Tropecé ayer en la hemeroteca digital de La Vanguardia (¡es una mina!) con una crítica de prensa de Alfredo Kraus. Y no pude evitar empezar a tirar de la madeja… Eché un vistazo al más reciente libro sobre Kraus y me pareció que no está incluida esta actuación, al menos en la cronología, que he podido ver más despacio. Creo que merece la pena contarlo y documentarlo.
Son anunciadas en la prensa nueve representaciones, patrocinadas por el Ayuntamiento de Barcelona, entre el 22 y el 30 de junio, “9 únicos días”. Kraus interviene sólo en las tres primeras.
En la cuarta, es sustituido por el tenor mexicano Julio Julián: “Cumplidas las tres previstas actuaciones de Alfredo Kraus, en el Teatro Griego de Montjuich, se ha impuesto el cambio de intérprete de la parte de Jorge en la ópera Marina, de Arrieta. Otro tenor y otras exigencias del público, de acuerdo con la notable reducción de los precios de las localidades”.
Crítica de prensa de aquella primera Marina del 22 de junio de 1959, por Urbano Fernández Zanni, crítico musical de La Vanguardia:
La Vanguardia, 24 de junio de 1959
En la Marina de anteanoche en Montjuich todo fue merecedor del más sincero elogio: la interpretación, la ambientación escénica, muy lograda con los decorados de Burman, realizados por López Sevilla, los bellos figurines de Manuel Muntañola: la inteligente dirección artística de Luis Escobar, que dio visos de realidad al movimiento escénico.
De los cantantes, el tenor canario Alfredo Kraus, el “esperado”, triunfó, como había triunfado la temporada última en el Liceo. Su voz melodiosa, segura en la entonación y fácil en la emisión, siempre gratamente timbrada, se ajustó a las exigencias de la música de Arrieta, arrancando calurosísimos aplausos del público en aquellas páginas que la tradición ha impuesto como de prueba.
Algo cohibida al principio. Conchita Domínguez pronto volvió por sus fueros de soprano ligera de medios vocales extensos, ágiles y educados. En el “rondó” final, especialmente, hizo verdaderas filigranas y fue ovacionada.
Muy discretos el barítono Norberto Carmena y el conocido bajo Julio Catania, y Sigfredo Sardevi, Yolanda G. Otero, Pablo Pascual y Juan Valentino completaron decorosamente el reparto.
En un puesto de honor hay que colocar al coro, que, instruido por el maestro José Parera, lució en todo momento sus frescas, afinadas y expresivas voces, y la orquesta, de lo que el maestro Enrique Estela, gran conocedor de la partitura, sacó un espléndido partido.
Coro y orquesta quedan colocados entre lo mejor de la velada. Para el brillante conjunto instrumental hubo particulares aplausos del preludio del último acto, donde el trompa solista destacó notablemente.
El ‘ballet’ del Teatro de la Zarzuela, de Madrid, ejecutó en el acto central, con acompañamiento de una “cobla” situada en el bosque, una sardana que mereció plácemes. En cambio no los mereció la realización coreográfica del acto tercero, que, por su improcedencia, está pidiendo a gritos la supresión.
Al término de las jornadas los aplausos, muy calurosos y reiterados en el curso de la representación, se intensificaron, recogiéndolos, al lado de los cantantes, los maestros Estela y Parera y Lola Rodríguez de Aragón.
El teatro estuvo regularmente concurrido. Honró el espectáculo, con su presencia el gobernador civil, don Felipe Acedo Colunga.
Cuatro días después de aquella primera Marina, Manuel del Arco, periodista de La Vanguardia, publica una breve entrevista del tenor en su sección diaria ‘Mano a mano, muy popular en su tiempo.
Del Arco ilustraba sus textos con una caricatura del entrevistado realizada por él mismo, siempre un personaje de actualidad (pueden ver la de Kraus haciendo clic en la última imagen de esta entrada). Entre 1953 y 1971 publicó más de 4.000 entrevistas. Muchas de ellas aún mantienen viva su frescura.
La Vanguardia, 26 de junio de 1959
‘Mano a mano’
Alfredo Kraus
—¿Es usted tan antieconómico como dicen?
—Depende de cómo se mire; para cantar zarzuela en España, sí; porque yo cobro como cantante de ópera.
—Usted es canario. ¿De dónde le viene su apellido Kraus?
—Kraus, con una sola ese, viene de Viena; mi padre es austríaco. Yo me inicié en el canto en Canarias y luego hice mi carrera en Italia.
—¿Le gustó el marco del Teatro Griego de Montjuich?
—Me sorprendió la acústica; pero hay un inconveniente para los cantantes: la humedad.
—¿No le pareció anacrónica la representación de Marina, ante una naturaleza de roca viva, con decorados estilizados y barbas de guardarropía?
—A mí me lo parece siempre la ópera al aire libre. Pero yo no puedo hacer nada en este sentido.
—¿Sabe usted que levantar el telón simbólico del Teatro Griego, por su intervención, costó cada actuación suya ciento diez mil pesetas?
—Desconozco estas cuestiones de orden económico.
—No hubiera sido posible sin subvención.
—Sé que la subvención existe todos los años; por mí o por otro cualquiera.
—¿Tan mal está el género lírico que no puede defenderse?
—La zarzuela en España necesita protección. Marina es casi una zarzuela. Si yo tuviera en mis manos su defensa, la protegería, pero orientando su preparación para futuros cantantes y orquestas, y creando un ambiente para celebrar temporadas fijas.
—Usted accidentalmente canta zarzuela, pero es tenor de ópera. ¿Qué le ocurrió en el Liceo?
—Yo me esperaba un trato y una cortesía distinta a la que en realidad demostraron conmigo. Y esto motivó que no nos hayamos entendido este año.
—¿Dinero?
—Todo influye.
—¿No volverá?
—Si las condiciones que me ofrecen son las mías, sí.
—¿Por qué exige usted tanto?
—Puede que exija menos de lo que pueda exigir.
—Sin embargo, usted, hecho en Italia, no ha cantado todavía en la Scala de Milán. ¿Por qué?
—Para mí la Scala es punto de llegada, no punto de partida, y hoy ocurre al revés: suelen empezar a cantar ahí y, como no tienen base, no duran. Mi ambición es, si llego a la Scala, permanecer.
—¿Su escapada al cine haciendo “Gayarre”?
—Conveniente, artísticamente: popular y económicamente interesante.
—¿Por qué son ustedes tan intasados?
—Porque cuesta muchísimo vivir en este ambiente.
—¿Es difícil mantenerse en divo?
—No pretendo serlo; eso ya se usa poco. El cantante es una persona normal que administra su voz.
El año anterior, en diciembre de 1958, debuta Alfredo Kraus en el Gran Teatro de Liceo de Barcelona, como Duque de Mantua en Rigoletto; y pocos días después, asume el rol de Edgardo en Lucia de Lammermoor. De esas actuaciones también hallamos crónicas, pero mejor las dejamos para otro día.
“Cantante, pianista, directora o compositora son algunas de las actividades por las que se conoce a Pilar Jurado(Madrid, 1968). Ahora suma la de productora de su propio sello discográfico donde en su primer álbum (cd y dvd) interpreta una selección de arias virtuosísticas de algunos de sus compositores favoritos.
La grabación aparece al tiempo que se ha conocido el encargo de una ópera [Página en blanco] a Jurado desde el Teatro Real, que la convertirá en la primera creadora española que estrene allí una primicia de esas características”.
Juan Antonio LLorente
—Su momento vocal en este disco dedicado a L’arte della coloratura, desmiente la teoría de que la música contemporánea, con la que a usted se le asocia, rompe las voces.
—Yo nunca he tenido esa sensación. Lo que destroza la voz es la mala técnica cuando no se aplica debidamente en cualquier tipo de música, no sólo la contemporánea. Cambiar de registro, haciendo alardes vocales con obras que hoy se escriben, y que tal vez otro tipo de música no exige, pueda llegarte a crear problemas. Pero yo he llegado a hacer en un mismo programa obras clásicas y contemporáneas, y mi voz no se ha resentido. En esto hay que tener en cuenta una buena técnica vocal, que te permita esa ductilidad en la voz que te posibilite abordar todo con facilidad, y un conocimiento del manejo de los estilos que también te permite estar ahí sin peligrar.
—¿El marchamo que mejor se ajusta a sus decisiones es el de valiente?
—Creo que sí, porque siempre lo he sido en todos los aspectos de mi vida. Además, sólo en la capacidad de superar grandes retos está la posibilidad también de alcanzar grandes metas. No tengo miedos, porque me considero una persona ambiciosa. No en el sentido peyorativo con que a veces se utiliza ese término, sino en el de alguien que quiere evolucionar y conseguir nuevas metas. Cumplir cada una de ellas es para mí el comienzo de la siguiente, porque en el fondo, la vida es superación. Y soy una persona que necesita vivir de esa manera, superándome cada día, siendo fiel a lo que necesito. Si es eso, adelante con ello.
“¡No iba a estar nervioso, con lo que había que torear!”, bromea José Bros cuando recuerda cómo estaba un año atrás en el concierto con el que abrió el ciclo Grandes Voces del Teatro Real. La cita era importante pues “celebraba los diez años de mi debut en él”.
De aquel día no quedan tan sólo recuerdos pues se ha traducido en un disco, Giuramento (Decca), que sale a la venta mañana. Una grabación de la que Bros se muestra muy satisfecho, “porque no eran obras fáciles”. Il juramento, de Mercadante; I puritani e Il pirata, de Bellini; Roberto Devereux y Il duca d´Alba, de Donizetti, son algunas de las partituras sobre las que el tenor vertió su “ilusión de dar a conocer obras poco frecuentes, que no se interpretan habitualmente”.
Cantan: Alfredo Kraus (Felipe), ÁngelesChamorro (Mari Pepa, la Revoltosa), InésRivadeneira (Soledad), Luisa -Luisita- de Córdoba (la señá Gorgonia), Enriquedel Portal (Cándido), Ana Higueras (Chupitos), José Peromingo (el señor Candelas, el guardia), Eduardo Fuentes (Atenodoro), Fernando Martínez (Tiberio), Ana María Amengual (Encarna), Amparo Moya (Vecina).
Orquesta Manuel de Falla. A la batuta: Enrique García Asensio. Coro Cantores de Madrid, dirigido por José Perera. Grabación de 1976. Ed. Carillón.
• La mujer/ debe tener/ too lo que me falta a mí… (Mari Pepa).
• Intermedio
• Esto les pasa a las hembras/ como algunas que sé yo/ ¡Ay!/ Se quedan sin ningún hombre/ después de quererlos toos (Soledad, coro).
• ¡Olé los niños/ con esbeltez!/ ¡Aquí hay más sangre/ que en toos ustés!… (Coro, Candelas, señá Gorgonia, Soledad, Tiberio, Encarna, Cándido y otros).
• Guajiras: Cuando clava mi moreno/ sus ojazos en los míos/ too mi cuerpo se me enciende y me se pierde el sentío… (Soledad y Coro).
• Dúo (Felipe y Mari Pepa): ¿Por qué de mis ojos/ los tuyos retiras/ por qué?/ Por qué me desprecias/ por qué no me miras/ por qué…
¡Ay, Felipe de mi alma/ ¡Si contigo solamente yo soñaba!/ ¡Mari Pepa de mi vida!/ ¡Si tan solo en ti pensaba noche y día!…
• La de los claveles dobles/ la del manojo de rosas/ la de la falda de céfiro/ y el pañuelo de crespón… (Felipe).
• El hombre de mis fatigas/ pa mí siempre en cuerpo y alma/ pa mi sola sin que nadie/ me dispute su pasión… (Mari Pepa).
• Cuarteto: Nadie. Van a dar las diez / y aunque toos deben estar/ de verbena mejor es/ que haya mucha oscuridad… (Candelas, Tiberio, Atenodoro, Cándido).
• Esto no es vida. ¡Si he de quererla!…(Felipe).
• Dúo y final:
No tengas cuidao, Felipe/ que la mujer que es honrada/ lo que es, si quiere guardarse/ en todas partes se guarda…
“Juventino Folgar Ascaso, conocido en el arte lírico como Tino Folgar, vio la luz en el barrio de la Barcelonesa. Era hijo de Juan Folgar, natural de Salamanca, y Luisa Ascaso oriunda de Huesca.
Estudió de niño en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, donde pronto afloró su despierta inteligencia y su afición al arte. Tanto fue así que pronto pasó a ser el solista en el coro en la escuela pese a ser de los de menos edad. También se destacó como precoz comediante tomando participación en cuanta obrita se representaba en la escuela, así como en algún otro cuadro de aficionados de su barrio.
Cuando su familia trasladó su domicilio al barrio de Sarriá, el joven Tino tenía 17 años y se encontró con que allí, como en casi todas las localidades españolas de aquella época, funcionaba un cuadro artístico que representaba obras líricas y comedias. No es de extrañar que, con la experiencia adquirida en el colegio, el joven, se viera atraído por la actividad allí desplegada y empezara a colaborar destacando pronto por sus condiciones innatas tanto para el canto como para la interpretación teatral.
Al notar sus extraordinarias facultades, un familiar tramitó y consiguió una audición en el Conservatorio del Liceo de Barcelona y quien lo escuchó fue el maestro Joaquín Vidal Nunell, que también tenía dos alumnas que después serian grandes figuras: Mercedes Capsir y ConchitaBadía. Tras escucharlo quedó sumamente complacido diciéndole que la voz era valiosa y con un gran parecido con la del gran tenor Giuseppe Anselmi. Por ese entonces su voz era pequeña pero muy suave, aterciopelada, dulce y de gran musicalidad.
Alentado por estas opiniones tan favorables comenzó a estudiar con una maestra particular y tras un breve pero intenso período de estudios, preparó y debutó en el Teatro del Orfeón de Graciense de Barcelona, el 19 de Febrero de 1922, como ‘Rodolfo’ en La bohème. Su éxito fue total y el día 5 de Junio del mismo año volvería a hacer La bohème en el Teatro Tívoli, que era el más importante de la ciudad condal después del Liceo.
Antes de La bohéme, el día 3 de Junio de 1922 cantó el papel del ‘Conde de Almaviva’ en El Barbero de Sevilla con Filomena Suriñach como ‘Rosina’. Aún ese mismo mes hizo una escapada a Mallorca para cantar en un concierto en Palma.
En total cantó cuatro veces La bohème y cuatro funciones de El barbero de Sevilla, con señalado éxito de público y crítica. Tanto así que el mismo Joaquín Vidal le aconsejó ir a Italia para que perfeccionara su canto.
Dudó mucho ante el paso trascendental que iba a dar, ya que para ello tendría que abandonar a sus padres e irse solo a una tierra extraña. Sin embargo, contó con el consejo de su padre, a quien siempre tuvo por un ser maravilloso, que lo alentó para luchar en pos de la perfección de aquello que era el motivo fundamental de su vida. Y así llegó a Milán, en 1922.
Tuvo tan mala suerte que su primer maestro, un tal Bellini, le arruinó la voz de tal manera que no podía entonar ni una sola nota. Desalentado y con una gran amargura en su corazón se encontró con que debía elegir entre volver a su patria como fracasado, con toda la vergüenza que para una persona responsable implicaba, o bien permanecer en Italia y trabajar en cualquier cosa que se presentase.
Black el payaso se estrenó en el Teatro Coliseum de Barcelona el 21 de abril de 1942. De ese año datan los registros en los que Pepita Embil canta la romanza Princesitade sueños de oro más dos dúos —primera y segunda parte— con Antonio Medio (otro día escucharemos alguno).
Cuatro años después de estas grabaciones, 1946, la soprano Pepita Embil y el barítono Plácido Domingo Ferrrer (ya saben, los padres de Plácido Domingo) se embarcan, junto con sus hijos, Mari Pepa (María José) y José Plácido, en una gira de dos años por Puerto Rico, Cuba, México y Venezuela, con la compañía lírica de Moreno Torroba.
La pareja de artistas cosecha tales triunfos, especialmente en el desaparecido Teatro Arbeu y el Esperanza Iris (hoy, Teatro de la Ciudad de México), que establecen su residencia en México y fundan la Compañía Mexicana de Zarzuela Domingo-Embil. Por su voz y por su encanto Pepita Embil fue proclamada en México Reina de la Zarzuela.
“En los diversos registros que la soprano dejó grabados, especialmente en la selección de Black el payaso—junto a Antonio Medio— se advierte una voz de soprano lírica por su peso vocal, de sonoridades oscuras en ciertos momentos y muy seductora, sobre todo por la calidad de su timbre y por la expresividad con la que sabe adornar cada palabra, cada frase musical”. [Sagarmínaga]
“Cuatro damas meridanas integrantes del Club de Amigas de Pepita Embil, admiradoras de la extinta artista —madre de Plácido Domingo— y de la zarzuela y opereta, reciben una noticia que las llena de emoción: serán las madrinas e invitadas de honor del ‘Concierto de las Mil Columnas’ que Plácido Domingo ofrecerá en Chichén Itzá”.