprescindible. Y hay también varios roles que hoy en día están siendo más abordados por los contratenores como ‘Orlowsky’ en El Murciélago de Strauss y otros personajes de operetas.
—¿Es este tipo de repertorio su preferido?
—Me encanta el barroco y el clásico. A menudo me encuentro enfrentado a comentarios como “el lied alemán no está escrito para un contratenor” o “Rossini no puede ser cantado por un contratenor”. Creo que tengo fama como músico osado que rompe tabús e interpreta repertorios por los que los puristas te excomulgarían. Estoy orgulloso de haberme atrevido a cantar Rossini y de tener éxito con ello. Romper barreras es mi obsesión, mi principio de todo. Ello implica, claro está, trabajar duramente mi técnica para ser capaz de cantar muchas cosas que hasta ahora se han considerado incantables por un contratenor. Además, quiero también romper los tópicos que tiene el público sobre los contratenores.
“Mi voz es [...] la parte más importante de mi vida, es lo que más quiero, es lo que más satisfacciones me da, y es la que me hace más sufrir también”.
“Los alemanes han dicho ‘no sabemos si es que tiene la técnica más perfecta o es que canta tan natural que es así, desde que ha nacido’. No, yo canto con una técnica, tengo una voz. Y creo que hay voces muy bonitas, muy hermosas, pero cuando no tienen técnica, cuando no hay una técnica para mantener esa voz, se nota y se siente, y sobre todo se nota a través de los años”.
“Mozart fue mi primera pasión en el canto, puesto que la primera aria que aprendí cuando empecé a aprender canto fue el Voi che sapete de Las bodas de Fígaro, el Cherubino”.
[Orquesta Sinfónica de Londres. Dirige: Claudio Abbado]
“Rossini pedía unas agilidades, un color de voz [...], un color redondo para hacer esas agilidades, y yo tenía ese color y tenía esas agilidades. Esas agilidades no las tenía, esas agilidades son parte de la técnica de canto”.
“Yo creo que a Rossini le hubiera encantado conocerme; a mí me hubiera encantado conocer a Rossini, porque pienso que hubiera escrito, como se hacía en la época, óperas para mí”.
“Yo encuentro que la mujer gitana, y gitana española, no sé, es una mujer como muy encerrada en sí misma. Y esta Carmen que he hecho yo… Yo no he hecho nada de especial en esta Carmen, no he hecho más que sé leer música y he leído muy bien esta partitura, y creo que he sido fiel a ella”.
“A la zarzuela hay que darla su importancia y su categoría y su nivel. Yo la he llevado por todo el mundo. Incluso he llegado a cantarla con una orquesta china, que me costó muchísimo, muchísimo, explicarles lo que era un chotis, porque o iban muy deprisa o iban muy despacio. Y entonces [ríe], le cogí al director y le dije ‘Venga, muy cerca de mí, agárreme, y a ver cómo marca usted este ritmo en un cuadrado así: ta, ta, tri/ ta, ta, tri/ ta, ti, ta/ ti, ri’. Y el chino lo bailó”.