Posts Tagged ‘wagner’

Peter Hofmann (1944-2010)

Thursday, December 23rd, 2010

Peter Hofmann

  • Juan Dzazópulos Elgueta
  • Diciembre 2010

    El tenor alemán Peter Hofmann nació en Marienbad (actualmente, Mariánske-Lazné, República Checa), el 12 de agosto de 1944.

    Aficionado a la música desde muy joven, comenzó como solista en conjuntos de rock.

    En 1969 debutó en la ópera como Tamino en La flauta mágica, en Lübeck.

    En 1975 se convirtió en miembro de la ópera de Stuttgart y en 1976 triunfó en Parsifal, ópera que cantó tanto en Stuttgart como en Wuppertal, Hamburgo y otras ciudades alemanas.

  • Peter Hofmann (Siegmund) y Jeannine Altmeyer (Sieglinde): Escena III del Primer Acto de La valquiria, Wagner.
  • Dirige: Pierre Boulez. Bayreuth Festspielhaus, 1980.
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    Jonas Kaufmann: “Es distinto conducir un Topolino que un camión de 40 toneladas”

    Wednesday, September 22nd, 2010

    Jonas Kaufmann

    La entrevista es del 29 de agosto. Pero nunca es tarde si la reseña es buena… La entradilla al completo, en el útimo enlace.

    Jonas Kaufmann tiene conmocionado al mundo de la ópera. El tenor muniqués de 41 años está convertido en una estrella de la que ningún teatro importante puede prescindir, es adorado por miles de fans y la crítica está a sus pies.

    Curioso caso el suyo, por muchas razones: es probable que su transformación de tenor lírico-ligero a tenor dramático sea única en la historia de la ópera; desde Franco Corelli que no se veía a un gran tenor con la prestancia física de Kaufmann, quien además agrega dotes de actor pocas veces vista y un conocimiento profundo de los diversos estilos que aborda; es un hombre de familia (está casado con la mezzo Margarete Joswig, con quien tiene tres hijos), practica yoga, es cristiano protestante y hablar con él es como hacerlo con un viejo amigo”.

  • Juan Antonio Muñoz
  • —¿Cómo se produjo su llegada a la música? ¿Hubo estímulo familiar? ¿Nació espontáneamente?
    —En mi casa se amaba la música clásica y también la ópera, pero ninguno era músico. Todos tocaban el piano como divertimento, pero no como trabajo. Yo cantaba siempre en la casa y también en el coro. Siempre lo he hecho. No me acuerdo de cuando no lo hacía. Como a los 14 ó 15 comencé a hacer pequeños solos; dos o tres frases en una cantata, en un oratorio. Pero jamás pensando en tomar esto como una profesión. Siempre fue un bello hobby. Cuando esto comenzó a tomar otra forma mi papá me decía: ‘Tú eres un amante de la familia y si quieres crear una familia también necesitas un trabajo más profundo…”.

    —¿Tenía razón?
    —Sí, por cierto. El riesgo en esto del canto es muy grande. Lo veo por ejemplo entre quienes han estudiado conmigo; son sólo algunos los que pueden al menos sobrevivir. No es una vida de lujo. Hay tantos, además, que después de estudiar canto han tenido que comenzar de nuevo para obtener otra profesión. Es verdaderamente riesgoso.

    —¿Por esto es que usted comenzó estudiando matemáticas?
    —Claro. Mi papá trabajaba en una aseguradora y me impulsó en esta dirección. Pero no era algo para mí, todo era demasiado teórico y muy seco. En matemáticas se habla de las cosas, pero se hace nunca nada. Durante el tiempo que estudié, jamás vi una cifra. Era sólo teoría. Yo no puedo estar quieto todo el día, teorizando. Mientras estudiaba matemáticas siempre mantuve mis clases de canto; me hacían falta.

  • La fleur que tu m’avais jetée. La Scala, diciembre 2009

    —¿Cómo lleva ahora esto de que su rostro sea conocido hasta por quienes no saben nada de ópera?

    —Es especial y un poco difícil, pues la gente te mira, hace comentarios y te trata de otro modo. Sobre todo en lugares donde he cantado mucho, como Zürich.

    —¿Sigue viviendo ahí?
    —Ya no; estuve allí 7 años. Ahora me he trasladado de nuevo a Baviera. Desde la próxima temporada no haré cosas en Zürich, una plaza que ha sido muy importante para mí pues pude probar títulos que han sido claves en mi carrera. Es un teatro pequeño donde todo funciona perfecto. Pero ahora mi calendario está tan lleno y concentrado en pocos lugares —el MET, Londres, la Scala, París, Viena y München, fundamentalmente— que resolví reestablecerme en mi país.

    —Usted nació en München y allí, curiosamente, es desde hace poco que figura de manera estable.
    —Sigue sucediendo en Alemania que hay que hacerse de un nombre afuera primero para que te llamen de los principales teatros nuestros. Es verdad, en 15 años he hecho pocas cosas en München, pero ahora por mí han cambiado muchos planes. Desde 2009 y en los años que vienen cantaré a menudo allí. Cada año haré una nueva producción y retomaré otra. ¡Todos me dicen que desde el punto de vista de los impuestos es una locura volver a Alemania! Pero a mí me gusta mucho mi país, la gente… soy alemán en definitiva. Además, tengo muchas cosas programadas también en Berlín, Bayreuth y Salzburgo…

  • Pourquoi me réveiller. Opera National de Paris, 2010
  • —¿Sus hijos están siempre con usted?
    —Sí y no. Ahora están conmigo porque es verano, pero estando en el colegio no se puede llevarlos a todas partes. Son tres, además. No es fácil. También es difícil hacer un calendario de actuaciones que no demande estar fuera demasiado tiempo. Pero yo no he hecho estos niños para no estar con ellos. La familia es siempre muy importante para mí y también para estabilizarme internamente, tener una base y no volverme loco con el éxito. Cada vez se hace más difícil ser uno mismo, permanecer en uno mismo y no cambiar porque algo cambia en tu entorno.

    —Es fácil tomar el otro camino…
    —Mucho. Es fácil, pero al final el problema es que, según mi punto de vista, todo se deteriora. Porque también la calidad del canto depende de la calma, de la profundidad, de la estabilidad. De estar contento en uno mismo y con uno mismo. Una vez que uno sale de sí para vivir otra cosa, después es muy difícil regresar. No se encuentra más el camino.

  • Debut en Lohengrin. Bavarian State Opera, julio 2009
  • —¿Cómo se vive un cambio tan radical en la voz como el suyo? Usted partió cantando algunos papeles de Mozart y también roles como Flavio (Norma) y Cassio (Otello), y ahora lo tenemos en Lohengrin, Werther y ya se puede pensar en usted como Otello y, por qué no, Tristán.
    —Es verdad. El año 95 comencé a cambiar mi técnica completamente. Hasta entonces había cantado como un tenor muy ligero. Ni siquiera era lírico, verdaderamente ligero, ligerísimo…

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    Fernando Argenta: “Wagner engañaba a todos sus amigos con sus señoras”

    Friday, June 25th, 2010

    Fernando ArgentaEntrevista en La Vanguardia con Fernando Argenta, músico y divulgador de la música clásica; autor del libro Los clásicos también pecan.

    “En EE.UU. celebrarán mi 65 cumpleaños, el 4 de julio, por todo lo alto. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo un hijo. Mi idea política se resume en el último movimiento de la ‘Novena’ de Beethoven: todos los seres humanos tenemos que ser hermanos. Soy agnóstico”.

  • Por Ima Sanchís
  • —¿Al cura pelirrojo le gustaba hacer tríos?
    —Sí, y no precisamente musicales, que también los hizo. Era vox pópuli que Vivaldi, a pesar de ser cura, convivía con una cantante, la Giró, veinte años más joven, que era su protegida, y una hermana de esta a la que contrató como enfermera.

    —Pillín.
    —”Como soy estrecho de pecho (asmático) —se justificaba—, no puedo decir misa y necesito una enfermera siempre conmigo”.

    —Pero fue fiel a su trío.
    —Efectivamente, fiel a las dos hermanas. Las costumbres en aquella época eran muy relajadas, incluso los cardenales tenían doble vida, y allí, en Venecia, los carnavales duraban casi seis meses.

    —La debilidad de Bach era más prosaica.
    —Sí, el orgullo. Fue una persona religiosa y de orden, fiel a sus dos mujeres, de las que tuvo 20 hijos; pero tener que estar bajo la esfera de quienes le contrataban, muchos ignorantes y cretinos, le sacaba de quicio, y tenía que tragarse el orgullo. Sin embargo, por orgullo y por cabezonería acabó encarcelado.

    —¿El más feo de todos los genios?
    —Probablemente Wagner, porque era bajito y cabezón.

    —Pues a Haydn lo describían como a un monstruo.
    —Sí, de él decían que sus piernas eran tan cortas que cuando se sentaba no alcanzaba el suelo. Su mandíbula inferior sobresalía como la de un bulldog y tenía la cara picada de viruela. Y le llamaban el Nigeriano por el color de su piel. Pero era bonachón y tenía sentido del humor. Era muy amigo de Mozart.

    Mozart sufría una extraña fobia.
    —Sí. Un trompetista dejó un documento en el que explica que cuando Mozart era pequeño tenía terror a la trompeta. Su padre lo invitó a su casa y le pidió que tocara para ver sí así se le pasaba la fobia; pero en cuanto se puso a tocar, Mozart se desmayó. Sufría trompetofobia.

    —¿Qué es lo que más le sorprende de la vida íntima de los grandes músicos?
    —Vivaldi fue cura porque, al ser pobre, su padre tuvo dos opciones: o hacerlo cura o castrarlo; pero Liszt se hizo sacerdote por vocación después de haber tenido hijos y siguió acostándose con todas las señoras —eso sí, de alta alcurnia— que podía. Que un abate fuera un promiscuo quizá es lo que más me choca.

    —Mucho pecado de faldas, veo.
    —El de Wagner fue, además de la autoidolatría, la infidelidad hacia sus mejores amigos y protectores: se la pegaba con sus mujeres.

    —Ingrato.
    —Llegó a coquetear con el rey Luis II de Baviera, que estaba enamorado de él, para sacarle toda la pasta.

    —¿El más atormentado, Chaikovski?
    —Sí, ser homosexual en la época de la Rusia zarista significaba irse a vivir a Siberia. Intentó ocultar su homosexualidad (a la que consideraba una enfermedad) casándose. El matrimonio fue un desastre y vivió amargado. Pero tuvo una relación con Nadejda von Meck, una acaudalada viuda rusa que tenía 11 hijos y que estaba enamorada de él.

    —¿Qué tipo de relación?
    —Ella le mantenía y sólo le puso una condición: que no se conocieran. Estuvieron carteándose durante catorce años.

    —¿Beethoven era el de peor carácter?
    —En una ocasión, como tantas, estaba tocando el piano y un príncipe susurró algo a una señora. Beethoven cerró la tapa del piano y gritó: “¡Yo no toco para esos cerdos!”. Luego se arrepentía; mandaba a la porra a un amigo y a los diez minutos le escribía una carta: “¡Querido corazoncito!, por favor, ven, perdóname. Te besa tu Beethoven, también llamado albóndiga”. Su música es así.

    —Ciclotímica.
    —Sí. Nunca cuajó con ninguna mujer, prefería las fulanas, a las que llamaba fortalezas.

    —No está mal.
    —Y Brahms tocaba desde los 11 años en prostíbulos de Hamburgo. Durante toda su vida tuvo un amor incondicional hacia ellas, decía que eran mejores que cualquier dama.

    —La mayoría de los músicos provenía de estratos sociales bajos.
    —Sí, los artistas eran parte de la servidumbre, se utilizaba a los músicos como ahora se usa un CD, no estaban considerados.

    —¿Cuál es la historia de amor más bella?
    —La de Brahms con Clara Schubert, bastante mayor que él y esposa de su mejor amigo y protector. Brahms se enamoró de Clara nada más verla. Cuando Schubert enloqueció y tuvieron que internarlo, Brahms no lo traicionó, incluso cuando murió siguieron enamorados toda la vida, pero sin casarse.

    —Había genios esforzados y genios iluminados.
    —Cierto. Beethoven era un genio pero le costaba; en cambio, Mozart… En la Capilla Sixtina, una vez al año se abría un cofre que contenía una obra, el Miserere de Allegri a ocho voces, se interpretaba y se volvía a guardar bajo llave y bajo pena de excomunión a quien la copiara.

    —¿Una obra complicada?
    —Mucho. Mozart, con 14 años, escuchó el Miserere de Allegri una vez, llegó a casa y lo escribió sin un solo fallo. ¿Cómo es posible? Yo creo que era un savant.

    —¿El síndrome del sabio?
    —Sí, personas con desórdenes mentales como el autismo que pese a sus discapacidades poseen sorprendentes habilidades mentales específicas. A Mozart era como si alguien le dictara la música, nunca corregía.

    Wolfgang Wagner (1919-2010)

    Monday, March 22nd, 2010

    “El nieto del compositor Richard Wagner y durante casi 60 años director del festival de música de Bayreuth, Wolfgang Wagner, falleció ayer a los 90 años, de causas naturales, en la localidad bávara, según ha anunciado hoy un portavoz del certamen y la web del festival.

    Wagner destacó por su ‘habilidad diplomática y su tolerancia artística’ en la gestión del mayor festival wagneriano del mundo, según señala el rotativo alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung”.

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