A propósito del artículo de opinión de Paco Roa sobre Miguel Fleta…, una grabación del artista aragonés que aún no tenemos en casa, más una versión de Alfredo Kraus de la misma romanza. Dos grandes, cada cual en su época y estilo, y por motivos diferentes.
No proponemos comparar, sólo escuchar. Que cada cual manifieste su opinión si lo considera oportuno. Como siempre…
Guillermo Orozco suma los éxitos logrados en el registro de tenor a los que está ya conquistando en su nueva etapa en la cuerda de barítono.
“La Semana de la Zarzuela echó el telón con la puesta en escena de su joya más preciada La rosa del azafrán, que contó con el estreno en el papel de ‘Juan Pedro’ del ahora barítono Guillermo Orozco con una fantástica actuación. (…) En el segundo pase, destacó el debut del hasta ahora tenor Guillermo Orozco como barítono, interpretando magistralmente el papel de ‘Juan Pedro’ en su nuevo registro de voz”.
“El ahora barítono Guillermo Orozco y la soprano María de Félix protagonizaron en enero un concierto de zarzuela en Beirut. En el evento, organizado por la Orquesta Filarmónica de Líbano, la Fundación Guerrero y la embajada española, se escucharon fragmentos de La Revoltosa, La del soto del parral y Luisa Fernanda, entre otros, bajo la dirección de Harout Fazlian” (Ópera Actual).
Teatro Jovellanos de Gijón: del 9 al 23 de octubre de 2010.El niño judío (preludio)
El Concurso Internacional de Zarzuela Ana María Iriarte “tiene como finalidad divulgar y promover los nuevos talentos de la Zarzuela en el ámbito internacional, gracias a una convocatoria abierta a cantantes de cualquier nacionalidad y residencia y con edades comprendidas entre los 18 a 45 años“.
“En su primera edición, este concurso se perfila como pionero en su género y pretende constituirse en un punto de encuentro emblemático y definitivo para aquellos cantantes líricos que desean orientar su carrera hacia la Zarzuela y que tendrán la oportunidad de participar en un curso magistral de Zarzuela impartido por Doña Ana María Iriarte”.
El barítono Inocencio Navarro ('La Ilustración', 19 de mayo de 1913).
Sobre el barítono catalán (barcelonés, dicen en algunas crónicas de prensa) Inocencio Navarro se sabe más bien poco. Hernández Girbal no lo incluye en ninguno de sus dos volúmenes de Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela. Tampoco Sagarmínaga, en su Diccionario, heredero este libro, en buena parte, de esa obra de Girbal.
Enrique (Enrique Paz Escudero, el auténtico;-) me envió hace unas semanas una grabación de Inocencio Navarro. Creo que bien merece la pena que la escuchemos todos. Gracias, Enrique.
Ya el trueno apagado
más lejos resuena;
el viento ha callado,
la mar se serena.
Volvió la alegría;
renace la calma,
lo mismo que el día
serénese el alma.
¿Por qué, por qué temblar?
El cielo está sin nubes,
azul está la mar.
¿Por qué temblar?…
"La eminente soprano española Matilde de Lerma en 'Tristán e Iseo', ópera de Wagner, en que ha alcanzado gandes éxitos cantándola recientemente en los principales teatros de Italia" ('Mundo gráfico', 26 de marzo de 1913).
Inocencio Navarro debutó en el Teatro Real de Madrid en 1916 (66ª temporada). El 15 de febrero canta en Los hugonotes, de Meyerbeer, junto a Matilde de Lerma, Luisa Garibaldi, Mercedes Capsir, José Palet, Gaudio Mansueto, José Torres de Luna y un jovencísimo Antonio Cortis. Dirigió Ricardo Villa. La actuación se repitió, con el mismo elenco, los días 17 y 20.
Vuelve a cantar en el Real ese mismo año, el 17 de marzo: IV Acto de Los Hugonotes, Centón a beneficio de la Asociación de la Prensa, junto a De Lerma, Palet, Battistini, Torres de Luna… Por aquí lo tenemos.
¿Qué más podemos contar sobre Navarro? En la hemeroteca on line de la Biblioteca Nacional de España (que encarecidamente les recomiendo cuando deseen saber algo más sobre un cantante lírico del pasado), hallamos una crítica de prensa molto interessante. Corresponde a una actuación de Navarro en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el sábado 27 de enero de 1917, donde canta Maruxa, de Amadeo Vives. Junto a Inocencio Navarro, Esther Oliver, Carmen Alfonso, el tenor Belenguer y el bajo Sr. Casas.
El éxito fue… a_po_te_ó_si_co. Y entre acto y acto, canciones de propina…
Ahí va (sin marear;-):
“El extraordinario reclamo que se había hecho del baritono Inocencio Navarro, diciendo que era un ‘divo’ que cantaba ‘Maruxa’ como hasta ahora no se había oído, llevó anoche al teatro de la Zarzuela un público numerosísimo.
El reclamo pudo perjudicar al Sr. Navarro, pues los espectadores se mostraron exigentes en grado sumo, y esperaban desde la primera escena algo estupendo y nunca visto.
Si el Sr. Navarro no llega a ser, en efecto, un gran barítono y un gran actor, anoche hubiese tenido un ruidoso fracaso.
Salvado el peligro, el Sr. Navarro, que posee una voz pastosa y extensa, una gran escuela de canto a la manera italiana, clara vocalización y que sabe dar expresión a las frases, se adueñó de los espectadores, trocando en frenético entusiasmo las impaciencias del principio.
Al terminar el dúo con la tiple en el primer acto, el público en masa tributó a los artistas calurosas ovaciones, que se repitieron al caer el telón. El maestro Vives fue llamado a escena repetidas veces.
En el acto segundo confirmó y acrecentó Inocencio Navarro la buena impresión, y también se hizo aplaudir calurosamente.
Con tanto entusiasmo y con tantos aplausos como el Sr. Navarro fue acogida la señorita Carmen Alfonso, que cantó su parte admirablemente y se reveló como una gran artista.
El resto del reparto es también digno de mención. Esther Oliver hace una gentil Maruxa y el tenor Belenguer y el bajo Sr. Casas están muy justos.
Realmente la ‘Maruxa’ que vimos anoche en la Zarzuela es algo excepcional, tanto por el conjunto como por los méritos personales de la señorita Alfonso y el Sr. Navarro.
La orquesta, muy bien concertada y peritísimamente dirigida por el maestro Barrera, que también fue llamado al proscenio al final de ambos actos, en unión de Vives.
En el intermedio el Sr. Navarro cantó varias canciones, con las que demostró nuevamente sus excepcionales facultades y buen gusto”.
El Imparcial (Madrid), 28 de enero de 1917
1. El maestro J. Lamote de Grignón. 2. El maestro Franz Beidler. 3. El maestro Luis Millet. 4. El tenor Francisco Viñas. 5. Richard Wagner. 6. El tenor Juan Raventós. 7. El bajo Conrado Giral. 8. La soprano española Lina Pasini Vitale. 9. El barítono Inocencio Navarro ('La Ilustración', 19 de mayo de 1913).
Con Milagros Martín, Juanma Cifuentes, Cesar San Martín, Angel Walter, Javier Ibarz, y Carmen Arribas
* *
—Quiero decirla una cosa.
—Dígame usté lo que sea, porque yo lo escucho todo.
—¿Todo?
—¡Lo que no me ofenda!
—Antes que ofenderla yo, que se me caiga la lengua.
—Si yo…
—Usté…
—Si yo…
—Termine, me da miedo.
—No lo crea. Lo que tengo que decirle se lo digo por las buenas.
—Hace tiempo que vengo al taller, y no sé a qué vengo.
—Eso es muy alarmante. Eso no lo comprendo.
—Cuando tengo una cosa que hacer, no sé lo que hago.
—Pues le veo cesante, por tumbón y por vago.
—En todas partes te veo…
—Y casi siempre a mi puerta.
—Me tiene loco ese cuerpo, retrechero y juncal, que nació en Chamberí con la gracia y la sal de Madrid.
Una muy fructífera carrera de casi treinta años: de 1932 a 1960. Un dignísimo sucesor de su padre, el célebre barítono Sagi-Barba. Un referente, sin duda, en el ámbito de la opereta y la zarzuela, y que —o a mí me lo parece— no ha recibido el reconocimiento que se merece. Bien sabemos que no se estila… Aun así, lo reivindicamos. A quien corresponda. Qué menos que un homenaje, ¡en vida!; y en su nombre, homenaje a sus padres también, el barítono catalán Emilio Sagi- Barba y la soprano valenciana Luisa Vela.
Sí hubo un concierto homenaje en honor de Sagi-Vela, en enero de 2006, en Torrelodones, localidad madrileña donde reside, o residía, Sagi-Vela. ¿Y qué más? Nada más. Sagi-Vela cumplió 96 años, que se dice pronto, el pasado 17 de febrero. ¿Y a qué esperan?
Debutó en el Teatro Ideal de Madrid, en la compañía de Jacinto Guerrero, como Juan Pedro en La rosa del azafrán. A la batuta, Sagi-Barba, que en marzo de 1930 estrenaba esta misma obra en el madrileño Teatro Calderón. Sagi-Vela tiene tan sólo 18 años. Era el 24 de noviembre de 1932.
Su triunfo fue inmediato. Además de en España, canta en prácticamente todos los países de América del Sur (salvo Brasil), donde fue aplaudido en numerosísimas ocasiones; en Estados Unidos, Italia y Portugal. En 1934, con veinte años, crea la ‘Compañía Lírica Luis Sagi-Vela’, con la que contribuyó a la gran popularidad de que gozó la zarzuela en Argentina, México, Chile, Perú, Bolivia… durante los años treinta y cuarenta. La compañía, heredada de su padre, cosechó éxitos durante casi veinte años; no consecutivos, debido al estallido de la guerra civil española.
Dorini de Diso y Luis- Sagi Vela, en 'La barbiana', zarzuela en dos actos de Leopoldo Magenti y Rafael Fernández Shaw, estrenada "con gran éxito" en el Teatro Ideal de Madrid el 24 de febrero de 1933 ('Mundo gráfico', 8 de marzo de 1933).
Estrenó en España un total de 25 obras. Entre ellas, La del manojo de rosas, de Pablo Sorozábal (noviembre de 1934, Teatro Fuencarral de Madrid), Me llaman la presumida, de Francisco Alonso (diciembre de 1935, Teatro Ideal de Madrid), Monte Carmelo, de Moreno Torroba (octubre de 1939, Teatro Calderón de Madrid), La Caramba, también de Torroba (abril de 1942, Teatro de la Zarzuela) y en 1944, Golondrina de Madrid, de José Serrano.
En la temporada de 1949-1950 se presenta en el Colón de Buenos Aires, como Alfredo en La traviata; y Edgardo, en Lucia di Lammermoor. Interviene también por estas fechas en el estreno argentino del oratorio de Mendelssohn Elías en el Teatro Municipal de Buenos Aires.
Maruja Vallojera y Luis Sagi-Vela, en una escena de 'Me llaman la presumida', sainete lírico en tres actos de Francisco Alonso (música) y Francisco Ramos de Castro y Anselmo C. Carreño (libreto), "que tan brillante y rotundo éxito ha tenido" ('Mundo gráfico', 1 de enero de 1936).
En su repertorio, 68 títulos, entre los que se incluyen operetas y zarzuelas.
“Sus caballitos de batalla eran los que exigían un canto elegante y una presencia escénica impecable”.
“La voz de Luis Sagi-Vela se encuentra a caballo entre la cuerda de barítono y tenor, si bien el artista debió de optar finalmente por la más grave —con esporádicas incursiones en la de tenor— por la mayor comodidad y seguridad de las tesituras baritonales para un cantante de sus características”.
“El timbre es de gran belleza, claro y aterciopelado. Los centros adolecen del peso requerido para la cuerda baritonal, aunque —dadas las condiciones exigidas para un barítono de zarzuela (tesituras muy altas y agudos brillantes)— nos encontramos con un cantante muy adecuado para la interpretación del género español”.
“El intérprete es elegante y busca en todo momento el hilo conductor de la línea de canto, logrando convencer por la musicalidad de sus interpretaciones”.
Entrevista a Sardinero. Desconozco la fecha exacta en que fue publicada, pero sus palabras, cómo no, aún tienen vigencia.
Por Xavier Nicolás
—Si mal no recuerdo, usted debutó en el Liceo allá por los 60…
—Sí, si mal no recuerdo fue en 1964, debuté con dos personajes, uno del Rigoletto y otro de Carmen. Sí, creo que fue en 1964.
—¿ Y ha cambiado mucho el Liceo desde entonces?
—Bueno, en algunas cosas no ha cambiado nada, pero en otras, desde luego muchísimo. Yo puedo decir que casi he nacido allí, o me he criado allí. Y además tuve la suerte de que hubiera a su frente un gran empresario que estimaba mucho a los cantantes nacionales…
—Supongo que se refiere a Juan Antonio Pamias…
—Efectivamente, Pamias. El ambiente del Liceo era como nuestra casa. Entrábamos allí sin pedir permiso a nadie, podías ir y venir, hacer una llamada telefónica sin que te preguntasen nada, era otro ambiente. Recuerdo un día que bajaba por las escaleras interiores y Pamias desde arriba me gritó. “¡ Sardinero! ¡Tú y yo nunca vamos a tener problemas!”. Y me mandaba a ver al contable, pues a lo mejor había quedado algo a deber a cuenta, y con un apretón de manos y un “la semana que viene”, se arreglaba todo. Me acuerdo de algo que no se me olvidará nunca: Iba yo andando por entre los pasillos del Liceo, cuando me dijo de lejos: “Sardinero, recuerda una cosa, ¡mientras yo esté aquí, tú siempre serás el Marcello de nuestras Bohèmes!”.
—Era algo quizás más personal, más familiar…
—Exacto, Pamias te llamaba al despacho y te hablaba de mil cosas, no sólo de canto o música, y después te explicaba cómo sería la próxima temporada y te acababa diciendo: “Vaya a ver al Sr. Tal que le arreglará el tema del contrato”. Son recuerdos muy bonitos de aquella época.
—Eran aquellas épocas en que incluso se cantaba a veces gratis o bajo presupuesto, ¿no?
—Sí, algunas veces el contable te explicaba que se iban a atrasar en el pago, o que aquel mes habría que esperar un poco, etc. Y tú lo dabas como una cosa comprensiva y natural, porque aquello formaba también parte de tu vida. Y además hay que tener en cuenta que con Pamias han cantado los más grandes en el Liceo: la Scotto, Bergonzi, la Tebaldi, Di Stefano… Y no sólo una vez, sino que repetían las ocasiones. Tengo muy gratos recuerdos de Pamias.
—Era también la época de Mestres Cabanes. Ya aquellos decorados están en el olvido, ¿qué opina de las nuevas corrientes modernistas de los escenógrafos de ahora?
—Bueno, la ópera es la ópera, pero creo que ante todo está detrás el autor, el compositor, y se le ha de respetar siempre. Y por eso cuando veo a estos escenógrafos de ahora que van cambiando los decorados a su manera, y las épocas de tiempo, pienso que lo hacen de una manera equivocada. Por ejemplo, yo he cantado Bohèmes sin muebles en el escenario y no me ha gustado, pues para algo Puccini especificó con detalle cómo debía estar amueblada aquella buhardilla. Creo que es un error por parte de los escenógrafos, no se puede cambiar lo que el autor dijo. En el caso de La Bohème, ya sabemos que la buhardilla era de unos artistas pobres, pero tampoco tanto que no tuvieran un triste mueble…
—Sí, desde luego. Y esto de los escenógrafos modernos, ¿no es en realidad un reflejo directo de lo que está pasando con el arte en general en este siglo XX?
—Sí, yo podría hablarle de muchos ejemplos sobre este tema. Pero el núcleo de la cuestión está en que en el mundo del Arte, hoy en día ya no se cree en lo que se está haciendo, en lo que se está creando. Hoy en el Arte sólo se trabaja desde un punto de vista materialista. Y de esta manera el público no llega a conectar con lo que hoy en día se hace o se transforma. En mi época, la gente cantaba por el gusto a cantar, había realmente algo de sentimiento, hoy en día sólo se persigue el dinero que eso reporta. Y esto me resulta desagradable y triste a la vez.
“La saga Kraus tocó techo con la proeza artística del que es considerado el mejor tenor lírico-ligero de la historia: Alfredo Kraus, cuyo hermano Francisco compartió con él vocación musical, maestros de canto y misión pedagógica.
Barítono que vio truncada su carrera por culpa de una desgraciada lesión y poseedor de una dilatada carrera como docente, Francisco Kraus visitó esta semana Tenerife, donde el pasado viernes asistió al homenaje que el IV Festival Musitemático de La Orotava rindió a su hermano en el que fue uno de sus escenarios predilectos: el Auditorio Teobaldo Power, donde actuó hace veinte años”.
José. A. Dulce
—Usted se refiere a su hermano como un talento natural; sin embargo, él creía que ese don había que trabajarlo, moldearlo, construirlo.
—Tenía talento para la música (subraya). Su voz la construyó él a base de estudio, trabajo y práctica. Claro que el cantante nace, pero si no tiene una orientación adecuada, si no recibe un correcto aprendizaje, se malogra.
—O si no tiene un buen profesor.
—Efectivamente. Y Alfredo recibió uno de los mejores magisterios, el de Mercedes Llopart, maestra de celebridades como Fiorenza Cossotto, Anna Moffo, Renata Scotto…
—¿A qué atribuye la leyenda, a todas luces falsa, de un Alfredo Kraus pagado de sí mismo, altivo y superior?
—Eso es algo que inventó alguien. En realidad, se trataba de una persona sencilla y asequible. Es verdad que alguna vez pudo perder los estribos, pero ello se debe a que la gente, a veces, resulta incómoda y molesta. Todos los que le conocieron coinciden en que, lejos de ser altivo, frío o demasiado serio, era afable. Y retraído, porque no le gustaba ser el centro de las reuniones.
Como mucho me temo que no voy a saber estar sin contarles qué pasa por el mundo, me adelanto (como el almendro;-) Lo confieso: no me deja el genio;-)
Ya eché sin contemplaciones a todos los dragones goearinos que con premeditación y alevosía se nos habían colado en casa (dejo los enlaces: qué remedio, pero más de uno iré eliminando poco a poco). Si se me ha escapado alguno, por favor, den un silbidito;-)
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27 de febrero
Álvarez, Armiliato, De León (Teatro Real, Andrea Chénier)